Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.
El mundo y sus carácteres están de sobra descritos y no por otra cosa es que la gente que sabe se aparta cuando oye ruido a esperar que pase sin que pase nada de particular. Es lo que se esta viendo en los EEUU de América, que todo sigue su curso menos los programas de humor que se han multiplicado por cien. Y la cosa no ha hecho más que empezar. Aunque no sé si al final no va a haber una parada en seco porque empiezan a menudear voces que cuestionan la salud mental del incontinente presidente. Y es que al periodismo le va mal cuando ganan terreno los cómicos. Con el humor se libera la angustia y la gente pasa de negras premoniciones y demás mandangas periodísticas.
Así las cosas ya ha empezado el cambio de tercio, dejar de hablar de Trump y empezar la construcción de otro mito. Ahora va de Mark Zukerberg. Es muy probable que le veamos competir por la Casa Blanca en el 2020. De momento está en la fase de ni que sí ni que no. Tanteando que le dicen para que los medios le hagan medio trabajo. Y nosotros todos como tontos buscando entretenimiento en donde es imposible que le haya. Porque mande quien mande es inevitable que los acontecimientos lleven un ritmo cansino. Cualquier decisión, incluso la de invadir Irak que tanto pone a tanta gente, es fruto de decisiones que venían cociéndose en los cajones por decenios. Nadie a la postre tiene poder, se llame como se llame, excepción hecha, eso sí, del río que nos lleva. Su inercia es tan gigantesca que para desviar un ápice su curso se necesita de la complicidad de los dioses. Como cuando lo de Troya.
En fin, lo mejor, mirar de soslayo.
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