"Si es posible, prevenga la prudente reflexión la vulgaridad del ímpetu."
Me leía anoche María una entrevista al coronel Pedro Baños. Alguna vez me paré a ver algún video suyo arrastrado por la fuerza impactante de los títulos que emplea. Por lo visto ha sido responsable de algo grande dentro de la OTAN, lo cual que como que, oye, escucha y punto en boca. Ya te digo, gente importante y enterada. Bueno, sacó a relucir lo del "soma" del Mundo Feliz de Huxley, aunque me pareció que hablaba de oídas. En cualquier caso, dijo, no hace falta que nos metan un chip con la vacuna obligatoria que ya se otea en el horizonte, porque la verdad es que el chip ya le llevamos puesto con todo el rastro de información que dejamos allí por donde pasamos. Saben tanto de nosotros que lo de manejarnos a su antojo es cosa de niños. O sea, que ya estamos otra vez con unos indeterminados "ellos", los mismos, supongo, que tanto le gustaba citar al ínclito García Calvo. Y yo que me parto.
Ahora va a resultar que las personas tenemos más comido el coco que, pongamos por caso, cuando la Edad Media. Non sense. Ahora, como entonces, lo tiene comido el crédulo, es decir, el inmaduro o, si mejor quieren, el puto vago que prefiere la barra del bar o el banco de cualquier Iglesia a agarrar un libro y ponerse a estudiar. En esencia, ténganlo por cierto, nada de entre lo esencial cambia un ápice a lo largo de los siglos. Sí, las apariencias quizá. Ahora en vez de los cuarenta o cincuenta años de vida de por aquel entonces, se resiste hasta los ochenta o noventa, pero no se hagan ilusiones, porque esos cuarenta de más los pasamos íntegros tumbados en la playa, o sea, muertos vivientes, como decía Poirot. Lo comido por lo servido. Y entre ir por ahí en burro o andando o hacerlo en coche o bicicleta la única diferencia es que con las segundas opciones queda mucho más tiempo para no hacer nada, o sea, para estar muerto.
Así que vamos a ver si nos es posible prevenir la vulgaridad del ímpetu. Porque es absurdo sulfurarse que, como dijo el clásico, hay más honor en huír avergonzado que en vencer resistiendo. Huír, bien sure, de "ellos". O sea, de los demonios interiores... porque no hay manera de vencerlos.

Pues sí,querido amigo.No hace falta meter ningún chip ni ninho muerto.La comida de coco es ya legendaria.El otro día hablé con un antiguo cliente .Le había pedido el rastro,cosas de la vida.comentando un poco el mundo,me dí cuenta de que era Podemita..Un senhor hecho y derecho ,con cincuentaytantos anhos..!!En cinco minutos me sacó lo del Pazo de Meirás ,que si Franco y que la derecha en Espana seguía siendo Franquista...Yo me preguntaba ,cómo es posible? qué Chip le habían metido ? quizá por el culo? por el Orto,como dicen los Argentinos?Otra explicación no tengo.A lo mejor el tal Pedro Banhos va a tener razón.Cómo decía ,creo ,Santiago Segura,"espero que me muera antes de que todos nos volvamos maricones por decreto y al final me dén por culo",o por el Orto.Si se lo digo a mi madre se muere del susto.
ResponderEliminarQuizá es que el resentimiento sea la única válvula de escape al alcance de la mayoría. Hoy día para estar en el mercado de trabajo hay que tener conocimientos muy complicados. De álgebra lineal para arriba. Ya no hay personas en las cadenas de producción. Las hay en los centros de programación. Así que las diferencias entre los que programan y los no saben hacerlo se han agigantado. Y no solo es cuestión de dinero. Más bien es de sensación de haberse quedado descolgado. Hay, ahora, miles de millones que solo pueden encontrar consuelo yendo a escuchar el sermón de la montaña.
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