Una de las cosas que más me entretienen estos días es mirar la CNN. No cabe duda de que está en guerra a muerte con el Presidente Trump. Pero no se crean que en plan burdo, no, es todo sibilino. Si, por ejemplo, hay un debate a cuatro, el que hace de ferviente trumpista estará tocado de peluquín con lo que, diga lo que diga, los espectadores sólo se quedarán con lo ridículo de su aspecto físico. Y es que, como decía Larra, todo desgraciado se encasqueta una ideología para intentar despistar al personal lo mismo que el calvo se encasqueta un peluquín. Y solo se engaña a sí mismo porque los demás le pillan de lejos. Bueno, en fin, truquillos, que en la guerra todo sirve. Por eso es que, cada media hora o así, cogen la ocasión al vuelo para que salga en pantalla el senador MacCain advirtiendo que todas las dictaduras empezaron así, con guerra abierta entre el poder y la prensa.
Lo que no cabe duda es que es algo inédito de muchos años a esta parte. Y sólo se me ocurren dos posibles causas para que esto esté ocurriendo: una que un grupo de chalados se ha encaramado de carambola en la cima del poder mundial y sólo hay que esperar a que ellos mismos se autodestruyan; dos, que se esté produciendo en el mundo un cambio sustancial del que no somos conscientes. Porque el caso es que nunca se habían visto en los periódicos tantos artículos y entrevistas en los que se cuestiona de forma más o menos directa aquel famoso aserto que mantenía que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos. Y razones no les faltan a los detractores, que el mismo Trump es una, al igual que todos esos frikis que amenazan con hacerse con el poder por diversos países europeos. ¿Como pararlos si se sigue con el mismo procedimiento de elecciones y libertad de expresión? La cuestión es peliaguda porque se sabe de sobra que la chusma es nihilista por definición. Lo destrozamos todo, como dijeron el otro día los estibadores. Así que sólo hay que ofrecerla el "no es no" de nuestro friky Sánchez para tenerla encandilada. ¿Y qué haces entonces?
No sé en qué acabará todo esto, pero apostaría que a Trump le van a echar o se va a morir, que se le ve más cascado cada día que pasa. En cualquier caso, yo aconsejaría mirar hacia China. Allí callan y hacen. Los famosos puestos de trabajo manufactureros que Trump dice que va a repatriar serían todos para los robots y, los robots, ¡ay, hermano!, resulta que los fabrican mayormente los chinos. Los chinos, que no tienen cristales de colores para mirar la realidad. Y por eso no andan distraídos con que si con mi cristal se ve más bonito que con el tuyo y niñerías por el estilo.
En fin, lo que tenga que ser será, pero a mí no me importaría nada que hubiese una instancia superior con potestad para fulminar a todo político que se le ocurriese traer a colación por lo que fuera las palabras derecha e izquierda. Porque de todas las falacias no creo que haya otra que se le pueda comparar a la hora de causar estragos. Y ya está bien de aguantar. Y, si no, que vuelva Franco aunque sea de cabo.
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