miércoles, 26 de octubre de 2016
Common sense
No sé quién habrá sido el que inventó ese galimatías que afirma que el sentido común es el menos común de los sentidos. Va de soi que si es poco común no puede ser común sino, en el mejor de los casos, elitista y, en el peor, asesino. Sin embargo, poco o muy común, todos sabemos a qué estamos apelando cuando nos referimos a él. A la experiencia en concreto que es la única guía posible cuando hay que decidir sobre asuntos sujetos a multitud de variables difícilmente cuantificables.
Bien es verdad que, precisamente por ser el común el menos común de los sentidos, se presta a ser interpretado de muy diversas maneras. Siempre recordaré como en los albores mi desarrollo profesional tuve que confrontarme en no pocas ocasiones con las barbaridades que llevaban a cabo los practicones, unos tipos que todo lo fiaban a lo que ellos llamaban “en mi experiencia”. Para ellos su experiencia era una intuición basada en un caso práctico en el que había sonado la flauta acaso por casualidad. De ninguna manera necesitaban la confirmación por medio del método científico que, por otra parte no tenían ni zorra idea de lo que era eso. Todo lo cual no empecía para que gracias a su labia y sus trajes bien cortados atrajesen a una numerosa clientela con la que se forraban.
Así, los que ya veníamos con los deberes hechos nos tirábamos de los pelos porque sabíamos que la experiencia, y por tanto el sentido común, no era otra cosa que el triunfo de la ciencia estadística. Es decir la única lógica posible a la hora de decidir sobre lo que por su propia naturaleza es escurridizo.
Pues bien, en este aparente guirigay de la política oficial actual parece que se está llevando el gato al agua un profesional al que nunca le escuché apelar a otra ideología que a la del sentido común. Los problemas, en un momento dado, sólo tienen una solución que es la dictada por el sentido común. O el sentido de la experiencia contrastada por la ciencia estadística. Todo lo demás son esa mandanga que antes decían en “mi experiencia” y hoy le llaman ideología. Engañabobos, en definitiva.
No puede haber ya, a estas alturas de la fiesta, con un treinta por ciento de población pasada por las universidades, otra ideología triunfante que la del cálculo matemático. La primera derivada para máximos y mínimos y la segunda para los puntos de inflexión. Sentido común en estado puro. Es decir, sentido elitista cada vez más generalizado. Y por eso todo pita como pita.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario