"Opinaron algunos sabios que, con ser el hombre la obra más artificiosa y acabada, le faltaban aún muchas cosas para su total perfección. Echóle uno menos la ventanilla en el pecho, otro un ojo en cada mano, éste un candado en la boca, y aquel una amarra en la voluntad. Mas yo diría faltarle una chimenea en la coronilla de la cabeça, y algunos dos, por donde se pudiessen exhalar los muchos humos que continuamente están evaporando del celebro; y esto mucho más en la vejez, que si bien se la considera, no hay edad que no tenga su tope, y alguna dos, y la vejez ciento. Es la niñez ignorante, la mocedad desatenta, la edad varonil trabajada y la vejez jactanciosa: siempre está humeando presunciones, evaporando jactancias, cebando estimaciones y solicitando aplausos. Como no hallan por donde exhalarse estos desapacibles humos, sino por la boca, ocasionan notable enfado a quienes les oyen, y mucha risa si son cuerdos.
¿Quién creyera que Andrenio, y mucho menos Critilo, recién caldeados en las oficinas de la cordura, frescamente salidos de darse un baño moral de prudencia y atención, habían de errar jamás las sendas de la virtud, las veredas de la entereza? Pero así como dentro de la más fina grana se engendra la polilla que la come y en las entrañas del cedro el gusano que le carcome, assí de la misma sabiduría nace la hinchazón que la desluce, y en lo más profundo de la prudencia la presunción que la desdora."
Nunca, por tanto, se debe bajar la guardia. Precisamente ahora, cuando ya se supondría que debiera llanear como sobre seda a causa de tanto escarmiento en cabeza propia, voy y me topo con la dura realidad de siempre estar humeando presunciones, evaporando jactancias, cebando estimaciones y solicitando aplausos. Por no hablar de la hinchazón que desluce lo que pudiera ser una cierta sabiduría adquirida a costa de los muchos años ya vividos, de las muchas tierras recorridas, de los muchos libros leídos -y acaso alguno entendido-, y, sobre todo, de las muchas sabrosas conversaciones con los amigos sabios y discretos, que en esto la Fortuna me hizo millonario a todo lo largo de la vida.
Ese es el caso de casi todos los viejos, que por negarse a llevar cachaba tienen la ciudad sumida en la pestilencia. ¿Se acuerdan del enigma de la Esfinge? De nuevo, me parece, todas las ciudades vuelven a ser Tebas. Ayer, precisamente, pasé por el taller de bicicletas que tanto frecuento a interesarme por el patrón. El pobre hombre tiene setenta y ochos años y sigue queriendo hacer carreras. Y por eso estaba en la UCI cuando fui a cambiar el manillar la semana pasada. Nunca es suficientemente alto un manillar para un viejo le dije ayer al verle ya recuperado que no convencido.
Sí, así es, detrás de todo viejo hay un potencial abuelo Cebolleta a nada que la que pintan calva se presenta. Es la cosa del deterioro que no se puede reconocer porque estamos programados para que así sea. Y por eso no conviene hacerse la menor ilusión: lo único sensato es escuchar los clarines que tocan ya a retirada y agenciarse una tranquila habitación con una ventana desde la que poder divisar cada tarde un red splash in the western horizon.
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