Acabamos de pasar Bárcena, al pie de la concha que limita el valle por su extremo sur, y empezamos la ascensión a la meseta por los sucesivos loops que los ingenieros idearon para ir ganando altura sin apenas avanzar. Vueltas y revueltas, túneles y precipicios y al fondo del valle siempre el mismo pueblo. Dentro de nada estaremos en Reinosa, que ya es Meseta, y ya nada será igual. Del reino de Dionisos habremos pasado al de Apolo. De la insistente celebración al discreto deleite del distanciamiento. Conviene conjugar para no aborrecer.
Reinosa ya. ¡Es tanto lo que me liga a este lugar! Me crié escuchando historias de reyes y princesas y ya de mayor me enteré de lo horrorosamente mal que había terminado todo aquello. Así todo, incluso mirando por la ventanilla del tren puedo apreciar los restos incólumes de aquel reino. La casa que mi abuelo le hizo a mi abuela, Villa Carmen, un palacio de ensueño. No sé, pero puede que un día regrese para quedarme. Es una idea que me tienta cada vez que paso por aquí.
Pozazal, rebasada ya la cordillera, me pregunto por qué me atraen tanto estos paisajes tan distintos de los de mi infancia. Quizá tenga que ver con el gusto por los horizontes lejanos tan propio de los fóbicos sociales. O de los tendentes al carácter melancólico.
Las Tuerces, el último escollo antes de adentrarse en la llanura. Ahí arriba están los restos de una fortaleza romana que primero fue vacea y sabe dios qué más. Villela, cortando el último paso. La fuente de La Gallina y ya estamos en Alar. Tierra de Proscritos. Y de inestimables recuerdos.
Allá, sobre la colina, San Quirico y Santa Julita presidiendo la vega. Siento que nunca he sido más de un lugar.
El resto hasta Palencia, un corto paseo entre campos que empiezan ya a ser arados para la siembra. En algunos el girasol presto ya para la cosecha. Todo adormecido en cualquier caso. A lo lejos destaca la impresionante silueta de La Moza de Campos. Luego la de El Pajarón. Ya llegamos.
Iré a buscar a María y nos acercaremos a lo del Chaval de Lorezo, en el Salón, a cenar algo.
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