Hasta ayer como quien dice siempre que el mundo se encontraba en una difícil encrucijada decidía el camino a seguir por medio del uso de la fuerza. En el fondo no era otra cosa que el valor terapéutico de la sangría: eliminando unos cuantos millones de glóbulos rojos la sangre circula mejor, pero, claro, solo por una temporada porque al seguir faltando el oxígeno los glóbulos rojos se vuelven a reproducir a toda mecha. El oxígeno, es decir, la razón que hace que todas las piezas del organismo puedan interactuar entre ellas sin causarse descalabros las unas a las otras.
El suministro adecuado de oxígeno, o el uso correcto de la razón, llegó, como todo en este mundo, de la mano de las mentes privilegiadas. En esto caso de los estudiosos que descubrieron la ingente cantidad de energía que se desprende si se desintegra el núcleo de los atómos. Y así fue que al volver de nuevo a la encrucijada, o la sangre espesa, ya no cabía recurrir a la sangría o uso de la fuerza por ser ésta tan desmesurada que inevitablemente se lo llevaría todo por delante. Por tal fue que, mal que les pesase a la partes, en llegando a la encrucijada no les quedó más remedio que sentarse a discutir la mejor salida para todos.
Entenderse no es fácil si alguna de las partes, que siempre hay alguna, piensa que puede sacar ventaja por medio de la fuerza o, simplemente, por triquiñuelas de gentuza. Por eso es tan importante que esté vigilando siempre el ojo de Dios. Para dar un garrotazo al indeseable cuando se pasa de la raya. Pues bien, todo esto es lo que nos estuvieron contando anoche en la cadena ARTE a propósito de la creación de la Comunidad Europea. Unos enemigos de siempre obligados a entenderse por las buenas o las malas so pena de que los EEUU de América se hiciese cargo de todo.
Los diferentes documentales y entrevistas que pasaron debieran ser de obligatoria visión en todas las escuelas y campos de fútbol de la Unión. De donde venimos y lo que hemos tenido que pasar para llegar hasta donde estamos. Y, también, como se han comportado los diferentes actores por el camino recorrido. Hay que tener en cuenta la difícil aceptación del propio encogimiento. Entidades que fueron poderosas por si mismas y venidas tan a menos que no saben si prefieren morir con las botas puestas o ceder para sobrevivir. Negociaciones entre actores con unos problemas de autoestima morrocotudos. Imagínense, entonces, las habilidades que fueron necesarias para convencer a unos y otros que no había otra salida que bajar los humos.
Bajar los humos, ¡qué gran problema! Pero siempre acaba por llegar la que pintan calva. Fue en el 56, con ocasión de la nacionalización del canal de Suez por parte de los egipcios. Era el último vestigio colonial que mantenían Francia e Inglaterra. Un lugar estratégico donde los hubiese y, zas, patada en el culo. Intolerable. En menos de una semana ya estaban las poderosas flotas de los dos países rumbo a Suez a poner las cosas en el sitio de donde habían sido sacadas. Y en menos de veinticuatro horas de haber partido las flotas, llamada de los americanos a los ingleses para decirles que se diesen la media vuelta. No querían tener problemas con los rusos que, en definitiva, eran los que habían instado a los egipcios a dar el paso. Éste es asunto nuestro, respondieron los ingleses. Vale, dijeron los americanos, y al día siguiente pusieron a la venta las libras esterlinas que tenía el Banco de America, un montón, por cierto. En otras veinticuatro horas la libra perdió un 40% de su valor y los británicos se cagaron por la pata abajo y dijeron a los franceses que ellos se volvían a casa. ¡Traición!, gritaron los gabachos, pero a las cuarenta y ocho horas ya estaban también de vuelta con el rabo entre las piernas. Es lo que tiene verse obligado a tomarse la propia medida, que siempre acabas por verte mucho más pequeñito de lo que pensabas que eras.
A partir de ese momento las negociaciones para la integración, que fundamentalmente habían estado entorpecidas por Francia, se vieron agilizadas. E Iglaterra viendo el éxito económico de la operación no tardo en pedir la adhesión. Y, bueno, no quiere eso decir que en adelante todo fuese un camino de rosas, porque tanto franceses como ingleses nunca dejaron de dar la tabarra a la primera de cambio que pensaban que podían sacar algo de más con triquiñuelas. Es lo que tiene la mala educación propia de los venidos a menos, que hay que soportársela so pena de salir todos perdiendo. Y ahora, con la que tenemos encima a causa otra vez de los ingleses, esperar para ver, pero para mí que va a ser otra como la de Suez, mucho ruido y al final no hubo nada.
Pero la nave, en cualquier caso, va. Los cuatro millones actuales de Erasmus pronto pasaran a ser cuarenta gracias a los programas en curso. Y entonces ya no habrá malos humos que lo paren. La conciencia del enorme privilegio de ser europeos crecerá exponencialmente y las pequeñas querellas entre pueblos pasaran a ser anécdotas para tertulias de porteras. En fin, creo que me voy a comprar una bandera de la Comunidad y la voy a poner en el balcón en todas las fiestas señaladas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario