jueves, 16 de febrero de 2017

Excusi per il dishonore

En los bajos del Casino del Sardinero hay una pintada fresca que dice: excusi per il dishonore. Es que, ¿saben?, hace unos días quitaron de los jardincillos de enfrente un monolito irrelevante dedicado a la columna de militares italianos que liberaron Santander de las tropelías de las hordas rojas. Al menos eso es lo que se decía cuando yo era niño, que, por aquel entonces, y mucho después también, nadie que yo conociese se hubiera atrevido a cuestionar la veracidad de semejante historia. Porque los rojos mientras mandaron las hicieron pardas, qué duda cabe, y los italianos cuando entraron en la ciudad repartieron panes entre los mayores y caramelos entre los niños. ¿O no? Oye, que el que gana siempre es el bueno por definición. Porque, si no, buenas ganas de molestarse en ganar con todo lo que eso cuesta.

El caso es que la cosa va ya de ochenta años o así, o sea, que ni siquiera yo había nacido todavía. Aunque hace casi setenta que correteaba por esos mismos jardincillos y no recuerdo que hubiese por allí ningún mal rollo. Bueno, el Casino estaba cerrado, pero a mí me dejaban entrar para que jugase al escondite por sus inmensos corredores. Luego, pasó lo que pasó y el Casino volvió por sus fueros. Y ya no dejaron entrar a los niños a corretear por sus estancias. Claro que yo por entonces ya no era niño y por otra parte tampoco entraba porque los juegos de azar siempre me han parecido cosa de gente muy integrada. Como los chinos y así.

Lo que cuenta del asunto es que la retirada del monolito ha sido llevada a cabo bajo los auspicios de una ley que dicen de memoria histórica, o sea, un pleonasmo, memoria de la memoria. Pero, veamos, ¿que finalidad puede tener retirar todos los vestigios que recuerdan las insignes victorias del Caudillo que la de promover su olvido? De donde podemos deducir que la chusma, en lo que al lenguaje hace, no da una. Porque si hubiesen dicho: ley de olvido histórico, pues entonces sí. Aunque por otro lado también podemos considerar que si la merda seca fa pudor si la remenas, o sea, que si lo que estaba prácticamente olvidado lo traes a colación, pues eso, que lo rescatas del olvido y como que refrescas la condición de víctima del fascismo atroz. Incluso, con un poco de suerte y habilidad, hasta puede que te indemnicen por lo que hicieron a tu bisabuelo.

En definitiva, por todos estos alardes de la nada me parece apropiado traer a colación dos frases del maestro de Belmonte de Calatayud que creo sirven para dejar niquelado el trasunto del asunto:

1ª: dejadles, respondió a sus insultos, que tengan razón ya que no pueden tener otra cosa.

2ª: en ciertas ocasiones es necesario que los sabios se equivoquen para que los necios no revienten.

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