"Estorbóles el proseguir un confuso tropel de gentes, que a todo correr, venían haciéndolo por aquellos caminos, harto descaminados, al derecho y al través, atropellándose unos a otros, y todos desalentados. Y lo que más admiración les causó fue ver que los mayores hombres eran los primeros en la fuga y que los más grandes alargaban más el paso, y echaban valientes trancos los gigantes, y aun los cojos no eran los postreros. Atónitos nuestros flemáticos peregrinos, començaron a preguntar la causa de tan fantástica retirada, y nadie les respondió: que aun para eso no se daban vagar.
-¿Hay tal confusión? ¿Viose semejante locura?- dezían.
Cuando más admirado uno de su admiración dellos, les dixo:
-O vosotros sois grandes sabios o unos grandes necios, en ir contra la corriente de todos.
-Sabios no -le respondieron-, pero sí lo deseamos ser.
-Pues mirad que no muráis con ese deseo.
Y atrancó cien pasos.
-¡A huir, a huir! -venía voceando otro-, que ya parece que desbucha.
Y pasó como un regañón.
-¿Quién es ésta que anda de parto? -preguntó Andrenio.
Y el acertador:
Poco más o menos, ya yo adevino lo que es.
-¿Qué cosa?
-Yo os lo diré: éstos sin duda vienen huyendo del reino de la Verdad, donde nosotros vamos.
-No le llames reino -replicó uno de los trásfugas-, sino plaga, y con razón, pues assí lastima; y más hoy que tiene alborotado el mundo, solicitándose la ojeriza universal.
-¿Y qué es la causa -le preguntaron- ¿Hay alguna novedad?
-Y bien grande. ¿Esso ignoráis ahora? ¡Qué tarde llegan a vosotros las cosas! ¿No sabéis que la Verdad va de parto estos días?"
La verdad y la mentira, todo depende de los intereses del que lo mira. Así corre el mundo porque los mayores esfuerzos van encaminados a que así sea. Y por algo tiene que ser, porque la naturaleza no da punto sin hilo, como dicen los tertulianos, esos grandes trabajadores del encubrimiento so capa de develadores.
La verdad, efectivamente, descarnada y de golpe puede causar terremotos de consecuencias imprevisibles. Por eso se suministra a dosis de murmuración y muy dilatada en el tiempo. Pero que no quepa duda, al final tiene que prevalecer porque de lo contrario el mundo no avanzaría por exceso de pudrición.
Me explico:
Imagínense que el Presidente del Gobierno, subido en la tribuna del Congreso, se siente de repente obligado por la verdad descarnada. Y entonces va y dice: "Ustedes los nacionalistas vascos son una gentuza despreciable. Se han pasado ustedes décadas aprovechándose del sufrimiento del resto de los españoles en su propio beneficio y sin pronunciar una sola palabra de condolencia. Han recogido nueces hasta que ya no les cabía más en el seno y entonces han hecho como que no tenían nada que ver con los que torricaban el árbol, pero sin, a la vez, dejar de comer nueces a dos carrillos sin compartirlas con los demás. Y en ello persisten ahora cuando se les necesita: siguen insistiendo en demonizar a sus víctimas aún a sabiendas de que son precisamente sus víctimas los que les han echado tantas manos cuando lo han necesitado. Y saben de sobra que ahora que están en minoría nos tendrán de su lado, por más que nos traten de apestados, cuando sus socios de la izquierda folklórica les impidan sacar adelante leyes que el sentido común impone. Así son las cosas y conviene que se sepa, y que no les quepa duda que tarde o temprano la gentuza como ustedes acaba pagando por su necio egoísmo".
Pues bien, esto es más o menos lo que se lleva ya muchos años murmurando en las tertulias privadas de casi todos los españoles. Pero luego, en público, nadie se atreve a decírselo al amigo, o conocido, vasco que todo el mundo tiene. Ese amigo, o conocido, vasco que todo el mundo coincide en calificar de buena gente. Pero que a la hora de la verdad ha callado como una puta cuando los vecinos de su pueblo han hecho lo que han hecho en nombre de la santa tradición. Y el que calla ante determinadas circunstancias, sabido es, que asiente. Luego, ojo al parche con el amigo vasco que no rechista.
Y que nadie se engañe, que mientras la ficción persista, o la mentira para ser más claros, muchos seremos los que seguiremos mirando todo lo vasco con un cierto rictus de repugnancia. Nada se me ha perdido por allí. Ni por allí ni por nada de lo que a por allí huela. Y así seguirá siendo hasta que esos tipos digan y hagan lo que la gente, por así decirlo bien nacida, dice y hace cuando siente la necesidad imperiosa de resarcir a sus víctimas. De restaurar la verdad, en definitiva.
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