Anoche pasaron por la televisión estatal una película que no era otra cosa que la enésima versión del modelo narrativo que puso en circulación Cervantes cuando inventó lo del Quijote. Por cierto que pienso que hubiese sido más justo titularlo El Quijote y el Pancista, o Un Paseo por La Mancha, porque, en la eficacia del modelo, tanto monta, monta tanto el Quijote como Sancho. Ese entrelazado entre el vivir en las nubes y la tierra que continuamente está cambiando de titularidad. Conglomerado de realismo y ficción del que ninguna vida puede escapar por mucho que la apariencia muestre en ocasiones un predominio abrumador de lo uno sobre lo otro.
La película en cuestión tiene por título "Un paseo por el bosque" y, in my opinion, podría considerarse un verdadero tostón de no haber sido interpretada por Robert Redford y Nick Nolte. Bueno, y una encantadora Emma Thompson haciendo de Dulcinea. En cualquier caso ahí están confrontados el ganador con el fracasado... aunque una mirada gracianesca suscite al final de la historia serias dudas sobre el quién fue quién en el casi maniqueo reparto de papeles.
Desde luego que la vida en absoluto es maniquea y cada persona lleva dentro de sí todas las personas. Y todos somos hábiles para algo y tontos para mil cosas. Comprender tan manifiesta obviedad es clave para andar por el mundo con una cierta gracia. Y no es fácil, la verdad, que no por otra cosa arrasa la insolente turba. Gente convencida de que con ir donde va Vicente ya tiene resuelto su "conocete a ti mismo". En fin, éste es otro asunto.
Así es que Robert Redford y Nick Nolte, dos vejetes existencialistas, cada uno a su manera, se van juntos a recorrer la ruta de los Montes Appalaches. Y claro, les suceden cosas propias de su edad y condición. Confrontación con las ya muy limitadas aptitudes físicas, conversaciones interesantes, confidencias a media voz, debilidades afloradas, cosas intrascendentes por lo demás. Quizá, pensaba mientras lo veía, si hubiesen metido aquí la música de Aaron Copland, "Appalachian Spring" o "La fanfarria para el hombre corriente", la película hubiera ganado en intensidad. Pero se deja ver en cualquier caso. Y más teniendo recientes dos excursiones de varios días por el campo, una en soledad y otra con amigos. Y que al final de ambas dos, por cierto, no pude evitar hacerme la misma pregunta que se hace el, por así decirlo, fracasado de la película: ¿y ahora qué? El drama de pelear con un futuro que ya difícilmente tiene razón de ser.
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