Apenas les queda a Critilo y Andrenio quince páginas de vida. Quince de ochocientas doce que les va a durar. Por eso ya andan decrépitos y rondando la casa de la Muerte. Como era de esperar, Andrenio, el que más la desaprovechó tirando siempre por el lado más facil, es el que lleva en la ocasión, como se suele decir, el culo prieto. Y más prieto que se le pone cuando sucede lo que sigue:
“…, cuando ceñó la Muerte a una Decrepitud y la dixo:
-Llégate ahí y emprende de buen ánimo, que yo acometo cara a cara a los viejos, si a traición a los jóvenes, y acaba ya con esos dos passageros de la vida y su peregrinación tan prolija, que tienen ya enfadado y cansado a todo el mundo. Vinieron a Roma en busca de la Felicidad y habrán encontrado la Desdicha.”
-Aquí perecemos sin remedio-, iba a decir Andrenio, pero helósele la voz en la garganta y aún las lágrimas en los párpados, asiéndose fuertemente de su conducidor peregrino.
-¡Buen ánimo!-, le dixo éste-, y mayor en el más apretado trance, que no faltará remedio.
-¿De qué suerte –replicó-, si dicen que para todo le hay sino para la muerte?
-Engañóse quien tal dixo, que también le hay, yo lo sé y nos ha de valer agora.
-¿Cuál será ésse? –instó Critilo… “
El artificio de la inmortalidad. Todo el mundo le busca a su manera. Siempre que algún grupo de turistas me pide que por favor les haga una foto, después de hecha con toda la amabilidad de que soy capaz, al devolverles la cámara les digo cual si fuera Jesucristo: id tranquilos que ya estáis inmortalizados. Algunos se ríen, pero por lo general ponen cara de no entender lo que he dicho, y es que el vulgo suele ser muy corto. Y claro, no es el momento de explicarles lo que he querido decirles, así que les dejo continuar disfrutando la contemplación del monumento a la castañera sito en la Calle Mayor, o cualquiera que sea el motivo de su admiración. Por todo lo cual prefiero dejar que sea el conducidor de Andrenio el quejica y Critilo el sagaz el que se explaye con el asunto:
“No pudo contener ésta su desazón allí en sus interioridades, a lo sagaz y prudente, sino que la manifestó luego a lo vulgar y llegó a dar quexas al Hacedor supremo. Oyóle las mal fundadas razones de su descontento, escuchóle la prolixa ponderación de su sentimiento, y respondióle: <<¿Y quién te ha dicho a ti que no te he concedido yo mucha más larga vida que al cuervo y que al roble y que a la palma? ¡Eh, acaba ya de reconocer tu dicha y estimar tus ventajas! Advierte que está en tu mano el vivir eternamente. Procura tu ser famoso obrando hazañosamente, trabaja por ser insigne, en las armas, en las letras, en el gobierno; y lo que es sobre todo, sé eminente en la virtud, sé heroico y serás eterno, vive a la fama y serás inmortal. No hagas caso, no, de esa material vida en la que los brutos te exceden; estima, sí, la de la honra y la de la fama. Y entiende esta verdad, que los insignes hombres nunca mueren.>>
Y así fue que el conducidor les invitó a subir en una chalupa hecha de cedro incorruptible y taraceada con ingeniosas inscripciones para surcar aquel extraño mar que llevaba a la isla de la inmortalidad.
“…Iban perdiendo tierra y ganando estrellas, y todas favorables, con viento en popa, por irse reforzando siempre más y más los soplos del aplauso. Y para que fuese el viaje de todas maneras gustoso, iba entreteniéndoles el inmortal con su sazonada erudición: que no hay rato hoy más entretenido ni más aprovechado que el de un bel parlar entre tres o cuatro. Recréase el oído con la suave música, los ojos con las cosas hermosas, el gusto en un convite, pero el entendimiento, con la erudita y discreta conversación entre tres o cuatro amigos entendidos, y no más, porque en pasando de ahí, es bulla y confusión. De modo que es la dulce conversación banquete del entendimiento, manjar del alma, desahogo del corazón, logro del saber, vida de la amistad, y empleo mayor del hombre.”
En resumidas cuentas, que ayer, en vez de chalupa, tomé el regional exprés hacia mi particular ínsula de inmortalidad para darme unos cuantos banquetes del entendimiento, desahogos del corazón, etc, etc., empleos mayores del hombre. A chupar vida que le dicen, como cualquier vampiro que ya quedó exhausto de ella de tanto deambular por las sombrías salas del castillo interior. ¿Dónde habré puesto el móvil?
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