De pronto las temperaturas nocturnas han subido siete u ocho grados, las horas de luz han aumentado, resmea durante todo el día, y, si a todo esto le añaden ustedes la impudicia adolescente que señorea las calles desde que cae la noche hasta que amanece y más, no nos quedará más remedio que aceptar que ya tenemos aquí la primavera. El mundo eterno que no cambia un ápice así se invente la máquina que se invente. Lo esencial, es decir, lo ligado a las hormonas, que nadie se lo toque a la humanidad so pena de hacer el más estruendoso ridículo.
Iba ayer por la Calle Mayor y, cosa de hormonas también, me fijaba que en muchos escaparates había fotos de mujeres de las que quitan el hipo. Sobre todo en las perfumerías que van siendo el tipo de negocio que mejor resiste. Unas señoras bellísimas tapando lo necesario para sugerir el todo. Una pura incitación. Pero no te hagas ilusiones, majo, que esto que tengo aquí abajo sólo se lo doy a quien me da la gana. Es el juego más intenso de la vida que algunos no resisten y luego pasa lo que pasa: que se hacen leyes que no sirven para nada.
No cabe duda de que estamos aquí ante uno de los mayores retos de la civilización. El control de las hormonas. Ya sea escondiendo la prenda dorada al estilo moro, ya sea cultivando la contradicción al modo feminista, siempre estaremos al borde de la histeria. Por no decir en la histeria misma que hay que ver el coñazo insoportable que dan los unos y las otras por no querer aceptar que al campo no se le pueden poner más puertas que las puramente virtuales: la madurez de los espíritus para que mejor nos comprendamos.
En cualquier caso, no hay otra sal de la vida que le pueda llegar a los tobillos. Los inevitables juegos de seducción, posesión, repulsión, y demás, infinitamente menos peligrosos para la humanidad si se limitan a los ámbitos de la reproducción que si se subliman hacia sacerdocios diversos, que ya hemos visto demasiadas veces a lo que conduce eso que luego no hay lágrimas suficientes en el mundo con las que poder ahogarlo.
En fin, señoras y señores, ya saben, se avecina el tiempo de los culitos prietos. Así que prepárense para jugar.
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