Ahora resulta que vas a ir por cualquier calle de Madrid, le vas a pegar una patada al perro que te está ladrando y, como siempre hay algún talibán al acecho, te van a caer 45000 euros de multa. Pero es que, además, las autoridades, por llamarlas de algún modo, han decidido que en adelante habrá "sacrificio cero" en la comunidad. ¿Qué quiere decir eso?, pues muy sencillo, que las arcas públicas se tendrán que hacer cargo, así de entrada y como el que no quiere la cosa, de los veinte mil perros que los madrileños abandonan cada año. El consejero de la cosa, un tal González Taboada, ha sido contundente y claro al respecto: "que cualquier animal abandonado no pueda ser sacrificado sin ningún tipo de criterio. Sólo podrá hacerse en casos de animales que por una razón de salud pública o por una razón del animal, no puedan seguir viviendo". Bueno, lo de la razón del animal me parece que chirría un poco, pero en conjunto me he quedado con la copla.
20000 abandonos al año sólo en Madrid. Lo cual me da a entender que lo de "animal de compañía" es algo así como un un oximorón o, mejor si quieren, un imposible metafísico. O, de lo contrario, debemos suponer que la comunidad de Madrid es un nido de desalmados. Porque no es tan fácil abandonar a lo que te hace compañía. Así que presumo que no la harán tanto y más si encima tienes que recogerle las caquitas tres veces al día. Por lo tanto, señores, una delicia saltar por el portillo del caer en la cuenta, que el que quiere puede y debe dar boleta a un amigo que solo quiere salir por ahí a husmear ojetes y caquitas. Y marcar territorio, una cosa odiosa a más no poder si bien se considera. Y asquerosa por demás, que solo hay que fijarse en cómo están todos los zócalos de las ciudades.
Anyway, no descarto que haya gente que se sienta tan irremisiblemente desgraciada que hasta con esa compañía se conforma. Con una lealtad o fidelidad impostada de lameculos. ¡Por fin alguien me hace caso como a mí me gusta! Y, además, por si eso fuera poco, estoy cumpliendo con el rito de moda. Una moda que, por cierto lo es, como todas las modas, porque mueve millones a paletadas. Que no otra es la condición para que una moda sea incuestionable.
En fin, me pregunto cuál será el significado profundo de todo esto en un mundo tan aficionado a mirar para otro lado cuando son personas las que sufren. Un mundo dedicado en cuerpo y alma a propagar la especie de que los animales son mucho más de fiar que las personas. Un mundo que cada vez más calibra la calidad de las personas en función de su simpatía por los animales. Y yo, desgraciado de mí, que sólo les veo interesantes cuando están en el plato debidamente condimentados. Ya digo, la razón del animal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario