lunes, 30 de noviembre de 2020

Diatriba

Ayer hizo un día glamuroso para los habituales de la esquina barilochera. Al mediodía, bajo el sol tibio otoñal y si vientos asesinos, aquello parecía una casa de contratación. Todo eran corrillos en animada conversación, vaso de plástico en mano. Sí, no cabe duda de que las fábricas de plásticos han sido las grandes beneficiarias de la actual movida. Bueno, y también las de desinfectantes. A primera hora de la tarde, en la esquina ya desierta solo se veía al hijo del dueño del Bariloche con una mochila llena de lo que se supone es desinfectante venga a rociar paredes, columnas, suelos... bueno, pienso que al menos servirá para que los perros no meen tanto en el lugar, que es que está hecho una pena. Porque no han sido los fabricantes de plásticos y desinfectantes los únicos beneficiarios, también los criadores de perros se han debido de poner las botas. Hace un año parecía imposible que pudiera haber más, pero nos equivocábamos. Los que no tenían ahora tienen y los que tenían ahora tienen dos al menos. Así que voy por el parque de la Ribera y lo que menos se me ocurre es levantar la vista del suelo no vaya a ser que resbale. Porque esa es otra de las consecuencias inmediatas de la movida: si la policía está ocupada con lo de las máscarillas no puede estarlo con lo de las cagadas. De hecho, unos carteles que había en el parque instando amablemente a los dueños de los canes a recoger las cacas, han sido debidamente emborronados para que no se pueda leer nada. Bueno, ya saben que siempre se dijo que pisar una cagada de perro trae buena suerte. Y seguro que es verdad. 

Pero a lo que íbamos, a lo de los grandes beneficiarios. Según dicen, y lo que se aprecia por las carreteras lo confirma, lo de la venta de bicicletas ha sido la bomba. Ya venía siendo tendencia en los últimos tiempos, pero es que ahora sin bicicleta no eres nadie. Dado lo cual estoy pensando volver a agenciarme una porque quiero ser alguien, aunque un alguien sin perro, o sea, medioalguien. ¡Ay, que difícil por trabajoso se nos está poniendo lo de ser considerado uno más entre los demás! Y es que si, ni chupas esquina barilochera, ni paseas perro, ni vas en bicicleta, ¿quién te va a dirigir la palabra? Porque aquí hemos venido a ser como los demás y pretender lo contrario es cagarse en los evangelios, lo cual, lógicamente, ha de conllevar las penas del infierno. 

En resumidas cuentas, que la vida sigue igual, unos ganando y otros perdiendo. Y los jóvenes corriendo desesperadamente hacia ninguna parte y los viejos aferrándose a la barandilla para no caer por el precipicio. Así que, en habiendo llegado a tan irrefutables conclusiones, ayer fui al armario donde tengo ocultos mis libros, cogí, agarre más de la mitad, los metí en el carrito de la compra y los lleve hasta la biblioteca pública más próxima y los dejé apilados en la puerta. No sé que hacer con los que me quedan. Ya no llegan ni a cincuenta y, sin embargo, los sigo sintiendo como si fuesen una losa. Por Dios bendito, si me hubiese ahorrado todo lo que gasté en libros ahora podría tener hasta un jet privado. Y todo en un intento desesperado de que los amigos me tomasen por persona culta. ¿Se imaginan mayor ingenuidad?

En fin, perdonen la diatriba, pero es que hay días en los que uno amanece...

domingo, 29 de noviembre de 2020

¡Vive Dios!

Todo parece indicar que otra vez van a ser los franceses los que enciendan la mecha revolucionaria. O por lo menos, los que den la sensación de haberla encendido. Al parecer el gobierno de los encantadores Macron y su señora, ha promulgado una ley con la que se pretende poner a la policía a salvo del escrutinio público. O sea, más puertas al campo, porque en las redes sociales hay multitud de vídeos mostrando como los polis tabassan, es decir, muelen a palos, a cualquier manifestante al que han conseguido arrinconar. Y es que, salvo las criptomonedas, nada se puede ocultar hoy. Pero los gobernantes son los que son, o sea, los más tontos de la clase. O los menos estudiosos si mejor quieren ustedes. No se han enterado todavía de que la tecnología, en la misma medida que sirve para controlar a los ciudadanos, limita también el poder de los gobiernos. Al respecto es muy ilustrativa una ley que pretende implementar el tandem Sánchez-Iglesias por medio de la cual se insta a los ciudadanos a que declaren al fisco su patrimonio en criptomonedas. Más tontos y no nacen, como se suele decir. 

Pero bueno, a lo que íbamos, que a los franceses nada les pone tanto como tomar Bastillas. Por un lado, dejan que el poder sea casi absoluto: tengan en cuenta que no hay país en el mundo en el que el Estado controle mayor porcentaje del PIB. Pero, por otro lado, cuando ese poder se muestra impotente para mantener la joie de vivre de la ciudadanía es inevitable que las cabezas empiecen a rodar patíbulo abajo. Supongo que es lo natural cuando el pueblo está acostumbrado a abusar de la mantequilla, ya sea para los platos a la bourguignon, ya sea para bailar un tango en París. Tanta lubricación hace que los engranajes del sistema acción, reacción, funcionen como la seda. 

Curioso pueblo, desde luego, el que se siente orgulloso de haber sido protagonista del episodio más sangriento e irracional de la historia contemporánea, el que se conoce como "los años del terror" en los que el principal entretenimiento del pueblo llano era acudir a las plazas públicas a ver guillotinar a personajes relevantes. Hasta al mismísimo Lavoisier le dieron boleta, que mira que hay que estar obcecado para llegar a tanto. Es como si a los franceses todo eso de la moral al uso, en lo que hace a la vida personal, se la sudase. El bien y el mal, c´est quoi ça? Al respecto, les recomiendo que echen un vistazo a una serie policiaca que ponen en Paramount Channel llamada Candice Renoir. Y luego, ya, para redondear, les invito a que echen otro a las series policíacas americanas del canal Energy. Es lo que va del desenfado a la angustia en lo que a los protagonistas hace. Claro que hay que tener en cuenta que Candice ejerce su profesión en los alentours de Cap d´Adge, donde Le Corbusier construyo su famoso cabanon y, también, donde Houellebecq situa las aventuras del psicópata Bruno, el verdadero protagonista de su novela Las Partículas Elementales. 

Candice es, por supuesto, absolutamente competente en su trabajo, pero en lo que hace a su vida personal es la típica historia de amor y masacre. N´epargne rien pour avoir de la joie de vivre, lo cual exige un peaje que paga desenfadadamente. Bien es verdad que ese peaje se lo cobra una sociedad que parece tener como divisa en su frontispicio aquello de que tire la primera piedra el que esté libre de pecado. 

Bueno, sean como sean los franchutes, lo que parece evidente a la luz que arroja youtube es que están en el trance de volver a tomar la Bastilla. Ya, hasta al Banco de Francia han prendido fuego. Oye, aquí, parecen decir, o jugamos todos o rompemos la baraja. Y esa es la cuestión, que hoy día hay en Francia, y en todo el mundo, unas oligarquías que quieren jugar ellas solas. Y eso no se lo vamos a consentir, ¡vive Dios!

sábado, 28 de noviembre de 2020

Ça veut dire quoi ce bordel?

Hay un canal en YouTube llamado Revolution Mondiale - Convergence de Luttes que da información de los movimientos de protesta que se extienden por todo el mundo sin suscitar el menor interés a los medios de comunicación, digamos que oficiales, que lo son prácticamente todos. Hoy han colgado un video en el que se ve a un joven restaurateur bretón mostrando toda su indignación y angustia porque le cerraron su establecimiento a finales de octubre y ya no aguanta más. ¿Ça veut dire quoi ce bordel, on peut m´expliquer? Esto va a petar, concluye, es nuestra obligación. O sea, aux armes citoyens, y que rueden las cabezas. 

La verdad es que no tengo ni idea de cómo andará la situación sanitaria, aunque me puedo imaginar que mal, porque hasta el médico más tonto sabe que si a una enfermedad leve la adobas con terror la conviertes en grave. Voy por la calle y veo a gente, generalmente joven, sacando del bolsillo un spray y aplicándoselo en las manos. Incluso vi que en una tienda de complementos muy chula que han puesto en La Biricia venden unos estuches de cuero para llevar esos sprais de la misma manera que Adamo llevaba su corazón, es decir, en bandolera. Y no vean como es la cosa si entras, como hice yo ayer, en una óptica. Todas las empleadas, chicas monísimas por cierto, venga a rociar histéricamente todo con sprais. Así que es inevitable preguntarse: ¿es toda esta insensatez un plan meticulosamente orquestado por una mente maligna o, simplemente, un artificio de la madre naturaleza para sacudirse el sobrante que la está empezando a asfixiar? Y todo, como me dijo ayer una vecina joven que no quiso compartir ascensor, es para no contagiar a los viejos como usted. ¡Que buenos son los jóvenes de hoy día! Es la lógica consecuencia de décadas educando en los valores socialdemócratas. Por cierto que si anteayer fue el día mundial contra la violencia de género, ayer lo fue el de los abuelos. No me sentí concernido en absoluto.   

Pues sí, lo que cada vez parece más evidente es que los gobernantes, sobre todo los de los países que se dicen democráticos, andan con el culo prieto. La gente les tiene calados. Hay un video francés en el que se recogen las contundentes afirmaciones que han venido haciendo los diferentes ministros a lo largo de este año plandémico. Es un puro contradecirse y, siempre, como digo, con la misma contundencia. Como decíamos en el colegio: ¿eres tonto o comes mierda? Un completo disbarat. Porque, como aconseja el Oráculo, no debe empeñarse uno nunca con quien no tiene qué perder. Y en ello se está, políticos empeñados en controlar a los miles de millones que nada tienen que perder. Ni siquiera la vergüenza. Esta sí que es una misión imposible a la que ningún cineasta osa hincar el diente. ¡Imagínense, la India, doscientos millones en colère. A ver cómo se las apañan ahora con toda su sabiduría ancestral. 

Y mientras tanto, la gente sigue agrupándose alrededor de la esquina del Bariloche barrida por los vientos gélidos. Oyé, mejor eso que la sordidez del tabuco familiar. Porque ¿han visto ustedes como son esos pisos decorados a capricho que le dicen? Hasta el chusma más chusma se siente oprimido en ellos a los cuatro días de habitarlos. Así que a seguir el consejo del clásico; aquello de que no hay mejor sastre que un buen trago. A las tres cañas, los vientos gélidos se convierten en brisa caribeña y la esquina barilochera en el Malecón habanero. Y ya solo falta esperar a que aparezcan las jineteras. ¡Ay, las ensoñaciones que proporciona el alcohol! ¿Qué sería el mundo sin ellas? Un infierno, sin duda. 

viernes, 27 de noviembre de 2020

La caza del tecolote

 Desde luego que con las medidas gubernamentales nadie se va a morir de COVID, o como se diga el engendro de moda, pero de otras patologías va a ser la mundial. Por ejemplo de neumonías. Y no digo, ya, de tristeza. Están ahí abajo, en la esquina del Bariloche que sopla un viento asesino, como almas en pena esperando a que les alcen el entredicho que les tienen puesto a cruzar la puerta de entrada. Esa pobre gente que tenía la vida más o menos resuelta dejándola pasar dulcemente entre las partidas de cartas, los partidos de futbol, las chácharas sobre política y todo ello adobado con un incesante goteo de consumiciones que vienen a ser gloria bendita para la economía local. Desde luego que no hay redistribución de la riqueza más aquilatada que la llevada a cabo por el ramo de la hostelería. Y ahora vienen los ingenieros sociales y la desbaratan: quizá porque intuyen que lo que funciona de manera espontánea es su enemigo natural. 

Yo la verdad es que no entiendo como la gente del común no ha retomado la moda de formar partidas para salir a la calle a la caza del tecolote. Lo contaba mi padrino que vivió la Revolución Mexicana. Salían en coche por la noche en grupos de cuatro o cinco convenientemente armados y allí donde veían un tecolote, que así llaman allí a los polis, disparaban y salían zumbando. Es lo que tienen las revoluciones, que donde las dan las toman. Y es que en las situaciones extremas, cual era la revolución mexicana y es la actual plandemia, el poder político deviene en mafia y los tecolotes son sus sicarios. Es legítimo, entonces, que el pueblo llano se defienda. 

Personalmente no hay en estos momentos movida social con la que más simpatice que la que están llevando a cabo ciertos vecinos de Galapagar para hacer la vida lo más desagradable posible al tecolote Iglesias. Porque Iglesias es un tecolote repugnante donde les haya. El típico psicópata que sintiéndose incapaz de controlar su propia vida quiere curarse controlando la de los demás. O sea, cerrando el Bariloche. Y por eso lo único lógico es que los vecinos organicen partidas para salir a cazarlo. 

No se equivoquen al respecto, todos esos que llaman políticos, y en la realidad son ingenieros sociales, entran dentro de la categoría del tecolote y lo suyo es deshacerse de ellos por el procedimiento que sea. Como hizo mi padrino que, gracias a su trabajo cinegético, al final se convirtió en un empresario exitoso. En fin, nada como los ejemplos que nos dieron aquellos de nuestros mayores que al final triunfaron. O sea que... ¡a la caza!  

jueves, 26 de noviembre de 2020

Je suis en train

Pocas cosas hay en la vida que me hagan disfrutar más que deshacerme de cosas que andaba arrastrando por una sentimentalidad equivocada. Bueno, esto de sentimentalidad equivocada supongo que suena a pleonasmo, porque ¿conocen ustedes alguna sentimentalidad que sea acertada? Digamos que suena a imposible metafísico. Pero, en fin, lo que sea, que no voy a entrar ahora en filosofías baratas. Porque lo que cuenta es que los dioses me proveyeron con el don del desapego hacia todo lo que considero que no tiene alma, o tiene muy poca, cual es el caso de los animales, incluidos los racionales afectados de hemiplejia moral por su adscripción a cualquier ideología que, desengáñense de una vez, no las hay buenas ni malas: son todas una pura mierda. 

Perdón por la digresión, pero es que es tanta la turbación de placer que hay en mí cuando me pongo a tirar por la ventana pertenencias que otrora fueron valiosas, que se me va la olla y no puedo centrarme en todo el gozo que poseo. Es, más o menos, lo mismo que le pasó a Calixto la primera vez que tuvo acceso a las bragas de Melibea, que no de otro suceso he extraído tan alambicada explicación. Pero, en fin, volviendo a lo sustancial del asunto en cuestión: el desprendimiento de lo inútil, es decir, de algo que, siguiendo la lógica del minimalismo bauhausiano, es feo. Todos esos adornos por las fachadas de las casas que tanto gustan a los turistas, ¿para qué sirven?, se lo diré, para que cuando entran en el natural proceso de deterioro caigan sobre la cabeza de cualquier viandante. Sí, lo inútil no solo es feo, sino también peligroso. Sí, señores, es muy peligroso aferrarse a lo que para nada sirve, porque tiene tendencia a crecer y crecer y, a la postre, convertirse en un ancla que, de puro pesada, no hay forma de levantar para emprender la navegación. Por así decirlo, el attachment a lo inútil te inutiliza la vida. ¡Esas fastuosas posesiones! ¡Esas bibliotecas rimbombantes! Ese etc. casi infinito con el que en un supremo acto de inocencia queremos apuntalar nuestro prestigio.

Así es que, por decirlo a la francesa, je suis en train de demenager. Y, como no podría ser de otra manera, pretendo hacerlo lo más ligero de equipaje posible. En realidad, diría que mi afición al demenagement no tiene otra finalidad que el obligarme a aligerar mi equipaje. Porque, ¡madre mía, cómo engorda a nada que te quedes dos días en el mismo sitio! Y si no andas listo te acaba pasando como lo de aquella película en la que la única solución que encontraron a la obesidad de la madre muerta fue quemar la casa porque haber pagado a una funeraria para que la sacase de allí se salía de toda consideración. 

En definitiva, que tire todo lo que tire todavía sigo muy gordo. Y al final, cuando muera, intuyo que mis hijas le pegarán fuego a todo menos a la pasta. Más o menos como hicimos mis hermanas y yo con todas aquellas lindezas que habían acumulado nuestros padres. ¡Tanto objeto de buen gusto! Luego resulto que lo único que creíamos salvable era una imitación. Pero, bueno, ellos vivieron toda su vida creyendo que tenían un tesoro, y eso es lo que cuenta, porque les dio cierta seguridad. En fin, vamos a ver como se desarrollan los acontecimientos de adelgazamiento en curso.  

miércoles, 25 de noviembre de 2020

De hoz y coz

Vine por la autopista y no sabría decir si había más o menos tráfico que un lunes de noviembre de cualquier año sin plandemia. En cualquier caso, pocas habrá en Europa que tengan menos. Los paneles, invariablemente, advertían del estado de alarma y los controles de carretera. Ya digo, para acojonar al personal, pero todo se queda en nada. No vi en todo el trayecto un solo coche de policía. Sin duda el gobierno en curso ha decidido no hacerse más enemigos inútilmente: las encuestas mandan. 

Me llegué hasta el Mercadona que tengo a dos manzanas, pero estaba cerrado por reformas. Así que reposté en el Ceraduey que hay casi enfrente. Increíble, pero cierto, todo lo que me traje de frutas y verduras por menos de diez euros. Así que, por mucho que digan los agoreros de la segunda parte contratante, todavía andamos lejos de parecernos a Cuba o Venezuela. Afortunadamente. 

Los bares están cerrados. Solo funcionan los restaurantes en su modalidad take away. Pero la gente se las ingenia. En la esquina del Bariloche siempre hay corrillos haciendo  cháchara y tomando refrigerios. Los piden por la puerta semiabierta y luego los apoyan en las mesas apiladas. Tampoco aquí se ve a la policía actuar. 

Por lo demás, sigo metido de hoz y coz en las clases de jazz de Jens Larsen y los acertijos matemáticos de Salvatore Vargas. Bueno, y de vez en cuando echo una ojeada a un aforismo del Oráculo manual: siempre, aunque lo haya leído ya cien veces, me da para un rato de cavilaciones. ¡Leches, qué cabeza la de el de Belmonte de Calatayud! Aunque, por lo visto, nació allí por casualidad, porque su padre era médico y se aposentaba en donde mejor cuadraba a sus intereses. En cualquier caso, de muy jovencillo ya andaba por los internados de aquel entonces, o sea, los seminarios. Hijo de médico de pueblo e internados a edad temprana: me suena esa historia. 

En otro orden de cosas, debido a la benignidad del clima, Perséfone ha osado sacar ya la cabeza del Hades. El campo oscila entre el verdor del cereal incipiente y los diversos ocres, o lo que sean, de las tierras recién labradas. Pensaba al observarlo, mientras conducía, en los adjetivos que podrían venir como de molde a tanta belleza. Y me acordaba de Pla que seguramente hubiera dicho enlluernador, o aclaparador. Y un francés, éblouissante. Y un inglés, mind blowing, es decir, overwhelmingly impressive. Y aquí se acaba toda mi poliglosia al respecto del deslumbramiento que siempre me ha producido el campo castellano en permanente mutación. 

Eso debe ser lo me atrae de estas tierras, la permanente mutación. El dios Proteo, para que nos entendamos. Cambiar de forma, o de color, a conveniencia, Según la cotización de las commodities. Si sube la belza o alfalfa, veremos grandes manchas verdes diseminadas entre el oro del cereal en sazón. Sí hay demanda de biocarburantes, será el amarillo de los girasoles entre los ocres de la tierras recién roturadas. Sí, el campo castellano es proteico, es decir, no solo cambia de forma a conveniencia sino que esa conveniencia está fundada en una inequívoca visión de futuro. Y de ahí su eternidad. Porque solo permanece lo que continuamente cambia para adaptarse a los mercados. La flexibilidad, que le dicen. En fin, no sé como me las voy a arreglar si cambio todo esto por la monotonía de los verdes improductivos. No sé... 

martes, 24 de noviembre de 2020

El Paso

Estuvimos comiendo al sol en el El Paso, uno de los pocos restaurantes de carretera que ha sobrevivido a las autopistas. Recuerdo haber comido allí alguna vez, hace cincuenta años o así, cuando el tráfico por delante era un infierno. Ahora, pasan cuatro gatos, gente de la zona, y algún camionero que ha cogido cariño al lugar y sale de la autopista por Gama para volver a ella, ya restaurado, por Beranga. Sea como sea, el caso es que ha sobrevivido y, ello, da qué pensar. Pensar sobre todo en las leyes inamovibles de la ciencia económica que no son muy diferentes a las de describiera Darwin en su teoría de la evolución. 

Porque esa es la cuestión, que hay gente que sabe navegar en cualquier tipo de aguas y otra que sucumbe al primer embate adverso. El caso es que había allí una colla de lugareños por los sesenta-setenta que no paraba de alborotar. Se notaba de lejos que aquello era un hábito cotidiano. La hora del vermout, que se decía antes. Bueno, ahora es vino lo que se bebe, mucho más saludable sin duda. Una ronda por barba es lo suyo. Y una inocente broma a la camarera caribeña cada vez que por allí pasa. Es la alegría de vivir según la costumbre del país. Es el rato coribante de esos hombres que, por lo demás, llevan vidas ordenadas y productivas. 

Sí, El Paso, qué duda cabe, es un monumento vivo. También, por lo solitario del lugar, podría considerarse santuario. Por detrás, rozando el aparcamiento, pasa el ferrocarril y la autopista, y luego, ya, los eucaliptales se apoderan del paisaje. Por delante, la antigua carretera y, más allá, las verdes praderas prolongándose indefinidamente por las suaves colinas. Y muy de vez en cuando, rompiendo la monotonía, una que fue alquería y hoy, o es ruina, o casa de esparcimiento. Porque es que hay que ver lo que puede cambiar el mundo en cincuenta años: entre todo aquel verdor no se veía vestigio alguno del que fuera símbolo por antonomasia de la región: la vaca. 

Por lo demás, la vida sigue. Opresiva para los unos y normal para los otros. Y no han tenido problemas para llegar, nos preguntó el tipo con el que habíamos quedado en Noja. Ninguno, le contesté. Pues dicen..., prosiguió. Ya, le corte, pero es que nosotros no vemos la televisión. Después, por la autopista, todos los paneles anunciaban el estado de alarma y los controles de carretera. Pero no vimos ninguno. El tráfico parecía el normal de cualquier día laborable. A la gente que tiene cosas que hacer no se la acojona tan fácilmente. ¡Ay, que diferente sería el mundo si más gente tuviera cosas que hacer! Cosas reales, o sea, más allá del mero entretenimiento... el imposible reposar del guerrero que no guerreó.  

domingo, 22 de noviembre de 2020

Tan malogrado

"El malogrado" es una novela de Thomas Bernhard. El argumento vine a ser algo así: tres jóvenes promesas del piano van a recibir clases a casa de un maestro consumado. Uno de los alumnos es Glen Gould y otro "el malogrado". ¿Y por qué se malogra siendo una notable promesa? Pues muy sencillo, porque ve tocar a Glen Gould y comprende que la distancia que les separa, y les separará siempre, es inmensa. Se da cuenta de que, por comparación, siempre será un pelanas. Y por eso desiste de su empeño. Absurdo en cualquier caso, pero es lo que tiene haber sido mal educado o haber nacido con el gen de la ambición desmesurada, que supongo que también le habrá a juzgar por la cantidad de gente que padece esa anomalía psíquica. 

Y es que les hay que tienen una rara idea de lo que es la excelencia. Para ellos nunca será suficiente si no sirve para destacar con nitidez en el firmamento de las estrellas. Para nada les basta el estar ahí recreándose en sus propias habilidades. Es, en definitiva, como si estuviesen convencidos de que solo siendo los incontestables primeros en lo que fuera que que fuese iban a ser capaces de trasmitir su material genético. Digamos que es una patología porque acaba matando, pero si tomamos por patológico lo que se sale de lo normal, entonces, nos maravillaríamos al comprobar hasta que punto es patológico el saberse conformar con los dones que los dioses concedieron. Destacar, al parecer, nunca es suficiente para nadie: hay que destacar y mantenerse en el destaque. Y por eso es que rara sea la estrella que no acabe drogándose en un estéril empeño por conservar su brillo. 

Y no se crean que esto es cosa de los hollywoodienses, ni mucho menos; en mayor o menor grado que tire la primera piedra el que esté libre de ello. Todo el mundo tiene su "realce rey" con el que hacerse notar. Y quizá en ello estribe lo que llamamos la sal del mundo. O el gramo de locura que nos hace a todos especiales. Aunque, bien es verdad, a unos más especiales que a otros. 

En resumidas cuentas, que me levanté hoy con la mente en blanco y sin saber cómo ni por qué me vi de pronto escuchando, y viendo, videos de Joe Pass. Me fascina como toca la guitarra. Esa sensación de facilidad. Como algo que sale de dentro de forma natural, Para mí Joe es al jazz lo que Diego del Gastor es al flamenco. La misma elegancia o, si mejor quieren, distanciamiento apolíneo. Un, como el que no quiere la cosa. Luego, en sus vidas personales, ¡vaya usted a saber! Por lo visto Joe tuvo sus más y sus menos con las drogas y la mujeres. De Diego solo sé que nunca quiso salir de Morón y que murió en la habitación de una pensión teniendo por toda pertenencia un par de trajes, un diccionario y un manual para hacer sombras con las manos. Bueno, y una guitarra seguramente peor que cualquiera de las dos que tengo yo... tan malogrado como soy, que es que si tuviese dos dedos de frente ya se las habría regalado a cualquier  gitano.  

sábado, 21 de noviembre de 2020

Salicio y Nemoroso

 Sostiene el Oráculo Manual: "Amigos de elección. Que lo han de ser a examen de la discreción y a prueva de la fortuna, graduados no solo de la voluntad, sino del entendimiento. Y con ser el más importante acierto del vivir, es el menos asistido del cuidado. Obra el entendimiento en algunos, y el acaso en los más. Es definido uno por los amigos que tiene, que nunca el sabio concordó con ignorantes; pero el gustar de uno no arguye intimidad, que puede proceder más del buen rato de su graciosidad que de la confiança de su capacidad. Ai amistades legítimas y otras adulterinas: éstas para la delectación, aquellas para la fecundidad de aciertos. Hállanse pocos de la persona, y muchos de la fortuna. Mucho más aprovecha un buen entendimiento de un amigo que muchas buenas voluntades de otros. Aya, pues, elección, y no suerte. Un sabio sabe escusar pesares, y el necio amigo los acarrea. Ni desearles mucha fortuna, si no les quiere perder."

No es ésta la única ocasión en la que el Oráculo se detiene a considerar aspectos de la amistad. Y es que no es para menos, porque, a excepción de lo absolutamente primario, o animal, ¿qué otra cosa hay en la vida que, en lo que a gratificaciones hace, se pueda comparar a la amistad? Es sin duda la más vital necesidad del espíritu. Ya los niños, cuando vuelven de la guardería no paran de hablar de sus amiguitos. Todos tienen su "mejor amigo". Buscan instintivamente la comunión perfecta. Y de ahí que se produzcan tantas decepciones tempranas. El amiguito no se dejó morder la yugular y yo me cogí un berrinche. A partir de ahí todo es aprendizaje frente al espejo. Porque eso son, principalmente, los amigos, los únicos espejos en los que te puedes ver tal como eres. Según soportes, mejor o peor, lo que ves, iras trazando tu camino. 

Y esa es la cuestión primordial, que siendo el más importante asunto de la vida es el menos asistido de cuidado. Vas por ahí colgándote de lo primero que se pone a tiro y luego resulta que sacas malas notas. Así que ya saben, si a su hijo se le tuercen los estudios arrégleselas como sea para que cambie de amigos. Luego, ya se vera, pero sea consciente de que, por lo general, las amistades juveniles tienen mucho que ver con las calificaciones escolares. Y es que, a la postre, en la vida todo es interés, y la amistad no iba a ser una excepción, que ya lo dice el refrán, que el que a buen árbol se arrima...

Bien es verdad que es difícil ser consciente de estas cosas. Y los más tontos se suelen indignar cuando se las alumbras. Pero solo hay que ir a las mentes más brillantes para darse cuenta de que el asunto no tiene vuelta de hoja. Eres lo que son tus amigos. Y si no los tienes no existes. Y si los tienes y no sabes conservarles es la prueba del nueve de que eres un chisgaravís. Y si supiste conservarlos a lo largo de la vida, pocas cosas habrá de las que te sentirás más orgulloso. 

En fin, la amistad, Salicio y Nemoroso mismamente. 

viernes, 20 de noviembre de 2020

¡Entérate de una vez!

Por mucho que lo intento no consigo impedir que me lleguen noticias de lo que pasa por aquí y por allá. Como he sido bastante aficionado a leer libros de historia no me inquieto mucho por lo que me dicen que pasa. Gobernantes pésimos como parecen ser los de ahora siempre fueron la regla mucho más que la excepción. Con Heródoto ya aprendimos que o eran tan rematadamente tontos como Candaules o tan psicópatas peligrosos como Cambises. Pero es después, con Tucídides, cuando nos enteramos que la política es cosa fundamentalmente de sinvergüenzas. Como Alcibiades, que le importaba un bledo traicionar a quien fuese con tal de forrarse. Pero ya, luego, con Tito Livio, queda meridianamente claro que las guerras se montan para que se forren los oligarcas. Con unos cuantos buenos contactos políticos puedes conseguir un contrato para mandar alimentos a las tropas desplazadas. Entonces, compras por dos perras trigo podrido que envías en naves igualmente podridas a las que, previamente, has asegurado. Ya solo te queda asegurarte de que las naves naufragarán por el camino. Un negocio redondo que nadie va a investigar porque ¿qué es la corrupción frente a los horrores de la guerra? 

Sí, no veo yo que ahora se esté inventando cosa de importancia en lo que hace a la incompetencia, sinvergüenzonería, estulticia y demás. Gente con bigote que blasona de barrer para casa no solo los hay ahora y aquí, en la que dicen Cantabria, los hubo siempre y en todo lugar y no pocas veces no es que rozasen la excelencia sino que dieron en ella de plein fouet. Recuerden qué bien lo hizo aquel alemán de hace ochentaitantos años, con su bigotito recortado y su inquebrantable y desorbitado amor a sus perros. 

Así que, ya digo, mientras las estanterías de Mercadona sigan rebosantes, zapatero a tus zapatos, como nos recomendaba el obispo Eguino i Trecu cuando venía de visita pastoral al colegio. Y si no tienes zapatos que remendar, echar medias suelas, o lo que sea, mejor que te pegues un tiro porque estás aquí de más. ¡Entérate de una vez!

jueves, 19 de noviembre de 2020

La olla arrocera

Perdonen que insista, pero es que si hay algo de verdad en lo que dicen que está pasando en EEUU las consecuencias pueden ser muy gordas. De hecho, ya, de alguna manera no hay posible vuelta atrás: Trump se ha declarado vencedor y si sus oponentes consiguen echarle van a tener enfrente a gente muy cabreada de la que no va a manis de borregos a quemar contenedores sino a campos de tiro a entrenar. Y es que hay una diferencia muy grande entre los conceptos de libertad que tienen unos y otros. 

¿Se acuerdan ustedes de cuando empezamos a beber cubalibres? Fidel Castro acababa de entrar triunfalmente en La Habana y su primer acto de rebeldía frente al poder dominante fue echar ron a la cocacola. ¡Genial porque esta muy rico! ¡Uy, qué rico!, dicen las caribeñas en el mismo momento sublime en el que las anglosajonas gritan ¡oh, my God! En fin, que en eso quedó toda la libertad soñada. El resto fue esclavitud so capa de dignidad. Bueno, también las ollas arroceras les dieron mucho juego. Una vez estuvo Fidel más de siete horas frente a las cámaras explicando cómo había que hacer para utilizarlas correctamente. O sea, para que una miseria de arroz pareciera que era mucho. 

La verdad es que no tengo ni idea de si la gente sigue bebiendo cubalibres. Personalmente siempre me pareció una engañifla eso de endulzar el alcohol. Vino con casera, como estilaban aquellos manobras con los que solía compartir mesa en los restaurantes económicos del Ensanche barcelonés. Lo justificaban por la cosa de los eructos que al parecer era uno de sus alivios predilectos. Comprensible en cualquier caso, porque después de  toda una mañana venga a colocar racholas...      

En resumidas cuentas, que unos queman contenedores y endulzan el alcohol y otros practican el tiro y beben el alcohol a pelo, y en eso consiste toda la diferencia entre las dos formas de concebir la libertad que están en guerra. ¿Quién creen ustedes que la va a ganar? Se lo voy a decir, la guerra nadie. Batallas, los dos bandos. Aunque la que se está librando ahora es inédita en la historia dada la proporción de azúcar por un lado y de prácticas de tiro por el otro. 

martes, 17 de noviembre de 2020

Marxismo a gogó

¿Qué es lo que está pasando en EEUU? Teníamos un presidente electo y ya no le tenemos. La sensación de que hubo pucherazo se extiende como un reguero de pólvora. Incluso DW, la televisión pública alemana, que había venido haciendo una campaña vergonzosamente denigratoria para Trump, calla ahora como una puta. ¿Y si resulta que al final Trump resulta reelegido? ¡Menudo batacazo! Con toda la carne que habían puesto en el asador sus detractores. Trump, un ser detestable que quiere machacar a los pobres un poco más de lo que ya lo están. O sea, lo de siempre, recurrir a la sentimentalidad para obviar lo sustancial. 

Lo sustancial en el mundo siempre ha sido y lo seguirá siendo por siempre jamás la lucha por las ideas. Y las ideas de Trump, con todas las limitaciones que ustedes quieran, representan frente a las de los que le odian, el vive y deja vivir con el que siempre soñaron los que se conocen un poco a sí mismos. Porque nadie medianamente consciente de sí mismo puede albergar la menor pretensión de tener soluciones para los demás. Ya saben como funciona eso en la práctica: soluciones para los demás, beneficios para mí. O sea, resumiendo, donde dice soluciones, pongan extorsiones y se estarán acercando mucho más a la realidad. 

Así que ese odio a muerte a Trump está más que justificado para todos los que ven en sus ideas el fin de su modus vivendi. Si me quitan de organizar la vida a los demás, entonces, ¿de qué voy a vivir yo si no sirvo para otra cosa? La cuestión es ardua  si se tiene en cuenta que, aquí en Europa sin ir más lejos, el 50% del PIB lo gestiona el Estado... aunque sería mucho más exacto decir la Mafia por aquello de la extorsión al que trabaja. 

Por cierto que en la web del Instituto Juan de Mariana hay colgado un video en el que Juan Ramón Rallo y Iván Espinosa de los Monteros, la única cabeza pensante del panorama político nacional, debaten sobre estos asuntos. Asuntos, bien sur, endemoniadamente enrevesados, porque ¿cómo va a poder querer vivir y dejar vivir el que no sirve para nada? Y es que si en algo acertó Marx fue cuando exclamó aquello de: ¡Resentidos por inútiles de todo el mundo, uníos! Y vaya que si se unieron, que ni con agua hirviendo les consigues separar. Supongo que es así porque las leyes de la naturaleza así lo tienen dispuesto; de lo contrario ¿quién se acordaría a estas alturas de Marx?  

Sr. Cayo, revisited

El Señor Cayo, en su predio humilde y solitario, solo dependía de sí mismo. Pero claro, llegó la socialdemocracia y mandó parar. Muy viejo ya, se puso malo y, en vez de ser tratado por el médico de cabecera habitual, vinieron unos energúmenos con una ambulancia y se lo llevaron a un hospital de la lejana ciudad. ¡Qué absurdo todo! ¿No le podían haber dejado morir en casa con unos mínimos cuidados? Pues no, al parecer no. Así lo han dispuesto esos políticos que tienen soluciones para todo, pero que ignoran que a mil metros de altura no se pueden plantar ciertos árboles frutales porque, sencillamente, hiela en mayo. En fin, sin duda el escritor más visionario que tuvimos en España el siglo pasado fue Delibes. 

El asunto de la dependencia, ¿se han parado por un solo momento a pensar en el casi infinito número de cosas de las que dependen para poder sobrevivir? Esta mañana, por poner un ejemplo, he encendido el ordenador y, ¡maldición!, google  no funcionaba. Al final, tocando teclas por aquí y por allá durante media hora he conseguido una restauración parcial que me permite escribir esto. Me he creado esta necesidad que exige que mil cosas que no dependen de mí funcionen a la perfección. Podría escribir en un cuaderno con un lapicero y todo sería igual menos lo principal, es decir, la vanidad, la más estúpida y cruel de todas las dependencias. 

Anoche estuvimos viendo El Manantial, la película basada en la novela de mismo nombre de Ayn Rand. La protagonista, en sus comienzos, blasona de desapego porque aspira a la libertad. Es una niña bien que al parecer no es consciente de todo lo que depende y piensa que tirar por la ventana una estatua griega que ha comprado en un viaje por Europa es el colmo del desapego. Dice la muy ingenua que no quiere ligarse a nada ni a nadie, claro está, hasta que aparece el apuesto arquitecto en la figura de Gary Cooper. Yo es que me meo de risa con las ingenuidades de los niñatos. Todos progres, por supuesto. 

En resumidas cuentas, que uno se pone a pensar en todo aquello de lo que depende y, por añadidura, de aquello de lo que podría prescindir y, entonces, es la desesperación al caer en la cuenta de que solo se vive para mantener operativas las dependencias. Sí, la única realidad es que, cuanto más nos sofisticamos, más nos esclavizamos. Así que mejor dejarlo porque no hay escapatoria posible al instinto de sofisticación. 

El Sr, Cayo se sentaba al caer la noche en un taburete frente al fuego y esperaba la venida del sueño pensando en las tareas del día siguiente. Prácticamente todo lo que necesitaba lo podía manufacturar el mismo. Era como un robinsón al que, en vez de una huella de pie en la arena de la playa, vino a sacar de su encantamiento la sirena de una ambulancia. Podría haber muerto con la misma libertad con la que vivió, pero los socialdemócratas no están dispuestos a tolerar lo que para ellos son malos ejemplos. ¡Qué gentuza, por Dios!

domingo, 15 de noviembre de 2020

Negacionismo simpsoniano

Procuro por todos los medios vivir en la mayor desinformación posible. Aunque como siempre ando por youtube en busca de tutoriales de vez en cuando caigo sobre el título de un video que me da a entender que la vacuna ya está al llegar y con ella el fin de la pesadilla. Pero nada para decirme que esto se acaba como un vídeo de los Simpson en clave negacionista que me enviaron el otro día. Se ve en él reunida a la élite mediática progamando el terror que ha de meter a la gente en casa en donde no podrán hacer otra cosa que ver la televisión. Porque, claro, con tanta red social y demás, grandes capas de la sociedad están dejando de ver la tele, leer periódicos, etc., lo cual entraña peligros considerables para la oligarquía dominante. Pero, en fin, pelillos a la mar, porque, si  una oligarquía se va, otra vendrá de inmediato a llenar el hueco que quedó libre y estaremos en las mismas. Siempre habrá gente que quiere mandar sobre los demás porque se siente incapaz de mandar sobre sí misma. Digamos que son los ángeles caídos. En el parque del Retiro de Madrid hay un monumento que les representa que, por cierto, es muy visitado por los turistas. Sobre todo por los rusos que son los más puestos del mundo en la cosa de las oligarquías. 

Por lo demás, les diré que una vez más estoy en trance de cambiar de aires. Voy a abandonar la meseta para instalarme a la orilla del mar. Y no por nada sino porque he dado en pensar que tal cambio es lo que más conviene a mi salud... sobre todo la del espíritu que se me estaba envenenando de tanto ver a los palentinos sacudiendo las alfombras sobre los viandantes... bueno, es una realidad, pero también se podría tomar como metáfora. Y ya saben lo que pasa con las metáforas, que lo mismo describen a los de la meseta como a los de la orilla del mar.

Me voy al super. 

 

Matos in memoriam

Matos se quedó huérfano a una edad temprana. Así fue que, por unas cosas u otras, ya vivía solo y libre como el viento en un piso de Salamanca a los diecisiete años. Algo, más bien poco, le vigilaba un tío suyo que era militar. Yo lo conocí por la cincuentena e hice buenas migas con él. Solíamos coincidir a la hora de la comida en El Bardo y de allí nos íbamos al Novelty a tomar café y hacer tertulia. Trabajaba en una concesionaria y tenía como hobby la escultura. Pero lo más característico de él era que a la caída de la noche se colocaba una de sus camisas rosadas y se iba de copas hasta bien entrada la madrugada. Y no era raro que durmiese acompañado porque tenía un porte elegante y unas maneras refinadas según me confesaron algunas mujeres. Pero si le traigo a colación hoy es porque la lectura del "Oráculo manual y arte de prudencia" me trae a la memoria la que era para mí su característica más relevante: según me contó, antes de cumplir los veinte ya había leído Siddartha de Hermann Hesse y, con esa lectura, ya se dio por satisfecho por los restos en lo que hace a la búsqueda de la verdad. A partir de entonces, sus únicas lecturas fueron los balances en la concesionaria y cualquier periódico en tanto llegaban los contertulios. En resumidas cuentas, que me fui de Salamanca sin despedirme de él y cuando volví unos años después y pregunté en el Novelty por él solo supieron darme vagas respuestas. Un camarero que le recordaba sugirió que bien podría ser que hubiese muerto. En fin, la vida. 

El caso es que ahora pienso que si hubiese leído el "Oráculo manual" a una edad temprana y le hubiese entendido como Matos entendió Siddartha, seguramente no hubiese tenido en adelante la menor necesidad de volver a leer libros y mi vida hubiera transcurrido por senderos mucho más apacibles y productivos. Porque en el Oráculo está todo lo que un hombre necesita saber. Incluso,  siguiendo la lógica de mayeutica socrática, no diría que necesita saber sino que sabe y solo necesita que alguien le recuerde lo que sabe. Que no otra cosa hace el Oráculo: recordarte lo que sabes por obvio.

Así que, en lo sucesivo, me parece, voy a leer muy poco más allá de los aforismos del Oráculo. Lo voy a llevar siempre conmigo para recurrir a él de la misma manera que hacen los protestantes pentecostalistas con la biblia, que la abran por la página que la abran siempre encuentran un párrafo apropiado para apaciguar sus inquietudes del momento. Que no otra cosa es lo que necesitamos en esta vida, algo que nos apacigüe para que podamos vivirla. O soportarla, si mejor quieren. 

Y eso es todo. 

   

 

sábado, 14 de noviembre de 2020

Cabaret

Toda esta mierda que estamos viviendo y de la que la famosa pandemia de marras no es más que otra vuelta de tuerca, me parece a mí que no va a poder acabar de otra manera que en el más absoluto caos. Porque no es muy diferente a lo que pasó hace unos ochenta años, cuando a la gente le dio por pensar que era mucho más cómodo que alguien se encargarse de todos sus asuntos para, así, tener las manos libres para poder ir todas las noches al cabaret. 

Afortunadamente, lo mismo ahora que hace ochenta años, tenemos la astronomía y, también, los faros de la costa para orientarnos en medio de la tormenta. Los viejos pensadores y los nuevos. De los viejos no diré nada porque ya dije bastante, pero de los nuevos sí que quiero señalarles uno que pienso les pudiera ser de mucha utilidad si le frecuentasen: me estoy  refiriendo al Instituto Juan de Mariana. Les recomiendo que empiecen por saber algo del tal Juan de Mariana. Les dará una pista sobre la orientación filosófica del Instituto que lleva su nombre. 

Conferencias, entrevistas, simposiums, congresos... y todo con un denominador común, la promoción de la libertad individual y, por tanto, de la despolitización de la vida común. Porque ese es nuestro drama actual, la perdida de libertad a causa de la sobrepolitización. Como decía Boadella, no podrás discutir con tu mujer ni siquiera en el dormitorio porque tan pronto empiece la disputa saldrá de debajo de la cama la cabeza de Jordi Pujol dispuesta a intermediar en el asunto. ¡Dios mío, pero es que no se han dado cuenta de la cantidad de coches policía que hay por todas las partes! Y no para perseguir delicuencia, no, ni mucho menos, solo están para perseguir actitudes que no se corresponden con lo que se ha dado en llamar corrección política. Le pegas una patada a un perro que te está dando por el saco y alégrate si te caen menos de seis meses de cárcel. Y así todo, es decir, justo al revés de todo lo que nos enseñaron de niños a los de mi edad, cuando esperábamos una crecida del río para ir a deshacernos de los animales que nos sobraban. 

El caso es que hoy me desayuné con la entrevista a un tal Benegas que ha escrito un libro al que ha titulado "la ideología invisible". Lo que les vengo contando. Llenar las primeras planas con la noticia de que a una trans no le deja entrar en los servicios de hombres... o mujeres, que yo, ya, en estas cosas me pierdo. Esa es la cuestión, mantenernos entretenidos con chorradas mientras la oligarquía políticoempresarial se pega la gran vidorra con la más absoluta impudicia. O es que no recuerdan las fotos del presidente Sánchez de palacio en palacio mientras el personal deambulaba acojonado por las estaciones balnearias. Le dicen presidente, pero en realidad es el CEO de una empresa que gestiona entre el cuarenta y cincuenta por ciento del producto interior bruto nacional. Coloca y descoloca gente a su antojo, así que se pueden suponer el ejército de chupaculos que tendrá a su disposición. De hecho, parece que esas fotos, en contra de toda lógica, han favorecido su imagen... los chupaculos han hecho su trabajo. 

En fin, con este tipo de cosas siempre me acuerdo de aquel libro de Thomas Mann en el que narraba el proceso creativo de su Doktor Faustus. Lo escribió, ya, en sus postrimerías más postreras, exilado en EEUU y recostado en un sofá, la única postura que soportaba debido a su cáncer de pulmón terminal. Pues bien, en ese libro, aparte de lo relativo a la música que, como supongo sabrán, es la protagonista principal del Doktor Faustus, Mann se explaya a gusto sobre la situación en Alemania previa al estallido de la guerra. O sea, más o menos, lo que les vengo diciendo, gente que delega responsabilidades para poder ir al cabaret. Es decir, en lo que estamos. 

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

El tostón

Practicar y practicar y practicar y alcanzaréis la maestría, dice Salvatore Vargas al final de un vídeo en el que ha resuelto un intrincado problema de álgebra. Con la guitarra pasa lo mismo, que toda insistencia es poca. Por no hablar de la escritura, que ni insistiendo. Y así se va pasando la vida, en el empeño de dominar habilidades para las que los dioses no te dotaron. Y por eso sé que estoy haciendo el tonto, pero no puedo evitarlo. Prefiero hacer mal estas cosas que dedicarme a hacer otras en las que tengo la casi certeza de que podría sobresalir. Los seres humanos somos así. Lo que más deseamos es lo que se nos hurta. Bueno, quizá hubiera debido decir algunos seres humanos, porque si juzgamos por las apariencias, a la inmensa mayoría se la ve muy satisfecha con lo que hace, como si hubiesen acertado plenamente aunque, eso sí, lo que hace sean empeños de tres al cuarto. 

Y esa es la gran cuestión, porque unos se conforman con cualquier cosa y otros necesitan de cosas inalcanzables. Seguramente el tal Peterson y demás psicólogos empoderados, pudieran contestar a este enigma con una conferencia de dos horas en un auditorio TED. Es lo que tiene lo oscuro que se presta a mil lucubraciones que, aunque parezcan brillantes, a la postre deja a la oscuridad en donde la encontraron. Lo más plausible de todo sería achacar la tendencia a un gen y que aquí me las den todas. Bueno, también se podría intentar, recurriendo a la lógica freudiana, explicarlo como un intento de disimular complejos por medio de la dedicación a actividades de prestigio. Ya saben, el niño va para artista. 

En fin, que no tengo ni idea de con qué finalidad se me ha ocurrido traer a colación semejantes filosofías a la violeta. Supongo que habrá sido con la intención de darme ánimos ante la evidencia dolorosa de la persistencia en el fracaso. ¡Dios, qué vida más díficil tenemos algunos sin que hayamos hecho nada para merecerlo! Aunque, también, pensado por la otra parte, ¿cómo sentir la vida si no es a través de las dificultades?

En cualquier caso, seguiré insistiendo porque ¿qué otra cosa podría hacer a estas alturas? Y perdonen por el tostón. 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Candice

La realidad es tozuda. El mundo es como es. Hay una serie en una de esas cadenas que te matan a anuncios que se titula Candice Renoir. Se trata de una rubia peligrosa por los cuarentaitantos que ejerce de comandante de policía en una comisaría del sur de Francia, en Seté o así. Como todas las series policiacas, trata de ser lo más realista social posible. Así que, para empezar por lo primero de todo realismo que se precie, no escatima en líos de alcoba entre los integrantes del equipo policial que dirige la rubia peligrosa, Candice, que, por desmentir su nombre, de todo tiene menos de cándida. 

Claro, en las series policiacas americanas también hay líos de faldas, pero, por así decirlo, por lo legal, con recato y todo eso. Porque si hay algo inevitable en el mundo es que allí donde hay hombres y mujeres trabajando juntos, y más si ese trabajo es intenso y hace correr riesgos, se produzca una tensión sexual tan insoportable que, so pena de buscarle salida, acaba por dar al traste con todo. Y por eso es que Candice, al contrario de los americanos, se pase el recato por el arco de triunfo. Ella folla por follar, para descargar tensiones y punto. Al fin y al cabo su trabajo se desarrolla en los alentours de Cap d´Adge, el lugar que tan magistralmente describió Houelebecq en su novela "Las particulas elementales". Y esa es la cuestión, que descargar tensiones aguza el ingenio y, por eso, aunque a primera vista parezca que el folleteo va a conducir al desastre, a la postre, muy por contra, facilita la intuición imprescindible en todo proceso de investigación. Bueno, al fin y al cabo es una serie policiaca, así que la intuición que resuelve casos va de soi, porque, de lo contrario ya me dirán ustedes que mierda de serie es esa. 

Así que quedamos en que los casos se resuelven. Casos con los que los guionistas tratan de dar una imagen lo más real posible de lo que pasa a su alrededor. Y claro, aquí entra en juego la subjetividad. ¿Qué es lo que se quiere resaltar y cómo se resalta? Por ejemplo, un joven gitano aparece medio carbonizado en una caravana a la que alguien ha prendido fuego. Resultado de la investigación: el joven se ha suicidado por no poder enfrentar la presión de tribu. Lo demás, lo de la caravana quemada y tal, no es más que la torpeza de los padres tratando de tapar la vergüenza y el desprestigio que el suicidio de su hijo les va a producir entre los de su etnia. Otro ejemplo: aparece muerta la secretaria de unos servicios sociales dedicados al tutelage de gente disminuida. Resultado: la secretaria había amenazado con desvelar la corrupción sistematizada de esos servicios sociales. La tutela comenzaba por el desvalijamiento de todo lo de valor que pudiesen tener los tutelados.  

En definitiva, que el romanticismo de los gitanos cantando alrededor de la hoguera es una cortina de humo tras la que se esconde una gente angustiada que corre hacia el despeñadero por no querer aceptar la mas fundamental de todas las leyes de la naturaleza, es decir, que lo que no cambia para adaptarse al medio ambiente, perece. Por el otro lado, lo de los servicios sociales. ¿Quién se dedica a esas actividades? A las ONGs y demás mandangas. Bueno no voy a decir yo que no haya por ahí algún alma cándida metida a buen samaritano, pero no nos engañemos, la inmensa mayoría de los caritativos lo son porque no tienen otra forma de competir por su subsistencia. Si has acabado la licenciatura de medicina y te sientes incapaz de competir por una plaza de MIR, una salida posible es apuntarte a una ONG para que te mande a África a hacer de las tuyas. Bueno, es de sobra conocida la teoría de que nada hay más eficaz para perpetuar la miseria que el ejercicio de la caridad. Yo desde luego me apunto a ella. Y es que no he conocido gente más repugnante que la que blasona de preocuparse por los parias de la tierra. !Menudo filón es esa preocupación para sacar jugosos dividendos! ¿Quién conoce a un preocupado de esos que no viva como Dios?

Así que ese parece ser el propósito de las series policiacas, el de abrirnos los ojos respecto de la inevitable miserabilidad de la condición humana. Y claro, Candice, como no podría ser de otra forma, lo hace a la francesa, es decir, a lo Cándido de Voltaire. Y por eso folla más que Conegunda. En fin, Cándido, Candice, solo la razón que se esconde tras la locura nos puede salvar un poco de las miserias de este mundo.  

miércoles, 11 de noviembre de 2020

El descojone general

De todos es sabido por repetido hasta la saciedad  que cuando la chusma se empodera, como ahora se dice, por primera vez, la cosa acaba indefectiblemente en tragedia, pero, cuando se empodera por segunda vez es inevitable que se produzca el descojone general... que es en lo que estamos. Así es que, ayer, andábamos de gira en bicicleta y recalamos en una cala, ¡qué bella aliteración que diría Borges!, en la que había un bar cuya enorme terraza solo tenía una mesa ocupada. Miramos de sentarnos para tomar un refrigerio, pero apenas lo habíamos intentado cuando salió un camarero que nos conmino a ir una mesa en la que había diversos geles y antisépticos a descontaminarnos las manos. Por supuesto que le dije que ni hablar del peluquín. Y entonces el tipo se desgañitó pronunciando unas mil veces la palabra protocolo. Yo ya me había dado cuenta cuando trabajaba en hospitales que a los médicos más chusmas, que eran casi todos, les encantaba la palabra protocolo. Protocolo por aquí, protocolo por allá, lo que en realidad querían ellos era funcionar como autómatas. Quién sabe, a lo mejor es que estaban incapacitados para pensar y se habían dado cuenta de que con los protocolos no se les notaba la carencia. Ya saben lo sabia que es la naturaleza que donde quita una cosa la suple con otra. En este caso la falta de neuronas con los protocolos. Pues bien, nos largamos de allí, no sin haber hecho antes unas cuantas consideraciones al respecto de los protocolos, y nos fuimos a otro bar que si bien no estaba en una cala, por contra, funcionaba a la perfección sin necesidad de protocolos. Y por eso supongo que era que estuviese lleno. 

Sí, lo de los protocolos ya me me había dado cuenta hace mucho de que es el descojone general. Tú, te apropias de unos cuantos y ya solo tienes que pensar en la marca del coche que te vas a comprar o al país al que vas a ir de turismo. O sea, exigencias mentales completamente soportables porque elijas lo que elijas siempre aciertas porque, aunque todavía no te hayas dado cuenta, vas a elegir coche y turismo de acuerdo con un protocolo subliminal que los ingenieros sociales han ideado con la filantrópica intención de hacerte creer que eres libre para elegir.   

En resumidas cuentas, que los ingenieros sociales han decidido empoderar a la chusma por medio de los protocolos. Con un protocolo en la mano, cualquiera se transforma en general. Algo así es lo que nos quería dar a entender el chusma de la cala ayer. ¡Por encima de mi cadáver!, parecía querer decir cada vez que pronunciaba la palabra protocolo. Y claro, sabido es que todo lo que viene de los ingenieros sociales no tiene otra finalidad que arruinar a las sociedades. No falla porque es una ley no escrita del cielo: a más protocolo menos clientela. Y por la misma ley del cielo, también, a menos chusma empoderada mayor producto interior bruto.

En fin, ya digo, el descojone general. 

martes, 10 de noviembre de 2020

El desembarbijador que nos desembarbije


Cuentan las crónicas que cuando lo de la guerra civil de marras, los del bando que se decía nacional solían llevar, seguramente los más tontos, una especie de escapulario o medalla con la esfinge de Cristo al que llamaban "detente bala". Era, en definitiva, una manifestación extrema de eso que llaman fe, es decir superchería en estado puro. Así era que sintiéndose protegidos por la gracia divina que les proporcionaba el escapulario no dudaban en lanzarse bayoneta en mano contra las filas enemigas. Otros, más prácticos sin duda, optaban por el saltaparapetos, una especie de aguardiente de la máxima graduación cuya ingestión conducía a sentirse en posesión de fuerzas sobrenaturales. Ni que decir tiene que tanto unos como otros caían como moscas que era de lo que en definitiva se trataba, es decir, ajustar la demografía a los recursos. Supongo que como siempre fue y será y no porque así lo quisiera Malthus sino porque la naturaleza así lo tiene dispuesto: guerra, peste y catástrofes naturales. 

En resumidas cuentas que ahora voy por la calle y, al ver a la gente embarbijada, no puedo dejar de pensar en los detentebala. Pero mira tú por donde que, como les muestra la foto que les adjunto, en este caso el embarbijamiento no es para detener la bala que viene de afuera sino la que sale de adentro. ¡Acabáramos! Una vez más ha tenido que ser la publicidad la que venga a aclararnos lo que a todas luces parecía una irracionalidad. Porque, sí, íbamos el otro día por el campo y María, que se fija mucho en las flores, iba maravillándose por la lozanía de las margaritas. A estas alturas del año, me decía, y fíjate cómo están. Claro, desde que leímos aquellas novelas del realismo mágico que le decían, sabemos que el mal aliento marchita las margaritas. Y, ahora, como todos llevamos detente bala, las margaritas campan por sus respetos. Que no otra parece ser la finalidad de esta campaña institucional de embarbijamiento generalizado. Porque si nos vamos a lo de los virus... la realidad es tozuda, a más embarbijamiento más contagios, o lo que fuera que fuesen, que para el caso es lo mismo con tal tal de tener a la chusma convencida de que todo es por su bien en vez de por el bien de las margaritas.

Anyway, desamoínense que esto ya toca a su final. Me lo dijo ayer mi hija que, como vive en Londres, está un poco mejor informada que nosotros. Da clases, entre otros sitios, en un colegio de niños. Todo con absoluta normalidad porque es deseo de las autoridades sanitarias que los niños y sus padres jóvenes se contagien al poder ser para ir así creando inmunidad del rebaño que se dice, Y toca a su final porque lo de la famosa vacuna de Oxford es cosa de un mes. O sea, que si nada se interpone, es probable que nos empecemos a vacunar antes de las navidades. 

En fin, vacuna o lo que sea, que con tal de que nos desembarbije buena desembarbijadora será. 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Infelices y afortunados

Afortunadamente para mí, encuentro de vez en cuando opiniones que me parecen sensatas... lo cual no quiere decir que necesariamente lo sean, pero así son las cosas, que solo con que nos parezcan ya basta para que el espíritu se serene y disfrutemos de un rato de fundada esperanza. Me pasó ayer escuchando el video que ha colgado en YouTube Juan Ramón Rallo a propósito de las recientes elecciones en EEUU. 

¿Crispa Trump? ¿Crispan los socialdemócratas? Bueno, lo de echarse las culpas los unos a los otros es el típico truco del almendruco que sirve para que se afiance el status quo, o sea, que nada se mueva y, por lo tanto, la clase política siga disfrutando de los obscenos privilegios que se ha otorgado a sí misma. Una clase política cada vez más numerosa y, como consecuencia de ello, cada vez más intrusiva en la vida de los ciudadanos. Todo nos lo quieren regular. Y de hecho lo consiguen, ya sea por el voluntario sometimiento de las masas aborregadas, ya por el uso de la fuerza coactiva con aquellos que se resisten. 

Así que la crispación, o la polarización que también le dicen, es la lógica consecuencia del exceso de política por el exceso de políticos. Lo vemos aquí en España con meridiana claridad. Cuatrocientos mil políticos dicen que hay y aún me parece que se quedan cortos. Cada día nos despertamos con una nueva regulación. Ya ni siquiera nos atrevemos a ir al baño sin haber consultado antes el BOE, no vaya a ser que incurramos en flagrante delito. De resultas de lo cual añoramos aquella dorada época de nuestras vidas cuando por haber un solo político solo se metían en nuestras vidas en una cosa que, dicho sea de paso, visto con perspectiva era de lo más sensato, porque dejar campar por sus respetos la idiocia comunista es la mayor idiotez, valga la redundancia, que puede cometer una sociedad. 

Así que ya puede celebrar la progresía universal todo lo que quiera la derrota de Trump que de nada les va a servir. Porque Trump, como su precusor Reagan, no han sido más que la consecuencia de que cada vez más gente cae en la cuenta de que hay demasiada política porque hay demasiados políticos, lo cual como que les está amargando la vida. Así que lo suyo es mirar hacia donde mejor tienen resueltos estos problemas, pongamos que Suiza. Estados pequeños con el poder descentralizado de tal modo que nada se puede sustraer al control ciudadano, ni siquiera la seguridad -un arma en cada casa-. La cancha de los políticos allí es tan pequeña que, ¡a ver! ¿que alguien me diga el nombre de un político suizo? Matemáticos todos los que quieran, pero políticos...

O sea que en esas estamos, en una guerra cultural que cada vez es más rabiosa. Reagan o Trum fueron batallas ganadas por los minarquistas, lo mismo que Biden lo es para los estatistas. Las espadas siguen muy en alto, pero ya no es lo que era porque los minarquistas van minando poco a poco las defensas de retaguardia de los estatistas. A las cátedras universitarias me refiero. Donde antes había hegemonía marxista o keynesian, ahora empiezan a verse retoños hayeksianos. Solo es cuestión de tiempo que los retoños crezcan y fructifiquen, porque como dice el de Belmonte de Calatayud, nunca por la compasión del infeliz se ha de incurrir en la desgracia del afortunado. En fin, que por soñar un poco tampoco se pierde nada.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Garbanzos con hinojo

 Ayer cuando paseábamos por la costa se nos ocurrió recoger unos ramos de hinojo para guisarlos con garbanzos. Y en ello estábamos cuando se paró un coche con dos sonrientes chavales para preguntarnos el porqué de esa recogida. Les dijimos nuestro propósito. Porque eso solo lo sabemos los gitanos, dijeron. Efectivamente, yo solo he comido ese guiso una vez y fue en casa de un gitano. Fue en Pitiegua, en mitad de la Armuña, en la cabaña que se había construido, escondida en un pinar, el mejor guitarrista flamenco que he conocido, Ramón. Les conté la anécdota y ellos remataron diciéndonos que el hinojo estaba bueno con todo. Bueno, hoy lo comprobaremos. 

El caso es que los gitanos son, si quieren, un tanto desastres, pero no nos engañemos, en múltiples aspectos nos dan cien vueltas a los payos. Sobre todo en el aspecto de la autenticidad. María, que los ha tratado mucho en las escuelas, dice que son los niños más queridos. Y sobre todo tratados con naturalidad. Participan, prácticamente desde que están en el útero materno, de todo el ritual familiar. Nadie les envía a la cama; si tienen sueño cualquier sitio es bueno para dormir un rato. Y la fiesta sigue a su alrededor. Apenas saben andar y ya tienen aprendido el cemento que les cohesiona: las palmas y las cadencias andaluzas. O frigias, si mejor quieren. O españolas, que también así las llaman por el mundo adelante. Porque los gitanos no se reúnen alredor del fuego para chismorrear. Se reúnen para dar rienda suelta a sus emociones por medio de la música y el baile. Y no vean a qué grados de sofisticación llegan en ese despliegue. Porque hay un palo flamenco para cada estado de ánimo. Así es que lo natural en una fiesta es que los palos vayan cambiando en función de la necesidad anímica del interprete, que todos los asistentes lo son en algún momento.

Sí, la ignorancia de los payos respecto de los gitanos es de calibre homérico. Y si los payos son progres, ya, mejor dejarlo. Recuerdo allá por los setenta y tantos o así cuando salieron a la luz los Chunguitos. La de malos chistes que escuche sobre ellos. Y lo peor de todo es que me hacían gracia. Y así hasta por los ochenta y tantos que pasaba consulta en un barrio con muchos gitanos. Fue cuando decidí recurrir a los servicios de Juan Trilla. Con él aprendí los rudimentos del flamenco. Claro, con casi cincuenta que tenía por entonces comprenderán que este justificado que mis progresos fuesen magros. Pero bueno, ayer por ejemplo, puse el video de ¡Ay, qué dolo! y lo pude acompañar con la guitarra perfectamente. Y es que, me gusta el jazz, y la bossa, y, salvo el reguetón, el rap y cosas por estilo, podría decir que toda la música, empezando por la de los pájaros, pero es que los Chunguitos... sus canciones son buenas a rabiar. Que no es por nada que Rosalía haya tenido su mayor éxito con "si me das a elegir", una de tantas de las suyas. 

En fin, vamos a ver como nos sientan hoy los garbanzos con hinojo.

viernes, 6 de noviembre de 2020

A Dios muerto, Dios puesto.

 Me envía Isi el enlace a una conversación sobre el nihilismo entre dos filósofos argentinos. Más que nada me sirve para autoconfirmarme en mis convicciones. Señalan en un determinado momento que no hay diferencias en lo que a actitud nihilista hace entre el terrorista que puso las bombas en un concierto de rock y los jóvenes que acuden a ese concierto. No puedo estar más de acuerdo con tal apreciación. Esos jóvenes y esos adultos que van a que la bomba les estalle junto a las pirámides o en un resort de Phuket, como narra Houelebecq en una de sus novelas. Por cierto que, para debelador del nihilismo, Houelebecq; me extraña mucho que no le hayan citado los locuaces argentinos.

El nihilismo, en definitiva, no es más que la muerte de Dios. O del sentido trascendente de la vida. O más sencillo, si quieren, del mero no saber posponer la satisfacción de los deseos. Es decir, la entronización incuestionable del aquí te pillo, aquí te mato. No hay otra educación en las familias y en los colegios. El premio siempre por delante del merecimiento. Y claro, así están las casas, que hay que irse de ellas porque te echan los premios que ya no caben en las estanterías y armarios.

¡Y qué le vamos a hacer!, como le gustaba decir a Borges cada vez que le planteaban una irracionalidad arraigada en la sociedad como verdad incuestionable. Lo mejor en tales casos es hacerse a un lado para que te salpique lo menos posible cuando pete. Porque lo cierto es eso, que la irracionalidad, o la ficción, siempre acaban petando. Y, entonces, a por otra. Y todas hieren hasta que la última te mata, por decirlo a la barojiana manera. 

Pues sí, la trascendencia. ¿En que consiste en términos prácticos? Pues muy sencillo, en persistir en el esfuerzo para sacar una empresa hacia delante. El que no está en eso es un nihilista por necesidad. De lo contrario se suicidaría. Porque puede que en los conciertos o en las pirámides o en Phuket te estalle bajo el culo la bomba de un terrorista, pero si te quedas en casa sin saber qué hacer puedes estar seguro de que te estallará la bomba del aburrimiento y se te llevará por delante sin remisión.

En fin, que, si no hubiese Dios, habría que inventarlo.  

jueves, 5 de noviembre de 2020

¡Qué alivio!

Normalmente me levanto entre seis y seis y media. De inmediato levanto la claraboya y lo primero que veo es la animación en el Marcial. Los horarios del Marcial son como los ciclos de la naturaleza que si llegasen a alterarse seria signo indubitable de que algo muy gordo iba a pasar. Y ese es el caso, que esta mañana eran las siete y seguía cerrado. Los clientes iban llegando, merodeaban un rato alrededor, el tiempo de un cigarrillo, y se iban, seguramente desolados. ¡Qué duro y cruel es eso de romper las rutinas a la gente!

Morgan Freeman, el actor, tiene colgado un vídeo en YouTube en el que expone una teoría muy curiosa. Si dejamos de hacer test PCR, o como quiera que se llamen, dice, se acabó la pandemia. A mí me parece una muy lúcida proposición. Porque es que, aunque procuro no seguir en la medida de lo posible todo este desideratum, las estadísticas que me llegan por las conversaciones que tengo siempre hacen referencia al número de contagios que no cesan de aumentar. Lo que nadie me cuenta es lo que aumenta el número de test que se hacen y, tampoco, cuantos de entre los que dan positivo tienen sintomatología, ni cuales son las circunstancias de los que tienen sintomatología, ni mucho menos las de los que mueren. En definitiva, para los que estamos habituados a leer prensa científica, todo esto es un puro camelo. Y eso por no hablar de lo que de camelo tiene la prensa científica en general. Que alguien diga cuántos paper, peiper en español, no han sido desmentidos al cabo de un tiempo por otras investigaciones.  

Bueno, no digo yo que no haya por ahí una gripe cabrona de las que se llevan por delante más viejos de lo habitual. Pero es que en esta ocasión la gravedad se ve aumentada exponencialmente por la campaña de terror en curso. Cualquier profesional de la cosa sanitaria sabe por experiencia las pocas probabilidades de curación que tienen los miedosos. Porque el miedo bloquea todos los mecanismos de defensa. Así que, empiezo a pensar que todo esto no es algo dirigido por pollos descabezados, como me señalan algunos colegas, no, cada vez pienso más que hay algo diseñado por mentes malignas para corregir los graves desarreglos demográficos que padecen algunos países. Quieren deshacerse de los viejos sea como sea. Por medio de un virus o porque nos tiremos por la ventana en masa. 

Bueno, tranquis, lo del Marcial solo ha sido un retraso. Al final ha abierto y, ahora, nueve de la mañana, alrededor de la puerta, bajo el toldo cochambroso, hay el jolgorio habitual. ¡Uf, qué alivio! 


miércoles, 4 de noviembre de 2020

Tu mateix

Como suelo ver Mountain Men, Fast an Loud, Candice Renoir, Asi lo hacen, y programas por el estilo, es inevitable que esté sometido a los encantos de la publicidad. Bueno, en realidad, como saben, todo sirve para el convento. Y es que con la publicidad en curso me he dado cuenta de una cosa muy curiosa: los anuncios de las mutuas sanitarias no hacen más que aumentar día a día. Me da la impresión de que hay muchas de nueva creación y los precios de enganche están muy por debajo de lo que yo vengo pagando ya va para veintitantos años en ASISA, una de las de toda la vida. 

Luego veo a unos sindicalistas viejos en la Puerta del Sol, megáfono en boca, gritando consignas a favor de la sanidad pública. Lo público es de todos y lo privado de uno, dice. ¿De todos? Mira que los hay inocentes. Como si el Estado no tuviera unos propietarios muy definidos. Tú militas en un partido y en un tristrás saltas todas las listas de espera, lo mismo para operar unas almorranas que para meter a tus padres en una residencia pública. Los partidos son dueños absolutos del 50% aproximadamente de PIB. O sea, ese sindicalista, o es un pillo o, sencillamente, es un estúpido. 

Así que los emprendedores, siempre al acecho, han visto que este es su momento. Lo que la gente se está ahorrando en bares lo puede gastar perfectamente en una mutua privada que te libre de esas horrorosas listas de espera y esos hospitales burocratizados que si no eres de los suyos te tratan como a un trapo. Ya ven, hasta los socialdemócratas pueden resultar trasquilados cuando van a por lana. 

Y es que no hay más que echar un vistazo a las elecciones en curso en los EEUU para darse cuenta de la decrepitud imperante. El mundo está pidiendo a gritos paso libre. O sea, derribar todas las barreras que han impuesto los Estados para pastorearnos sin que nos coma el lobo. Y claro, luego, lo siguiente, no dejarnos que cacemos a los lobos. Porque si nos dejasen cazarlos, a quoi bon tanta barrera. 

Pues sí, pagarse una mutua sanitaria en un buen inicio para empezar a derribar las barreras del Estado, Y lo mismo con la educación de los hijos. ¿Por qué te los va a tener que educar el Estado? ¿Para que puedas tener muchas cosas? Bueno, parece que esa es la intención. Así que, como dicen los catalinos, tu mateix.

martes, 3 de noviembre de 2020

"Ellos" otra vez

 




"Conócese la madurez en la espera de la credulidad: es muy ordinario el mentir, sea extraordinario el creer. El que ligeramente se movió hállase después corrido..."

"Si es posible, prevenga la prudente reflexión la vulgaridad del ímpetu."

Me leía anoche María una entrevista al coronel Pedro Baños. Alguna vez me paré a ver algún video suyo arrastrado por la fuerza impactante de los títulos que emplea. Por lo visto ha sido responsable de algo grande dentro de la OTAN, lo cual que como que, oye, escucha y punto en boca. Ya te digo, gente importante y enterada. Bueno, sacó a relucir lo del "soma" del Mundo Feliz de Huxley, aunque me pareció que hablaba de oídas. En cualquier caso, dijo, no hace falta que nos metan un chip con la vacuna obligatoria que ya se otea en el horizonte, porque la verdad es que el chip ya le llevamos puesto con todo el rastro de información que dejamos allí por donde pasamos. Saben tanto de nosotros que lo de manejarnos a su antojo es cosa de niños. O sea, que ya estamos otra vez con unos indeterminados "ellos", los mismos, supongo, que tanto le gustaba citar al ínclito García Calvo. Y yo que me parto. 

Ahora va a resultar que las personas tenemos más comido el coco que, pongamos por caso, cuando la Edad Media. Non sense. Ahora, como entonces, lo tiene comido el crédulo, es decir, el inmaduro o, si mejor quieren, el puto vago que prefiere la barra del bar o el banco de cualquier Iglesia a agarrar un libro y ponerse a estudiar. En esencia, ténganlo por cierto, nada de entre lo esencial cambia un ápice a lo largo de los siglos. Sí, las apariencias quizá. Ahora en vez de los cuarenta o cincuenta años de vida de por aquel entonces, se resiste hasta los ochenta o noventa, pero no se hagan ilusiones, porque esos cuarenta de más los pasamos íntegros tumbados en la playa, o sea, muertos vivientes, como decía Poirot. Lo comido por lo servido. Y entre ir por ahí en burro o andando o hacerlo en coche o bicicleta la única diferencia es que con las segundas opciones queda mucho más tiempo para no hacer nada, o sea, para estar muerto. 

Así que vamos a ver si nos es posible prevenir la vulgaridad del ímpetu. Porque es absurdo sulfurarse que, como dijo el clásico, hay más honor en huír avergonzado que en vencer resistiendo. Huír, bien sure, de "ellos". O sea, de los demonios interiores... porque no hay manera de vencerlos. 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Las ofertas de Lidl

La verdad es que a este paso no sé a dónde vamos a llegar. Me refiero al espinoso asunto de las prohibiciones. Ahora resulta que el gobierno francés va, coge, agarra y prohíbe a los supermercados vender cualquier tipo de producto que no sea de primera necesidad. Por ejemplo, las flores, que sí, siempre me pareció una chorrada comprarlas donde fuera que fuese dado que el campo está lleno de ellas, pero es que también los libros. O sea, que viene a querer decir el gobierno francés que los libros no son de primera necesidad. ¡Quién lo hubiese imaginado!

El caso es que piensan esos gobernantes que si los supermercados no venden ni libros ni flores, el comercio del centro de las ciudades va a volver por sus fueros. No sé, porque nunca se puede predecir lo que pasará cuando introduces una nueva variable en el sistema. Aunque la experiencia es la que es, o sea, que la mayoría de las veces el tiro sale por la culata. Que no por otra causa existió la Escuela de Salamanca o la Austriaca de Economía. Se dieron cuanta esos señores de que en la economía como en casi todo lo que mejor suele funcionar es el orden espontáneo. El prohibido prohibir que decía Chumy Chúmez, para que nos entendamos. 

Pero es que, además, lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que esos gobernantes obvían la evidencia de que ya solo compran libros y flores en los supermercados los cuatro analfabetos informáticos que van quedando. El común de los mortales, a día de hoy, cogen, agarran el móvil, teclean cuatro letras, dos números y ya tiene comprado lo que sea que necesiten. Por eso es que lo que más abunda en las ciudades son las furgonetas de reparto.  Y sin embargo, ya ven, los políticos parecen no apercibirse de ello... porque, de lo contrario, supongo, ya estarían implementando, como ellos dicen, una ley para prohibir el comercio telemático. 

Si les he de ser sincero, a mí este sistema imperante cada vez se me asemeja más al régimen feudal. Los políticos esquilman a los ciudadanos a golpe de impuestos para pegarse la gran vidorra. La imagen del presidente Sánchez recorriendo palacios este aciago verano es buena prueba de lo que digo. Y así hasta cuatrocientos mil que dicen que hay en España. Ni a uno ha matado ésta que dicen letal pandemia. Son tan poderosos que hasta a las estadísticas burlan. Son inmunes a todo, pero sobre todo al desaliento. Porque de lo contrario, dado lo que se opina de ellos, andarían un poco alicaídos. Pero no, les basta inventar un insulto, digamos que negacionista, para que se les insufle el ego y vuelvan a hacer la rueda. 

En resumidas cuentas, que esto tiene que petar sí o sí, como se dice ahora cuando se quiere dar a entender lo inevitable. ¡Ya te digo, prohibir a los supermercados...! Con lo que a la gente le mola las ofertas de Lidl. En fin. 


domingo, 1 de noviembre de 2020

Les choses de la vie

Siempre hay idiotas convencidos de que "esto lo resuelvo yo". Cómo se nota que no han leído un solo libro de historia. Anoche vimos la película Suez en la que se recrea al joven y apuesto Lessep en allures de titán para curarse del mal de amores que le había producido Eugenia de Montijo. Recién pasado el ecuador del siglo XIX, Francia no es una excepción, es decir, también en ella se están sufriendo los nefastos efectos secundarios a un desarrollo tecnológico galopante. Las diferencias sociales se agigantan, el campo emigra a la ciudad... en fin, todas esa cosas que en principio descolocan a la gente y, a la postre, la encabronan. Y esa es la cuestión incuestionable, que la democracia es un sistema político que no tiene herramientas para encauzar el encabronamiento de las gentes una vez que se rebasan ciertos límites. Las revueltas callejeras hacen la vida muy desagradable a los que viven más o menos acomodados. Los mismos que no tardan en levantar la voz para pedir mano dura. Así, en la película, siguiendo, pienso, las tesis del "18 de Brumario de Luis Bonaparte" de Karl Marx, dan a entender que el presidente, el tal Luis, sobrino de Napoleón, fomenta dichas revueltas callejeras para cargarse de razones y pegar un golpe de estado en el que disuelve la asamblea y se declara emperador. En cierto sentido, lo mismo que hizo Cesar. 

Lessep, al margen de todo, se va a Egipto a unir el Mar Rojo con el Mediterráneo abriendo un canal por el istmo de Suez. Una epopeya desde luego que, a la postre, no hubiera podido llevar a cabo sin la ayuda decisiva de Inglaterra. ¿Y por qué Inglaterra? ¿Acaso no tenían allí los mismos problemas que en Francia o Prusia? Pues no, no los tenían porque habían construido un imperio en el que podían colocar todo lo que producían en la metrópolis. Francia y Prusia, por contra, se lo tenían que comer. Que no por otra causa es que hubiese, primero, la Guerra Francoprusiana, después, la primera Gran Guerra y, a continuación, la Segunda. Sí, hace todavía menos de un siglo que si no se podía vender todo lo que se producía se salía a buscar mercados por medio de la guerra. Y, aquí reside, precisamente, el gran drama de la contemporaneidad, que, como existen las bombas atómicas, el remedio de las guerras es peor que la enfermedad de tener que comerse los excedentes de la producción. 

En resumidas cuentas, que los racionalistas franceses tuvieron la idea, pero quienes la llevaron a cabo y, a la postre, sus principales beneficiarios, fueron los pragmáticos ingleses. Luego, creo recordar, con el canal de Panamá, pasó algo parecido, con los gringos, en este caso, de culminadores y beneficiarios del invento. Los franceses, ¡pobres!, tiran, como ellos dicen, el pedo más alto que el culo y por eso siempre se quedan a verlas venir... pero esto es otra historia.

A lo que iba es a que no sé si ustedes se habrán dado cuenta de lo revuelto que está el patio. A mí, la verdad, me recuerda mucho a lo del 18 de Brumario. ¡Esto hay que pararlo de alguna manera!, grita uno de los youtubers más asentados del nuevo panorama mediático. Otros muchos le hacen eco. Y yo me pregunto sobre quién pudiera ser el nuevo emperador en ciernes. Bueno, al tal Sánchez no creo le falte inepcia para poder aspirar al cargo. Casi tanta como la que exhibió Luis Bonaparte, bien sure. Aunque, claro, no tiene a su lado una Eugenia de Montijo para que le dore los blasones.   

En fin, les choses de la vie.