Yo de mayor quiero ser socialista. Lo digo por que nunca se me ocurre nada y a ellos todos les días les cae una especie de epifanía. Hoy, por ejemplo, se les ha ocurrido que sería bueno que todos los españoles tuviésemos en DNI y Pasaporte en español y catalán. No me digan que no es genial: un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad, que dijo Nosequién. Mientras tanto, otro Nosequién, esta vez catalán, ha dicho que si guanyen el referéndum l´indepencencia l´endema. Y nadie ha sido capaz de preguntarle que qué faran l´endema si no n´i ha referéndum.
De todas formas no todo es filfa. A veces la información viene con sustancia, es decir, con estadísticas. Porcentajes bastante abrumadores de europeos y americanos que no quieren que vengan más musulmanes a sus países. Trump, desde luego, sabe lo que se hace. Pero lo más interesante es la diferencia entre los porcentajes reales de población musulmana en esos países y los porcentajes que a ojo de buen cubero marca la población. Donde no llegan a un tres por ciento la gente jura que hay un treinta.
Recuerdo que en mis años mozos teníamos en el trabajo una controversia generacional que hacía que nos llevaran los demonios. Afirmábamos los de la mía que las cosas eran como marcaban las estadísticas, la evidencia decíamos, y los de la generación anterior siempre apelaban a su experiencia. Cuando les inquiríamos por el fundamento de su experiencia contestaban tautológicamente: pues mi experiencia, decían. En realidad querían decir mi impresión. O mi percepción. Así, no paraban de cometer barbaridades y nosotros al quite para evitar lo peor. Supongo que todos los saltos generacionales han sido y serán iguales. Un poco más de conocimiento y un poco menos de superstición.
Pues bien, escuchaba ayer a un payo que explicaba como funciona una cosa de esas que llaman App dedicada a desenmascarar las fake news. Noticias falsas. Demoledor, me dije, ¿cómo se las van a apañar en adelante los vendedores de quimeras? Y lo más difícil todavía, ¿cómo va a vivir la gente sin quimeras? Al fin y al cabo el mayor consuelo del ser humano en general ha sido siempre poder acompasar su opinión a su su situación vital. Ahora, que hasta se había inventado una palabra para dar a la mentira aires de dignidad. La postverdad, como que todo es del color del cristal con que se mira. Pues va a ser que no. Big data, deep learning, mediante, ya tenemos ahí el censor implacable. Las máquinas emitiendo sentencias inapelables. Supera a todo lo que hubiéramos podido imaginar. Un mundo sometido a la verdad, no sé si va a ser soportable.
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