viernes, 10 de febrero de 2017

Rizando el rizo.

 Cualquiera que se haya parado a pensar sabe que la política consiste fundamentalmente en redistribuir la riqueza que previamente se ha creado. Por decirlo con una frase hecha, vender la piel del oso después de haberlo cazado. Pues bien, sigue habiendo gente que insiste en que se puede vender antes de haberlo cazado, y no sólo eso, que dicen que lo de la caza esta feo y que lo suyo es ir a las casas de los que tienen pieles, quitárselas y venderlas. Así corre el mundo y nunca se podrá extirpar de la faz de la tierra la estulticia que tanto da de qué hablar. 

Pero es que los estultos nunca ven el fin de su ambición de llevar el rizado del rizo al nivel de lo sublime. Siempre idean un paso más allá. Ahora están en lo de superar a Edipo y toda la mandanga mitológica que nos había venido configurando la cultura con mayúsculas. Ahora dicen que lo de matar al padre ya es pecata minuta que no pone nada, que lo que da subidón es matar al abuelo que ese si que es, o fue, un hijo de la gran chingada.

Y nadie simboliza  mejor al abuelo para ellos que el Generalísimo Franco. Y digo Generalísimo porque si le apeas ese tratamiento el asunto pierde encanto. Como si al demonio le quitas los cuernos y el rabo. Y no le busquemos explicaciones, simplemente es el mal a abatir.  El dragón de San Jordi o la Hidra de Lerna. La cosa es grave, desde luego, y no deja de ser en cierto modo una esperanzadora búsqueda de valores en los que sustentarse. Porque hay que tener en cuenta que aquel valor que fue clave de bóveda de la exitosa cultura occidental se nos fue ya al carajo. Ahora los padres ya no sólo no les disputan la madre a sus hijos sino que de entrada les dicen ahí la tienes toda para ti e incluso te pago para que me la saques de encima. Matar a un padre así de progre sería de lo más insulso y sin apenas consecuencias a efectos de apuntalar la autoestima. Así que mejor lo dejamos y buscamos sustituto. 

Franco sí que era castrador. A su Doña Carmen la Collares no se la tocaba nadie. Y para colmo obligaba a comulgar por Pascua Florida. Insoportable. No se puede dejar que se le lleve el río del olvido. Por eso lo mejor será remover sus huesos para airear su fétido espíritu. Y ya de paso el de todos nuestros abuelos que son los que, en definitiva tienen la piel del oso bajo llave para que no la podamos vender.

 !Ay, qué tiempos aquellos cuando el abuelo fue picador, allí, en la mina!

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