martes, 11 de octubre de 2016

Opus Kardashianicus

De entre las pestilencias de las que nunca se ve libre la humanidad la que más me fascina a la vez que me da miedo es el fanatismo en sus millones de formas de manifestarse. Al respecto hay una novela de Margarita Youcenar, Opus Nigrum, que recomiendo a quien quiera mejorar su conocimiento sobre la materia. Es la historia horripilante de una ciudad que entrega su alma a un loco. Un caso extremo, desde luego, como pudo ser lo del nazismo o lo de los davidianos de Waco, pero, sin embargo, casos más templados los ha habido y los hay por todas las partes y hasta aseguraría que constituyen en buena medida el armazón sentimental que da estabilidad al mundo. El común de las personas no es precisamente Descartes, y por tal es que necesita una creencia sin fisuras en la que sustentarse. Si por ventura apareciese en esa creencia una fisura cartesiana la persona se desmoronaría y la sociedad solucionaría un problema para crear otro acaso mayor. 

No, no creo que sea fácil vivir sin algún tipo de fanatismo. O, por decirlo de otra manera, sin algún tipo de contrato con el demonio. Son esas aficiones de las que todos tenemos alguna y que cuando, por lo que sea, queremos, o necesitamos, elevarla a la categoría de trascendente y empezamos a hacer proselitismo de ella, ya estamos inmersos en la patología del fanatismo. Entonces, la paradoja, estamos tullidos pero corremos como gamos. Todo lo consideramos a través de una lente que deforma la realidad y la adapta a la medida de nuestro desvarío. Ya sólo queda encontrar a los afines, montar la secta y empezar por quererse hacer notar y acabar por querer dominar el mundo. 

Anyway, digan lo que digan los cataclismáticos y conspiranóicos, el mundo tiende hacia la apacibilidad. Será industria farmacéutica mediante o por lo que sea, pero así es pese a quien pese. Así, los antiguos fanatismos, cada vez más se mutan en modas, es decir en tendencias sujetas a los intereses del comercio. Por eso es que sea tan frecuente que el no va más de hoy sea el hazmerreír de mañana. De pronto los comerciantes encuentran un nicho explotable, ponen la maquinaria en marcha y en cuatro días cambian el gusto del mar por el de la montaña. El caso es vender uniformes. Porque como decía aquel chiste de La Codorniz sobre chachas y soldados, hay que ver lo que favorecen los uniformes. 

Así las cosas, les voy a hacer otra recomendación por si quieren, no mejorar ya su conocimiento del tema, sino hacer un master al respecto: vean los programas dedicados a la familia Kardashian. No tienen desperdicio. Es una familia con unas capacidades, diríamos que titánicas, para absorber todos los fanatismos del momento. Le dan a todo lo que suponga gastar grandes cantidades de dinero. Son, sin duda, el ejemplo más recomendable a seguir. Por cierto que viendo tal programa me he enterado de que lo que más se lleva ahora por las calles de Los Ángeles es ir en bicicleta, pero llevando sujeto con una correa un gran perro de largas guedejas. ¿Por qué una sola cosa si podemos con dos? Ya lo dicen los catalanes, lo bueno es pel davant i pel darrera. Y hay que ser buen alumno.

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