miércoles, 8 de febrero de 2017

Pelo de coño

Si uno se pone a considerar ahora, cuando ya prácticamente nada importa salvo tener dolores por el cuerpo, no duelen prendas en aceptar que si uno ha perdido el tiempo inútilmente y ha hecho el idiota a base de bien ha sido fundamentalmente por perseguir la quimera de la mujer diez. Ya me contarán ustedes si no hay que ser un completo desgraciado para andar en esas cosas. Historias del narcisismo para no dormir. En fin. 

Quizá haya sido por esa discapacidad afectiva, aunque quizá fuese más justo decir intelectual, el que siempre me hayan llamado mucho la atención las personas que dan la impresión de no tener el menor problema a ese respecto. Hombres que se relacionan con las mujeres bajo una perspectiva meramente práctica. A tal efecto, siempre recordaré aquel primer topetazo con tan candente realidad. Era en el Valladolid de los últimos cincuenta del siglo pasado y se trataba de un catedrático que gozaba de un gran prestigio intelectual. Aunque su materia académica era la anatomía la fama le venía sobre todo de mantener en su domicilio una especie de taller de filosofía al que sólo tenían acceso los alumnos más aventajados. Pues bien, la leyenda urbana achacaba en parte tal excelencia al hecho de que el susodicho para no perder tiempo ni comerse el tarro con cosas de menor sustancia se había casado nada más licenciarse con una tía suya que le doblaba la edad. No sé que habría de verdad en todo ello, pero no se paraba de comentar y no, precisamente, con especial admiración porque, de alguna manera, se consideraba una suerte de automutilación insoportable. Ya te digo, a esas edades en las que el pelo de coño suele tirar más que soga de marinero.

Bien, luego, andando los años, nunca faltaron noticias de casos similares Hasta que di con las memorias de Samuel Johnson. Lo de este señor es descarado al respecto. Una mujer culta, rica y que le doblaba la edad o casi. Ningún problema en lo sucesivo para poder dedicarse a lo que le apasionaba. La más difícil de las ecuaciones de la vida perfectamente resuelta. Así, cualquiera entrega al mundo después una obra como la suya. 

Pensaba en estas cosas hoy porque me he enterado que un político francés, un tal Macrón, al que las circunstancias parecen estar favoreciéndole para llegar a Presidente, por lo visto también se casó con una mujer que le doblaba la edad y que, además, era su profesora. Y no es por nada, pero hace un par de años que vengo siguiendo a este tipo y cada vez que le escuchaba más me convencía de la enorme distancia que para bien le separa de todos sus rivales. Sin duda es un tipo preparado y listo. 

No sé, en cualquier caso, cada uno según sus capacidades... que las posibilidades son casi infinitas. Aunque la más elegida sea ahorcarse con un pelo de coño.

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