domingo, 23 de octubre de 2016

El cálculo




No me extraña nada que Bob Dylan, un tipo listo sin duda, no quiera saber nada de lo del Nobel. Porque, al margen de lo paradójico que pueda resultar que se lo hayan querido dar, lo que no es discutible es que esos y otros premios son una suerte de certificados de defunción por anticipado de la persona premiada. Es decir, un a modo de reconocimiento de que ya no se espera nada de ella en adelante que no sea dejarse ver por las pistas del circo mediático como si fuese un mono que sabe dar volteretas. La verdad es que veo al pobre Vargas Llosa en esas portadas y se me parte el corazón. ¡Por Dios bendito, qué decadencia! Qué necesidad tendría. 

Sin embargo, hay otro tipo de reconocimientos que son certificados de vida al margen de la edad del reconocido. Y el ejemplo más paradigmático, si me lo permiten, son las entrevistas que hace en Bloomberg Charlie Rose. Si a ti te llaman para ser entrevistado allí puedes estar seguro de que es porque el mundo tiene constancia de que tienes algo que decir que merece la pena que sea escuchado. Y si no te llaman, pues no pasa nada, pero que sepas que hay un sitio donde se pueden escuchar cosas que dan una idea bastante real del mundo en el que vivimos. Ya puede ser Kenneth Branagh desmenuzando a Macbeth o Salman Khan recomponiendo el puzzle educativo. 

Es exactamente eso, el mundo de los vivos. La Khan Academy. Sesenta millones de alumnos diarios para cuarenta profesores. Y se lo digo por la propia experiencia, nunca estuve en sitio donde aprendiese más. Porque allí hay una máxima que nunca se traiciona: no se permiten grietas en el edificio del conocimiento. Si aparece alguna en un piso se para la construcción hasta que quede perfectamente resuelto el problema. Paso a paso, esos sesenta millones avanzan por el camino adecuado hacia el sueño de Khan: invertir la pirámide social. Por fin, después de tanto sueño truncado, hemos dado con el revolucionario total, tecnología mediante, bien es cierto. Es la visión certera. Si en vez de un uno por ciento de la población es un veinte o un treinta los que dominan el cálculo podemos estar seguros sin miedo a equivocarnos de que se acabaron los pastoreos de todo tipo. Los corderos habrán devenido personas y las motos averiadas costará mucho más venderlas... lo que será, en definitiva, la prueba del nueve de que los tiempos han cambiado, pero de verdad y no a lo progre.   

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