lunes, 10 de octubre de 2016

Moscas a la miel

Recuerdo que a principios de los ochenta iban a tener lugar elecciones en los EEUU y uno de los contendientes era Ronald Reagan. Pues bien, por aquel entonces si querías pasear tranquilo por el Parque del Retiro un domingo al medio día era obligatorio llevar el "diario independiente de la mañana" bajo el brazo. Llevar el ABC, ni al más osado se le hubiera ocurrido so pena de ser vapuleado por las masas. Así que leer el catecismo socialdemócrata era, por así decirlo, de obligado cumplimiento. Y tampoco era cosa extraordinaria ya que se trataba de una generación de lectores que venía muy entrenada de tanto haber mamado a los pechos del Padre Astete. De catecismo a catecismo y tiro porque me toca. 

Lo que quería señalarles es que el diario independiente de la mañana, el hoy convertido en global, empleaba todos sus esfuerzos en demostrar y con ello convencer a sus lectores guay, que el candidato republicano, el citado Ronald Reagan, era simple y llanamente oligofrénico. Y a fé que lo había conseguido. Para toda la progresía española, y por ende la europea, Ronald Reagan no era otra cosa que el símbolo vivo y feaciente de la imparable decadencia del imperio del mal, los EEUU de América. Y mira tú por donde que treinta años después, los EEUU están mas rezongantes si cabe que nunca y cuando les preguntan a sus habitantes que quién fue el mejor Presidente del último siglo hay consenso generalizado de que fue Ronald Reagan. Las cosas que hay que ver y oír en esta vida, y lo poco que se la suelen envainar los gilipollas. 

Por todas estas cosas que les cuento, paso de largo por todo este rollo mediático que hay montado acerca de Donald Trump. Si que parece un tipo un poco friky, pero ¿no es eso lo que se espera de un presidente en estos tiempos? Tiempos de Bill Gates, de Elon Musk, de Bloomberg, de Jobs, Buffett, Bezos, y un buen montón de gente por el estilo que dejan ya muy poco margen al poder oficial. Poco margen que difícilmente puede ser empleado en otra cosa que no sea la industria del entretenimiento, o sea, en aliviar en la medida de lo posible los enormes estragos que produce el monstruo que cabalga  impávido nuestra era destruyéndolo todo: el ocio. Por eso y no por otra cosa es, no sé si se habrán dado cuenta, el empeño que ponen todos los políticos en organizar eventosidades de toda laya en el inútil intento de evitar que la gente se desmorone.

Espectáculo, espectáculo y más espectáculo, y por eso nada de raro tendría que Donald Trump llegase a presidente. La última que le achacan es alguna verdad que ha dicho sobre las mujeres. Que se van tras los hombres ricos como las moscas a la miel, o algo así. !Fíjense qué mentira! Y le quieren defenestrar por ello. Ya lo decía Gracián, que nada hay más odioso y peligroso que la verdad. Por cierto que también decía que ninguna cosa es mala del todo, siempre tiene algo bueno, menos las mujeres que todo es maldad. Y, claro, eran otros tiempos cuando lo dijo, pero a nadie se le ocurrió tirársele al cuello porque, al fin y al cabo, todo el mundo con dos dedos de frente sabe que palabras por palabras sería difícil saber quién la dijo mes grossa, si un hombre o una mujer, que en ambos géneros hay indivídualidades con serios problemas para entenderse con el contrario. 

Por eso les digo que, ojo al parche, porque nada suele ser lo que nos quieren hacer creer por motivos mayormente de ruindad. Personalmente, me importa un rábano quién vaya a ser el próximo presidente de los EEUU. Y no por nada sino por tener la absoluta certeza de que eso es algo que en nada me va a afectar. Ni siquiera a efectos de entretenimiento, porque esa película, aparte de mala, la tengo ya vista mil veces.  

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