jueves, 31 de diciembre de 2020

Señoritos contumaces

Muchas veces pensamos que lo que pasa es el producto de una intencionalidad cuya autoría solo podemos sospechar. Porque tanta coincidencia, nos decimos, no puede ser debida al mero azar. Por ejemplo, la concatenación de sucesos desafortunados que conducen irremisiblemente al caos. Por así decirlo, es un clásico de los libros de historia. El caos recurrente que, a la postre, siempre se resuelve pagando peaje de libertad. Porque es que si hay causa a la que el vulgo achaque el efecto del caos esa es el exceso de libertad. O de libertinaje, como se suele decir para que la represión subsecuente parezca más justificada. 

Precisamente, estuvimos viendo la otra noche la versión cinematográfica que hace Mankievicz del Julio Cesar de Shakespeare. Va de eso, de caos que se resuelve en tiranía. Cesar había derrotado a Pompeyo por las tierras que riega el Ebro. Es la primera contienda civil pormenorizadamente relatada, aunque lo hiciese el vencedor. Poco han podido añadir los sucesivos historiadores que han contado batallitas similares. Pompeyo era la libertad y Cesar la ley y el orden. Pero, en la realidad, aquella libertad era la misma que tenían los atenienses cuando mandaba Solón o los españoles cuando la república del 32. Y por la misma ecuación, la ley y el orden que trajo Cesar fue la misma que Pisístrato llevó a Atenas o Franco trajo a España. Lo que cuenta la película de marras, que viene a ser lo que contó Plutarco en su día, es que siempre se puede rizar el rizo. La contumacia de los señoritos siempre es letal. Al matar a Cesar lo único que consiguieron es que sus herederos diesen unas cuantas vueltas de tuerca más a la represión. Lo mismo que pasaba en España con los intentos de desestabilización que hicieron, recién acabada la guerra civil, los señoritos del partido comunista: se lo pusieron a Franco en bandeja. 

El caso es que todo parece indicar que estamos volviendo a las andadas. Es decir, a la contumacia de los señoritos. Chavales que han leído dos libros a los que no tenían derecho y que, para colmo, tienen unos padres cagones que con tal de no tener problemas con ellos les dejan que se coman el patrimonio que acumularon en los años de bonanza. Noche tras noche llenan sus cabezas de fantasías en plazas como la de Cañadío. Para ellos, ese consumo desaforado es la libertad. Están tan enganchados a la vagancia que son incapaces de intuir su complicidad con las mafias en la destrucción sistemática de las instituciones. Almas puras, cargadas de razones, se aprestan a apuntillar lo que queda del sistema que les malcrió. ¡Todos podemitas! Herederos naturales de aquel "we can" que puso de moda Obama. We, we, we... beeee. beeee, beeee. ¡Corderitos míos! ¡Por Dios bendito, es que nunca vais a aprender a andar de uno en uno por la vida!

En fin, el que no lo quiera ver, allá él, pero esto cada día que pasa está un poco más claro: a este caos inducido por la torpeza de los señoritos contumaces le empiezan a salir generales par-ci par-lá. Y es que siempre hay un roto para un descosido. Estén atentos a youtube y comprobarán que no hablo por hablar. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

La una en punto


 La una en punto y las dos colgando.

Como supongo sabrán, en las iglesias románicas que hay en los aledaños de la Cordillera Cantábrica se pueden observar multitud de figuras, esculpidas en los canecillos, tirando a obscenas. Es un asunto tan curioso que viene gente de muy lejos a observarlo. La que hay en Cervatos, cabe Reinosa, es de las más sobresalientes a tal respecto. Una vez vi un documental sobre ella en la cadena Arte seguido de un animado debate sobre el porqué de esas figuras. Y hubo entre los intervinientes todo tipo de imaginativas, o peregrinas, interpretaciones, pero la más consensuada era la que hacía referencia a cuestiones demográficas. Por los tiempos de la construcción de esas iglesias el territorio estaba muy despoblado y la iglesia trataba por todos los medios publicitarios a su alcance de incitar a la gente a reproducirse. Por lo que me han contado los spot no solo se mostraban en los canecillos, también los curas en sus homilías decían, y hacían, todo tipo de guarradas para que la gente nada más salir de las iglesias se fuesen a sus casas a fornicar. Bueno, ya saben lo que es la historia, o mejor los historiadores, que dejan a los novelistas a años luz en lo que a la imaginación hace. A saber qué intenciones hubo detrás de aquellos canecillos. Lo único que podemos saber a ciencia cierta es que ahí están porque los canteros los esculpieron. 

En cualquier caso, los temas demográficos siempre han estado de actualidad. Hasta que se descubrió la asepsia, y poco después la penicilina, la cuestión estaba clara: las mujeres estaban en el mundo principalmente para parir. Recuerdo, al respecto, que una vez que acompañaba a mi padre a atender un parto por la parte de San Roque, un pasiego que nos cruzamos por aquellas trochas le preguntó al futuro padre, que nos acompañaba para que no nos perdiésemos, si había alguien enfermo en su casa. No, le contestó, es mi mujer que está de parto. ¿Pues cuantos tienes ya? Este es el quinto. ¡Jo. menuda mina tienes en casa! Apenas acababa de comenzar la década de los sesenta y por los famosos valles pasiegos todavía predominaba esa mentalidad. Como ahora en las regiones más atrasadas de África.

Les cuento estas cosas porque, como saben, hay en ciertos sectores mucha preocupación por el aumento galopante de la población mundial. En realidad la preocupación comenzó a finales del XVIII, con la revolución industrial ya en marcha. La gente del campo se empezó a trasladar en masa a la ciudad y la sensación que se tuvo de inmediato en las ciudades fue la de que sobraba gente. Fue entonces cuando Malthus hizo sus famosas predicciones. De aquella época acá, la población se ha multiplicado por ocho o así. Y no es que nazcan muchos niños, es, sencillamente, que los que nacen no mueren. Ahí es donde, según los preocupados por el crecimiento, la hizo gorda Fleming. Pero, sea como sea, a donde quería llegar es a la interesante controversia que está teniendo lugar entre algunos de los que se pueden considerar los verdaderos amos del mundo, si es que eso puede existir.  Así es que tendríamos del lado de los muy preocupados al capitán Bill Gates y su ejercito de interesados benefactores y del otro a los despreocupados bucaneros Elon Musk y Jack Ma. 

El caso es que si nos ponemos a sintetizar las diferencias entre unos y otros podríamos decir que son las que hay entre la ingeniería social y el orden espontáneo. Bill, opta por la ingeniería y Elon y Jack por el laissez faire. Evidentemente las razones de una y otra actitud son el que el uno quiere ocuparse de los otros porque no se puede ocupar de sí mismo y los otros, por contra, están tan ocupados con sus asuntos que los de los demás se la traen al pairo. Así ha sido siempre y seguirá siendo, los que quieren organizarte la vida y los que viven y dejan vivir. Y no se engañen al respecto, porque si los primeros no paran de dar por el saco a todo dios, los segundo son los que a la postre pasan a la historia como benefactores de la humanidad. 

Así es que Elon y Jack hacen con lo de la superpoblación lo mismo que hago yo con lo de la pandemia, es decir, mirar los charts y extraer conclusiones. Cuestión de haber estudiado estadística y tener un poco de coco. Los números no engañan. En el 90% del territorio, o sea, prácticamente todo el planeta menos el África subsahariana, las tasas de reposición poblacional son negativas. Y por eso es que Elon y Jack están convencidos de en este siglo en curso la población mundial colapsará. Así que los ingenieros sociales tendrán que cambiar de chip, porque lo que, desde luego, nunca van a hacer es dejar de ser ingenieros, ¡Por dios, qué horror, ocuparse de sus propios asuntos! 

Conclusión, a los ingenieros sociales, con la ayuda de Dios no se los encuentren. Y si Dios les falla, saquen la pistola y péguenles un tiro.     

martes, 29 de diciembre de 2020

Trocar al trascandón

Como siempre ha sido y será, cuando las vacas van flacas, crece la picaresca. Ya hace meses que vi que en las paradas de autobuses se anunciaban mascarillas de Cantabria. "Porque no todo vale a la hora de prevenir. 99% de filtración". Ayer, cuando miraba un vídeo en youtube, apareció de repente el anuncio de unas mascarillas testadas para la nueva mutación del virus, también con el 99% de eficacia. Y por supuesto, Revilluca, el pícaro de tres al cuarto, lleva puesta mascarilla con el escudo de Cantabria hasta cuando va a cagar. Ya les dije un día que hemos vuelto a la superstición del detentebala. También cuando aquello había sinvergüenzas que fabricaban los escapularios milagrosos. 

La picaresca, en realidad, no es más que una cuestión darwiniana, si es que así se la puede llamar. Los mejor dotados por la naturaleza son los únicos capacitados para hacer frente a la adversidad, fabricando mascarillas, detentebalas, o, sencillamente, mentiras del tipo que a la gente común le gusta escuchar. Tengan en cuenta que las mentiras siempre han sido y serán la mayor fuente de consuelo con la que cuenta la humanidad. Por eso precisamente es que se haya acuñado el sintagma "mentira piadosa". De la misma manera que también se acuñó "la verdad duele". 

Y en esas estamos, en una fase de agudización de la necesidad de consuelo. Por eso la figura del pícaro es más imprescindible que nunca. La gente se muere porque la engañen. Y, entonces, ahí están los que saben trocar al trascandón para lo que haga falta que el personal necesite.  Por ejemplo, el general Pierre de Villier, del que hace días les vengo hablando, "veut réparer la France". ¿Lo cogen? Consuelo a tope para las legiones de venidos a menos. Si yo estoy jodido que se jodan los demás. Consuelo de tontos, sí, ¿pero es que acaso no son los tontos los que más sufren? O los menos dotados, si es que así lo prefieren. 

No sé por qué será, quizá porque necesito el consuelo de los tontos, pero me gusta ese general. O quizá sea por las mismas razones que a tanta gente le gustaba el general Franco cuando lo del 36. Es que tengo la percepción de que la barbarie ha pasado de ser un medio para conseguir un fin a ser el fin en sí mismo. Es lo típico de cuando el nihilismo se apodera de los espíritus. Supongo que el nihilismo imperante, que solo un idiota negaría, será la consecuencia inevitable de largos años de satisfacer deseos a bajo coste de voluntad. Un chasquido de dedos y, ¡zas!, ya estoy dorándome al sol del caribe. O cosa por el estilo, igual de estúpida, por supuesto. En cualquier caso, el general ya ha advertido: la lucha a venir no será cosa de meses ni de pocos años; es una guerra del espíritu y eso se gana muy lentamente. Porque él la va a ganar, que no les quepa la menor duda, aunque para ello se vayan a tener que acostumbrar a verle por los siglos de los siglos pronunciando trascendentales discursos en tribunas levantadas al efecto. De Gaulle, el mismo Franco, así lo hicieron y los resultados obtenidos a la vista están. 

En fin, picaresca para devolver a la barbarie a su condición de medio para conseguir un fin. Del nihilismo imperante hay que pasar al simple y llano pragmatismo. Y eso, que nadie se engañe, solo tiene un camino: la mano dura. Y, si no, ¿qué sentido tendría un general? Un general que, por supuesto, sepa trocar al trascandón. 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Jugar de la verdad

Ayer, voy, y por azar me entero de que nuestro queridísimo gobierno de la nación nos recomienda, porque no puede ordenar, que también en casa debemos llevar puesta la mascarilla. ¡Fantastic! Otra vuelta de tuerca. Aunque para mí que era innecesaria dado el grado terror que se ha apoderado del vulgo. Voy por las callejas desiertas de los suburbios de la ciudad y de vez en cuando me cruzo con alguien que, indefectiblemente, suelta una imprecación por lo bajini para que yo me entere de que soy un delincuente por no llevar mascarilla. Desde luego que qué lecciones estamos recibiendo sobre la verdadera naturaleza de la condición humana. 

Dice el Oráculo Manual: "Sépase que ai vulgo en todas partes. En la misma Corinto y en la familia más selecta. De las puertas adentro de su casa lo experimenta cada uno. Pero ai vulgo, y revulgo, que es peor: tiene el especial las mismas propiedades que el común, como los pedaços del quebrado espejo, y aún más perjudicial; habla a lo necio y censura a lo impertinente; gran discípulo de la ignorancia, padrino de la necedad y aliado de la hablilla. No se ha de atender a lo que dize, y menos a lo que siente. Importa conocerlo para librarse dél, o como parte, o como objecto. Que cualquiera necedad es vulgaridad, y el vulgo se compone de necios."

Sigo con interés los vídeos de Alfredo Diaz. Hoy ha colgado el que según dice será el último que hace sobre el tema de marras. Porque, sostiene, esto ya me está haciendo mal al espíritu. Es lo que tiene jugar a la verdad entre gente crédula, que predicas en el desierto. Desmoralizador en cualquier caso. 

Dice el Oráculo: "Saber jugar de la verdad. Es peligrosa, pero el hombre de bien no puede dexar de dezirla: ai es menester el artificio. Los diestros Médicos del ánimo inventaron el modo de endulçarla, que cuando toca en desengaño es la quinta esencia de lo amargo. El buen modo se vale aquí de su destreza: con una misma verdad lisongea uno y aporrea otro. Hase de hablar a los presentes en los passados. Con el buen Entendedor basta brujulear; y cuando nada bastare, entra el caso de enmudecer. Los príncipes no se han de curar con cosas amargas, para eso es el arte de dorar los desengaños."

Sí, es muy difícil, por no decir imposible, saber jugar de la verdad en estos tiempos de esperpento. Desde luego que hablar de los presentes en los pasados es una buena treta. De hecho, Antígona y Galileo están siendo citados más que nuca en los debates televisivos... por lo menos en los franceses, que son los únicos que yo escucho. Ni que decir tiene que se necesita gente con buena escuela para que entienda esas indirectas. Pero, por supuesto que la hay y el rumor sordo que empieza a levantarse desde las profundidades es buena prueba de ello. No va a haber psiquiátricos para internar a tanto avisado de la verdad.  

domingo, 27 de diciembre de 2020

Antígona again

El otro día les comentaba lo que había dicho un general francés, Pierre de Villiers, que la guerra civil no era en absoluto descartable. El caso es que se han hecho sondeos de opinión en Francia y, al parecer, hay una clara mayoría de franceses que opinan que el momento político pide una dictadura, es decir, autoridad y patriotismo. Y nuestro hombre, una vez más, es un general, casualmente Pierre de Villiers. Las conferencias, los debates, se multiplican por todos los platós alabando las cualidades del hombre que se enfrentó a Macrón. Su figura no cesa de crecer en el imaginario popular. El hombre providencial está siendo pergeñado. Es posible que en las próximas elecciones sustituya a Marine Le Pen como cabeza de lista del Frente Nacional. Para arrasar, claro está.

Así que, dado que en casa del vecino han empezado a pelar las barbas, bueno sería que pusiésemos las nuestras a remojar. Porque es que, en Francia, aquí, everywere, nos hemos dedicado con fruición durante los últimos cincuenta años a matar al padre, lo que queda muy freudiano y tal, pero los que hemos leído algo sabemos que tales despelotes, a la postre, nos traen al Creonte de turno, es decir, el tirano que desata la tragedia. Les digo lo de Creonte, porque en los debates de las televisión francesas es recurrente estos días la alusión a Antígona, la mujer que se opuso a Creonte porque no quería acatar ordenes que iban contra las leyes no escritas del cielo, o sea, justamente las que todo tirano quiere imponer para someter más fácilmente al pueblo. 

El general De Villier, un hombre de consenso, llega para cerrar el paso a un Creonte; será simplemente un dictador que se limitará a restaurar la autoridad perdida, sostienen los tertulianos, digamos que babeando. Ya saben, el cuarto poder que le dicen, marcando paquete. O el camino a seguir. No tengo ni idea de cómo funciona ese invento, pero me lo puedo suponer porque lo primero que suele hacer alguien cuando se convierte en multimillonario es comprar un grupo mediático. Evidentemente, para dar órdenes respecto de los contenidos a difundir.  

En resumidas cuentas, que el futuro va tomando forma de pasado, cosa que, por raro que parezca, es lo que más tranquiliza al personal. Ya verán, dentro de poco se volverá a tratar de usted a los padres.   

sábado, 26 de diciembre de 2020

Escisión

Hoy me levanté escindido. Aunque para ser justo tendría que decir que la escisión es mi estado natural. Y no es que lo diga porque anoche haya estado hablando con Fede, que es especialista en estos asuntos, largo y tendido. Lo de escindirse, no en Mr. Hyde y el Dr. Jekil, sino en mil personalidades, una para cada momento del día es el estado natural de cualquier persona por más que la vida se le vaya mayormente en tratar de no reconocerlo. Por así decirlo, la escisión es lo que me mantiene vivo. Mi alma campesina se debate a muerte con mi alma cosmopolita. Así es que hoy, por azar, he caído sobre un vídeo que cuenta la peripecia de una pareja de jóvenes madrileños que han optado por irse a vivir a una aldea gallega. El chico es broker, así que puede seguir con sus asuntos desde cualquier lugar. De la chica no me he enterado porque ya se me iba haciendo pesado el relato y he cortado. Pero ha sido suficiente para que mi alma campesina se haya vuelto a imponer sobre la cosmopolita. Así que me he ido a Idealista a ver las posibilidades que se me podrían ofrecer por la parte de los páramos palentinos, la que llaman la Valdivia para que nos entendamos, que siempre me pareció de una belleza sin parangón... sobre todo por su densidad demográfica, quizá la más baja de Europa. 

Y así se me ha ido la vida, de aquí para allá en un intento desesperado de llenar los vacíos inherentes a cualquiera de las situaciones vividas. Nunca pudo mi espíritu sosegar con opciones intermedias entre el Páramo y la Gran Vía. Quizá, he pensado muchas veces, todo se deba a mis orígenes aldeanos; a que conocí algo semejante a eso que llaman la gracia, correteando por las callejas y pescando truchas en el río. Nunca. después, pude evadirme de mi yo con semejante maestría. 

En fin, sé que este drama de la escisión solo lo puedo apaciguar dejándome llevar de los impulsos del momento. Así que solo puedo decir: que sea lo que Dios quiera. Quizá me me vean en un sitio, quizá me vean en otro. No se preocupen por ello: les puedo asegurar que en cualquier caso mi arraigo será efímero. Como todo en esta vida.   

viernes, 25 de diciembre de 2020

Doble premio

Este año, con la justificadísima excusa de que no queremos contagiar a los abuelos, los nietos y los hijos se han librado del coñazo que por lo general suele ser la celebración de la noche buena. Algo bueno tenían que tener los acontecimientos en curso. Aunque, por otra parte, como dejaron claro los cómicos de La Cubana en una de sus obras magistrales, la cena de navidad es cualquier cosa menos una celebración. En realidad es una especie de catarsis, o terapia de grupo, en la se sacan a relucir todas las viejas envidias o rencillas entre los miembros asistentes de una manera despreocupada gracias a los efectos del alcohol. Claro que como entre los asistentes los suele haber tirando a abstemios es frecuente que las susceptibilidades estallen y que todo acabe como el rosario de la aurora. Por eso, cuando tocan retirada, cada oveja le suele decir a su pareja: una y no más: ésta ha sido la última vez que acudo a una cena de estás. Solo una rabieta, porque los hechos siempre desmienten el propósito. 

Personalmente, puedo decir que empecé a librarme de este tipo de disfrutes a edad bastante temprana. Después, se podrían contar con los dedos de las manos las veces que he acudido a semejantes eventos. Y si lo hice, fue más por curiosidad de entomólogo que por cuestiones afectivas. Para celebraciones, o misterios de Eleusis, si así queremos llamarlo, siempre he preferido recurrir a mis reservas de amistad que, gracias a los dioses, nunca me faltaron. A la postre, después de tanta renuencia, puedo decir que cada vez que me encuentro, ya sea con amigos ya con familiares, es como un día de celebración. Claro que tengo que especificar que siempre es de Pascuas a Ramos. Y si alguna vez, por las circunstancias que fueren, aumentó la frecuencia, de inmediato sentí opresión y emprendí la retirada. Los lujos, para serlo, es imprescindible que sean escasos.

En fin, que como digo, los acontecimientos en curso puede que sean una bendición para que, entre otras cosas, que el personal le tome la medida al sentido de la celebración. La celebración, algo tan absolutamente imprescindible en la vida y, por lo mismo, tan susceptible de corromperse. Porque esto es como lo del guerrero que necesita venir de la guerra para poder disfrutar del reposo. Por así decirlo, como en todo, hay que haber hecho méritos antes de recibir el premio. ¿O es que conocen ustedes mayor corrupción que la del premio a la cara bonita? 

Bueno, en cualquier caso, felicidades a todos los que se libraron anoche de la oprobiosa obligación de acudir a la terapia de grupo. Además, como lo hicieron por altruismo, doble premio.   

jueves, 24 de diciembre de 2020

La gracia de Depardieu

 

Según Nietzsche, la gracia es el privilegio de quienes se sienten seguros. Según Depardieu, el ha conocido la gracia. De hecho, sostiene, todo el mundo tiene en algún momento la gracia. Bueno, si leen el Oráculo Manual se darán cuenta de que también Gracián sostiene esa tesis. Estar en estado de gracia, para que nos entendamos, es lo que nos impulsa a ser generosos. Claro que es difícil distinguir la generosidad del interés. Hay que andarse con mucho cuidado con estas cosas porque a la que te descuidas tienes a un "generoso" colgado de la yugular. Pero, bueno, no es de esto de lo que vamos hoy. 

Hoy vamos de Depardieu, uno de mis filósofos de cabecera. Quedé colgado de él para los restos el día que le vi protagonizando un documental en el que recorría en moto Azerbayán. Iba siguiendo los pasos del viaje que hiciera por allí más de cien años atrás el autor de Los Tres Mosqueteros... no recuerdo su nombre. Un recorrido que le da pie a continuos contactos con gente del terroir, en español, terruño. Y ya saben como es esa gente en lo que se refiere a las palabras: pocas y aquilatadas. Como el Sr. Cayo, un suponer. Y en eso consiste para mí la magia de Depardieu, que todo su éxito profesional en el campo de la cinematografía no ha hecho la menor mella en su condición de hombre del terroir. O terruño. De hecho, su principal ocupación es la agricultura. 

En fin. a lo que quería llegar es a que si se quieren hacer ustedes un regalo de Navidad de los que merecen la pena, cojan, agurren, váyanse a youtube y tecleen:  RHAPSODY - L’ultra moderne solitude de Gérard Depardieu. Es la gracia en estado puro. O, si mejor quieren, el único sentido que puede tener la vida.  

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Tiempos difíciles

 Antes de terminar la licenciatura ya me había dado cuenta de que sin el inglés iba ser un pato cojo. Por eso en el ultimo año ya empecé a estudiarlo por mi cuenta y nada más tener el título en el bolsillo tome un avión rumbo a Londres con la intención de redondear la jugada. Desgraciadamente no tuve arrestos para persistir y el intento quedó en poco, pero ese poco, pienso ahora, fue decisivo en el rumbo que tomó mi vida. Acabada mi especialidad en Valdecilla me las apañé para pasar un tiempo en el que por entonces era el hospital de referencia en España. Y sí, por comparación con Valdecilla era la repanocha, pero, casualmente, durante esa estancia en la capital, conocí al que luego sería mi Jefe, el Dr. Palenciano, y no tarde en caer en la cuenta de que había la misma distancia entre Palenciano y el hospital de referencia que entre éste y Valdecilla. Palenciano estaba recién llegado de trabajar en un hospital holandés y los libros que me dejó, por supuesto, estaban todos en inglés. A partir de ese momento les puedo asegurar que ya nada fue igual en lo que a mi formación se refiere. Por así decirlo no volví a leer ni una palabra en español. Y es que, sencillamente, de mi especialidad, no había nada que leer. 

En cualquier caso mis escasos conocimientos de inglés me sirvieron para marcar diferencias con la mayoría de mis colegas. Tengan en cuenta que por los setenta del siglo pasado el dominio del inglés en España era muy limitado por no decir casi inexistente. De todas formas, a partir de esos años la conciencia de la importancia del inglés como lengua franca fue creciendo exponencialmente y con ello, de igual manera, su estudio. Así que, el francés, que había sido la lengua que habíamos estudiado la mayoría en el bachillerato, fue quedando arrumbado. Fue bastantes años después cuando caí en la cuenta de que quería retomarlo y no encontré mejor procedimiento para ello que seguir el consejo  de Borges: traducir un libro. Escogí Les Caracteres de La Bruyere y pienso que por una vez en la vida no me equivoqué del todo. En fin, en cualquier caso, cuando acabé con la traducción ya entendía perfectamente los noticiarios y documentales de las cadenas francesas. Las películas es otra historia. La lengua coloquial es endiablada en cualquier idioma. 

El caso es que si los escasos, perdonen la aliteración, conocimientos de inglés y francés que tengo me han sido de gran utilidad a lo largo de la vida, ahora, con la que está cayendo, se están mostrando ser decisivos. En español vuelve a haber poco que rascar y, por contra, en esas dos lenguas hay un montón de información que pone un poco de claridad en el embrollo. Por ejemplo, si van a youtube y buscan "Live of Post=Covid19 Stockholm Peace Summit" verán que cada vez hay más gente que ya no sospecha sino que está convencida de que la epidemia no es tanto de covid 19 sino de alguna otra cosa que los políticos se traen entre manos. Yo ya hacía tiempo que lo venía sospechando y de ello he dejado numerosos testimonios en este blog: los políticos occidentales se han percatado de que con las libertades fundamentales en vigor no hay forma de hacer frente a China. Ya hace años escuché la conferencia que dio sobre este asunto un intelectual tailandés y me quedó claro que las libertades que conocemos tienen los días contados. Y si nos atenemos a los hechos, los días contados ya pasaron: las libertades fundamentales han quedado abolidas. Y francamente, no creo que vayan a ser restauradas nunca como no sea a través de la violencia. 

Y por favor no me tomen por paranoico, conspiranoico, negacionista o cualquiera de los términos que están empleando los gobiernos para ridiculizar a los disidentes antes de internarles en psiquiátricos. Porque sí, así están las cosas, como en la Rusia de Stalin, internando a disidentes en psiquiátricos. Y si no se han enterado conviene que se espabilen porque el poder una vez que ha empezado con estas prácticas ya no se detiene hasta que otro poder le hace frente. ¡Tiempos difíciles en cualquier caso!   


martes, 22 de diciembre de 2020

Chicago años 30

 Como no tengo más elementos de juicio que los vídeos que sobre el particular hay colgados en youtube prefiero ser prudente, pero de ser cierto siquiera una mínima parte de lo que cuentan esos vídeos convendría que empezásemos a mirar por donde escapar de lo que se nos está viniendo encima. El caso es que hay un tal Caccomo, doble doctor en ciencias económicas, catedrático en la Universidad de Montpellier, que hace unos años denunció el tráfico de títulos académicos en las universidades francesas. Las autoridades le mandaron callar y él no quiso. Le detuvieron, le internaron en un psiquiátrico, le atiborraron de sedantes, le arruinaron y, lo más interesante, ni un solo medio de comunicación se hizo eco del asunto. A los tres años le soltaron y por ahí anda viviendo de gente anónima y tratando de restituir su honor.

Al Profesor Fourtillan tres cuartos de lo mismo, al Profesor Perrone no le han internado, pero le han destituido de sus cargos. Y a Luc Montagnier porque es Premio Nobel y resultaría muy cantoso, pero también está en el punto de mira. Y es que todos ellos cuestionan las medidas sanitarias adoptadas por los gobiernos y también las vacunas aparecidas como por ensalmo. En definitiva, que el poder en curso se defiende por el procedimiento habitual, es decir, el mafioso: al que estorba se le aparta. 

Que el poder se asocia con las mafias es más viejo que los pedos. No hay que recurrir al cine de Hollywood para saberlo. Ya los más antiguos libros de historia nos dan buenas pistas sobre ello. Pero en los tiempos actuales y concretamente con esto de la pandemia en curso la connivencia entre industria farmacéutica y poder salta a la vista del respetable. Bueno, a la vista de la clase médica siempre lo estuvo, pero ya saben lo que puede hacer el dinero para cambiar la percepción de las cosas. Los médicos, como la policía de Chicago años 30, han estado las últimas décadas viendo el mundo color de rosa con los regalos que desinteresadamente les hacían los laboratorios. Y las autoridades, por lo que sea, que no voy a entrar ahora, haciendo la vista gorda, Consecuencia: toneladas y toneladas de medicamentos innecesarios suministrados al personal. 

Así es como ha funcionado siempre el mundo y supongo que así seguirá por siempre jamás. La gente sin recursos naturales organizándose para delinquir... y quitar de en medio a quien les estorba, como es el caso de esos profesores que les he citado, que al estar dotados por la naturaleza de recursos no necesitan corromperse para no venirse abajo. Afortunadamente no son ellos solos. Poco a poco se va levantando un clamor desde abajo pidiendo, no justicia, que eso nadie sabe lo que es, sino cordura. Cordura que es atenerse a las evidencias y no a las ilusiones interesadas... porque es que los seres humanos tenemos una tendencia irreprimible a pensar que lo que nos viene bien o, simplemente, favorece la satisfacción de nuestros deseos, es lo correcto. 

En definitiva, que está demostrado por cientos de trabajos científicos que los mucolíticos o fluidificantes bronquiales son infinitamente menos eficaces que una buena hidratación. Sin embargo la seguridad social se ha gastado y sigue gastando miles de millones en ellos. ¿Por qué? Elemental Watson: los laboratorios ganan, los médicos viajan, el dinero público no es de nadie... ¿a quién le hace mal? A los envidiosos, bien sure. Sí, si no queremos que todo este tinglado que nos sostiene se venga abajo es condición prealable acabar con los envidiosos. En eso consiste toda la lógica del poder. Y ¿saben qué?, que estoy empezando a creer en eso de apariencia tan friki que llaman Informe Royuela.  

lunes, 21 de diciembre de 2020

Palabrería

Ya hace mucho que antes de irme a dormir apago el sonido del móvil. Anoche se me olvidó hacerlo y a las dos y media me despertó la melodía que anuncia la llegada de un whatsapp. Como venía de parte de Isi, con el correspondiente link, nada más desayunar me he puesto a la tarea. Se trataba  de una conferencia de Etienne Klein, filósofo de la ciencia, en la Academia de París o sitio por el estilo. Por supuesto que la mar de interesante, aunque para mi gusto a los franceses se les va gran parte de su fuerza por la boca. A mi juicio les pasa un poco aquello que decía Fadila, una berebere que estudiaba en Salamanca, que lo que a Tony Blair le costaba dos minutos a Arafat le llevaba media hora. En fin, es solo una opinión. 

La conferencia trataba de las diferencias entre ciencia y creencias. Dos cosas tan claramente diferenciadas en la teoría y tan intrincadas en la práctica del pensar común. Porque es que hay una serie de conceptos que tienden a confundirse si no andas muy avisado. Citaré algunos de los ejemplos sobre los que teoriza el conferenciante: 

La verosimilitud y la verdad. Pudieran parecer lo mismo y nada más lejos de la realidad. Por así decirlo, la verosimilitud es algo que parece que es pero no está demostrado que sea. La verdad, por contra, ya está demostrado que es. El problema es que hay verdades demostradas que son difíciles de aceptar porque no gustan. Entonces se asimilan a la verosimilitud y se cuestiona su demostración lo que nos lleva a este pensamiento relativista que tanto furor hace en la actualidad. Ya saben como funciona esto: me gusta, no me gusta. Las pequeñas preferencias de cada uno se han constituido en las reinas del pensamiento. Un verdadero problema para el entendimiento entre las personas o, si quieren, para los proyectos en común.  

La casualidad y la causalidad. Es de lo más común confundirlas. A la que vemos secuencias de hechos que se repiten dos veces tendemos a achacarlo al binomio causa/efecto. Es muy tranquilizador, pero sobre todo, la mayoría de las veces, muy interesado. ¿O es que a ustedes nunca les ha pasado que un próximo rápidamente identifique como causa de un efecto pernicioso una costumbre que está deseando que dejes por lo que sea. Y en política ni te digo la cantidad de leyes que tienen su fundamento en esa confusión. En realidad nada define mejor a un político que su habilidad para convencer que la casualidad es causalidad. 

Mucha palabrería en cualquier caso. Porque todos creemos en cosas que unas veces son avaladas por la experiencia y otras por la necesidad de consuelo, esas dos grandes manipuladoras. 

En el fondo, y en la superficie, el Sr. Klein bien pudiera haber dicho desde el principio y con ello dar por terminada la conferencia, que saber diferenciar ciencia de creencia es solo y exclusivamente una cuestión de recto pensar. Son términos perfectamente diferenciados y si alguien no lo ve es simple y llanamente que le falta escuela o tiene pocas luces. Bueno, en cualquier caso, reflexionar sobre el recto pensar nunca está de más porque la experiencia demuestra que en llegando la hora de la verdad todos tendemos a dejarnos arrastrar por las emociones que como supongo sabrán siempre conducen al despeñadero... que es donde nos pasamos los tres cuartos de la vida y me quedo corto. 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Pintan bastos

Dice el general Pierre de Villiers que no estamos lejos de una guerra civil. El caso es que este señor no es un pelanas cualquiera: hasta hace tres años era el Jefe del Estado Mayor del ejercito francés. También ha sido el primer caso de dimisión de tan alto cargo que se ha dado a lo largo de la historia de Francia. Dimitió y se tomó la molestia de escribir un libro para explicar las razones que le habían hecho tomar tan inaudita decisión.  

"La vraie loyauté consiste à dire la vérité à son chef".  "La vraie liberté est d'être capable de le faire, quels que soient les risques et les conséquences (...) La vraie obéissance se moque de l'obéissance aveugle."  Son algunas de las cosas que le recuerda a Macrón que es el que le había colocado en el cargo. 

Una guerra civil, ¿se imaginan? Bueno, la historia de la humanidad esta hecha de cosas así. O como dijo un famoso teórico: la guerra es la política por otros procedimientos. Al final de lo que se trata es de que alguien tiene que mandar sin que nadie se atreva a decirle la verdad. O sea cuando la lealtad se confunde con la sumisión. La sumisión que tan pormenorizadamente nos explicó Houellebecq en su última novela. 

No sé yo, porque estas cosas de la psicología lo mismo valen para un roto que para un descosido, pero para mí que una de las causas de la ansiedad que todo lo corroe es el no tener una idea clara de quien coño es el que manda aquí. Unos dicen que un tal Soros y yo me meo de risa. Luego veo a Bill Gates opinando de lo humano y lo divino y me sigo partiendo. Otros que si una asociación que hay por ahí que le dicen Bilderberg o algo parecido y que con solo decirles que tiene a Pedro Sánchez entre sus socios ya se pueden imaginar el resto. No, la sensación es que, como se suele decir, son pollos descabezados los que están a los mandos de la nave. 
 
Y esa es la cuestión que el vacío tiene una tendencia irreprimible a llenarse. Y mucha ambición se apelotona a la puerta. Y solo entra la que más fuerza tiene. Es un asunto de puñetazos. Y el general bien que lo sabe.   

sábado, 19 de diciembre de 2020

El ciclo de la vida

Es difícil imaginar cómo vamos a salir de ésta. Es posible que las aguas vuelvan a su cauce primitivo y aquí no ha pasado nada. Aunque pienso que es más probable que ya nada vuelva ser como era. Lo digo por lo que veo, aquí, en La Biricia. Con el Marcial y el Establo cerrados, el barrio no sabe a nada. Sus dueños, supongo que se habrán acogido a las subvenciones y que aquí me las den todas. Me recuerda a lo que me dijo un medico mejicano un día que estábamos hablando de la tuberculosis. Nosotros, dijo, curamos enfermos y fabricamos vagos. Claro, la tuberculosis requería de largos tratamientos sin que el paciente, salvo en la fase más aguda, se encontrase mal. Y por eso no era raro que el verdadero sanatorio fuese un bar en el que salvo su propietario nadie sabía lo que llevaba adentro aquel habitual. Y tampoco, pienso, es que estuviese contagiando al resto de los parroquianos porque, de lo contrario, nos hubiésemos enterado de inmediato. Y es que, lo siento por los hipocondriacos, contagiarse no está al alcance de cualquiera.

El caso es que en el bloque de aquí al lado unos inmigrantes peruanos han cogido el traspaso de un restaurante que ha tenido varios dueños en poco tiempo. Pues bien, se han resistido a cerrar. Servían a clientes dispuestos a aguantar a pie firme en la puerta. Por lo visto tuvieron una denuncia de los vecinos y un día vimos  una dotación de policías instándoles a cerrar. Cerraron, sí, pero no se arredraron: han conseguido que les dejen poner un par de mesas en un lateral y, como ya disponen de terraza, cumplen con la legalidad y ya nada pueden alegar los vecinos. Total, que el dueño, o la dueña, ha puesto un cartel desafiante en la puerta claramente dirigido a los vecinos en el que les cuenta que ha luchado mucho en esta vida y que no le va a doblegar cualquiera. Y se despide con un Námaste. Y ahí están con su clientela en cuarto creciente mientras la competencia se dedica a mirar la televisión en casa, que lo veo justo desde donde ahora estoy sentado. 

Es la historia que se repite: la gente que permanece se apaga y los que vienen de afuera se apoderan del cotarro. Y de ahí la xenofobia. Y la Biricia no va a ser menos que cualquier otro barrio. Sobre todo si es barrio humilde que es donde mayormente se dan estos procesos de sustitución. Ya te digo, Námaste en la Biricia. la revolución en marcha. El ciclo de la vida. 

viernes, 18 de diciembre de 2020

Réchauffement

Me envía Isi un documental de la cadena ARTE sobre la transición a lo eléctrico. Un documental, por supuesto, en clave "apocalipsis now". Hace años tuve una gran adicción a esa cadena, pero uno, aunque es lento, avanza, y cae en la cuenta de la triquiñuela que le tenía enganchado. No era más que la buena conciencia del hipócrita. Los malos, los buenos, los tontos, los espabilados, presentado con Ia necesaria sutilidad para que el espectador siempre se sienta del lado conveniente. No hay truco  mas viejo: el mismo que hizo sentirse mejores que los demás a los que se fueron a merendar por la cara a la orilla del lago después de haber escuchado el sermón de la montaña. 

Podríamos decir que la dichosa cadena de marras es la portavocía de los ecolós, feministas, animalistas y demás sectas integristas que le han salido a la socialdemocracia como para salvarla de la tibieza de sus gestores. Supongo que se acordarán de aquello que se decía del comunismo, que había fracasado porque los encargados de implementarlo no habían sido lo suficientemente valientes como para llevarlo a sus últimas consecuencias. Porque la idea en sí, qué duda cabe, es cojonuda. Pues lo de estas sectas es lo mismo respecto de la socialdemocracia: están ahí para advertirnos de que la solución es más Estado para acabar con las inconsecuencias de la condición humana. Luego rematan con la milonga esa de que el Estado somos todos. O sea, que más Estado nunca es más poder y, por ende, mejor vida para los políticos, no, ¡qué barbaridad es esa!, más Estado es más protección para los de abajo. Los de abajo, ya saben, la excusa perfecta para vivir del cuento. 

Pero, vayamos al  documental sobre la transición a lo eléctrico. Ya les traje en su día a este blog una reflexión sobre lo de las tierras raras. Son una pieza clave de la anhelada transición. De ellas se extraen los metales imprescindibles para que sea posible sustituir el petróleo por el viento y el sol como fuentes de energía. Y claro, la cosa no tendría mayor importancia si para fabricar un molino eólico no se necesitase una tonelada de esos metales raros. Tonelada que, todo hay que decirlo, solo se puede conseguir removiendo millones de toneladas de tierra que al ser procesada para extraer el mineral deja residuos de lo más molestos. Y, entonces, ahí es donde intervienen los ecolós: mas control del Estado y sanseacabaron los residuos tóxicos. Claro, para un socialdemócrata el dinero público no es de nadie. No les cabe en la cabeza que los residuos tóxicos son parte clave de la ecuación que hace posible la dichosa transición. Un mundo sostenible y toda esa mandanga. Si encareces la extracción de los metales nos quedamos con el petróleo que ya sabemos como nos roe los hígados y santas pascuas. ¡Por dios bendito, con lo viejo que es el mito prometeico! No quieres que el mundo se rechufe, como dicen los franceses, pues en vez de coger un avión para ir a tirarte tailandesas tírate a la vecina y échate un sueño después. No hay otra alternativa. Porque es la satisfacción inmediata de deseos complicados lo que rechufa el planeta. 

¡Joder, mira que tenemos que aguantar a idiotas! Podríamos decir sinvergüenzas, pero no, pienso que sobre todo son idiotas. 

jueves, 17 de diciembre de 2020

El paraíso

Mi padre, que no era de muchas palabras, de vez en cuando, y como el que no quería la cosa, soltaba: como les iba diciendo, el que inventó la guitarra debía de ser tremendo. Sonaba tan eufónico que nunca me paré a pensar en su significado. Efectívame, la guitarra es un invento tremendo como pocos, pero no creo que pueda ser achacable a nadie en particular si no, más bien, a un proceso en el que los unos se auparon sobre los hombros de los que les precedieron y así sucesivamente hasta dar con lo que conocemos hoy día que no por perfecto deja de haber quien le introduce cambios que sirven para según qué cosas. Y, así, todo lo que hay sobre la faz de la tierra no es más que el producto de la evolución: siempre mejorando con el único objetivo de no sucumbir a la competencia. Bueno, hay quienes piensan que Darwin es el más grande entre los grandes por haber descubierto, o más bien confirmado, semejante perogrullada. 

Semejante perogrullada que, de una tacada, se carga todas las pretensiones de un dios infinitamente sabio, justo, poderoso, creador de todas las cosas y que, como colofón, es premiador de los buenos y castigador de los malos. ¡Ya te digo, castigador de los malos! ¡Menuda milonga! Como si no fuese la maldad perfeccionada el arma más poderosa con la que cuenta el ser humano para prevalecer. Maldad perfeccionada que no es otra que la que se conoce como la del lobo con piel de cordero. O más concretamente esa que se ha dado en llamar vocación de servicio. ¡Habrase visto mayor embuste! Señálenme ustedes uno solo de esos vocacionales que no viva como dios. Claro, con todas las yugulares de los corderitos a su disposición. ¡Así, cualquiera!

Sí, no crean que Netflix y todas esas plataformas que no paran de emitir series que tratan de lo malos que son los malos les van a enseñar algo sobre la verdadera maldad. En todo caso podrían aprender algo sobre la torpeza, porque todos esos que nos describen son malos de pacotilla, que no por otra razón es que acaben siempre sucumbiendo. O es que han visto ustedes alguna serie o película sobre malos en la que al final no les pillen. Lo contrario se consideraría inmoral. Por la misma razón que se considera el colmo de la moralidad que los servidores públicos quiten a los ricos para dar a los pobres... por supuesto, sin dar tres cuartos al pregonero sobre lo que se quedan los que quitan antes de repartir. ¿Es que hay algo más humano que el que parte y bien reparte se quede la mejor parte? Por algo será que esté grabado a fuego en el imaginario colectivo. 

En fin, comprendo que me estoy yendo por los cerros, pero es que no se hacen idea de lo que daría yo por vivir en un mundo sin servidores públicos. Ni curas ni políticos y todos sabiendo disparar: esto sería el paraíso. 


miércoles, 16 de diciembre de 2020

Tito Clint

Me envían un vídeo en el que se ve a un payo preguntando a Tito Clint lo que les va a pedir a los Reyes. "Que no me toquen los cojones", es la escueta y contundente respuesta. Todavía me estoy riendo. 

El caso es que son muchas las veces en las que uno tiende a pensar que todo está perdido sin remisión. Entonces es el momento de recurrir al propio santoral, el que has ido construyendo a golpe de fatigosas experiencias. Y ahí está Tito Clint, el matasocialdemócratas, ocupando un lugar destacado en el retablo. Le miras, recuerdas tres o cuatro anécdotas de su copioso legado y, de inmediato, vuelves a pensar que la cosa tiene remedio: solo hay que matar a unos cuantos socialdemócratas más. O echar unos cuantos cristianos más a los leones, como decían en Salamanca. 

Sí, que tiemblen todas las cagonas que han dado en creer que pueden dominar el mundo con su buen rollo porque el culto a Tito Clint se extiende por doquier. Cada vez más el único buen rollo para más y más gente es saber poner la bala donde antes habías puesto el ojo. Mi seguridad, dicen, corre de mi cuenta, Y lo mismo mi manutención. Y como venga alguien a invitarme a merendar panes y peces a la orilla de un lago le pego una patada en el culo que va a cagar el resto de su vida por la boca. 

Sí, que tiemblen las cagonas porque cada vez hay más hombres que quieren ser hombres y más mujeres que quieren que los hombres sean cuanto más hombres mejor. Y por eso, codo con codo con Tito Clint, ponemos al Fari. ¡Dios, qué razón tiene Torrente cuando se subleva porque alguien le ha faltado el respeto al Fari! Se empieza por ahí y se acaba desfilando en el orgullo gay. O sea, la degeneración de la especie. 

En fin, allá cada cual que yo tengo claro en que espejos me gusta reflejarme, Tito Clint, el Fari, Papá Cristobal... tengo suficiente santoral al que rezar para defenderme de la mugre socialdemócrata que trata de impregnarlo todo desde el mismo día en el que aquel emperador romano decidió sustituir a los dioses griegos por los del judaísmo descafeinado. No creo que haya habido día más triste en toda la historia de la humanidad. Pero bueno, lo que hace un emperador nuca es definitivo. Siempre quedan semillas ocultas en las profundidades de la tierra esperando condiciones favorables para germinar y salir a la luz. Que es lo que a mi juicio está pasando ahora. Un nuevo renacimiento.  

martes, 15 de diciembre de 2020

Orden espontáneo

Los liberales, según he podido saber, son gentes que muestran un gran apego hacia el orden espontáneo. Están convencidos, porque la historia les avala para ello, de que los seres humanos no necesitan la tutela de las grandes instituciones para organizarse eficientemente. Bueno, un inciso, la historia lo avala todo: en un sentido y su contrario. Dicho lo cual, volvamos a lo del orden espontáneo.  Qu'est-ce que c'est que ça? Se lo voy a decir de forma que no les puedan caber dudas al respecto: en lo que que a la especie humana hace, el orden espontáneo conduce irremisiblemente a la mafia. Porque como sostiene el Oráculo Manual, salvo los dos extremos de la especie, ya sean los semidioses, ya sean los animales, todos los demás necesitan formar parte de una estructura jerárquica para sobrevivir. 

Así, que lo sepan, salvo las dos anómalas condiciones citadas, el destino del común de las gentes es pertenecer a una mafia. Todas, absolutamente todas, las organizaciones sociales, da exactamente igual la vitola que las coloques para despistar, se regirán por el principio mafioso de que el que atenta contra la jerarquía debe sucumbir. Sí, puede que las formas sean algo diferentes, pero en esencia no se distancia un ápice de lo que vimos en El Padrino, Los Soprano y demás joyas del género. En el momento que buscas amparar cualquiera de tus carencias en la seguridad de una organización lo que en realidad has hecho es vender tu alma al diablo. Ya no eres nadie por mucho que lo parezca gracias a los beneficios financieros que suele proporcionar cualquier pertenencia. 

Y no es que yo niegue que hay mafias y mafias. Digamos que las hay que blasonan de regirse por el principio meritocrático frente al de la lealtad. Pero no seamos ingenuos, eso, de darse, dura muy poco porque la praxis pone pronto en evidencia que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. El mérito lleva en su adn el cuestionamiento de la jerarquía, lo cual anula todas sus posibilidades de supervivencia. A la postre, es la lealtad lo único que funciona. O la sumisión disfrazada de lealtad que queda como más digno. 

Así que, en llegando a semejantes conclusiones, el único consuelo que me queda es aspirar a ser dios o animal. Como Jeremías Jonhson, que no sé de cuál de las dos condiciones tenía más. O quizá, medio y medio de las dos. Bueno, también puedo recurrir a Grocho Marx que nunca podría pertenecer a un club que admitiese socios como él. O sea un club que admitiese dioses: un imposible metafísico, en definitiva. 

El caso es que andaba hoy en estas reflexiones después de haber vistos unos videos en los que Peter Hitchens se explaya a gusto sobre el poder omnímodo de las mafias políticas. Nunca el ser humano estuvo sometido a semejante control de todos sus actos. Por así decirlo, ni siquiera el hacer de vientre escapa a la planificación de esas mafias. Siempre hay una cámara observándote no vaya a ser que no tires de la cadena. Bueno, dice Peter que si tuviese treinta años se iría de Londres. Yo, desde luego, de tener esa edad me iría a las Rocosas.  

lunes, 14 de diciembre de 2020

Coletazos

Ya saben que a mí la erudición ya hace mucho que me viene pareciendo más una enfermedad del espíritu que otra cosa. Oye, una persona sana, si tiene una verdad que defender no usa las sabias palabras heredadas, no, va, coge, agarra la armadura, la lanza, la espada, el morrión, y se tira a los caminos subido en cualquiera que sea el vehículo que tenga a mano. Porque no lo olviden nunca, las letras frente a las armas son mucho menos que nada, como decía aquel famoso bolero. 

O es que no están viendo como el poder político en curso usa solo y exclusivamente las armas para defender la mentira que le permite mantenerse en el machito contra viento y marea. Pegas una patada en donde quiera que sea y de inmediato surge un coche de policía lleno de matones. Fíjense, si no, en como son disueltas esas pacíficas manifestaciones que los ciudadanos hartos llevan a cabo por doquier. En Francia, incluso han promulgado una ley para que los medios no puedan informar libremente sobre las actuaciones policiales. Y tendrían que ver la vehemencia con la que los responsables políticos franceses defendían ante las cámaras de la televisión estatal el no uso de mascarillas. Exactamente la misma que ahora usan para defender lo contrario. La tiranía, señores, se ha quitado la máscara. O quizá haya sido que el hartazgo popular se la ha arrancado. Esto ya solo se sostiene con violencia. 

Y perdonen que mi enfermizo espíritu vuelva a recurrir a la erudición. El gran Shopen decía que toda verdad pasa por tres etapas. En una primera el poder se esfuerza por ridiculizarla. Cuando comprueba que la triquiñuela no da sus frutos, pasa a la segunda, que es la violencia: empieza a quemar herejes en las plazas públicas. Y es esa, precisamente, su perdición, porque la gente se cansa en dos días de los espectáculos sin misterio. Entonces la verdad se entroniza hasta que otra nueva viene a disputarle el cetro. 

Pues bien, la nueva verdad que se va imponiendo es que no hay alternativa a la vieja, es decir, a la que había antes de la Breton Woods Conferencia, cuando los gobiernos de todo el mundo se pusieron de acuerdo para dar todos a la vez a la manivela de hacer dinero. El dinero "fiat", que le dicen, o sea, el hágase de la nada. Sí, el invento de la varita mágica. Un despropósito total que ha convertido a la humanidad en un ejercito de zombis perdidos por aeropuertos, playas, bares y demás lugares donde se satisfacen los deseos más vulgares de inmediato con el solo gesto de levantar la varita mágica. Sí señores, el invento, digámosle socialdemocracia, no funciona. Es preciso volver a lo de cuando el patrón oro mandaba. Es decir, cuando el crecimiento de la masa monetaria estaba ligado al crecimiento de la cantidad de oro que había en el mundo, que por mucho que se cavase en Alaska, Siberia, el Amazonas o donde fuera, nunca se conseguía que fuese superior al uno por ciento anual. Bueno, si no han visto esos documentales titulados Gold Rush, Fiebre del Oro, se lo recomiendo para que vean lo que vale un peine. Sí, al ser humano le quitas de luchar por lo que quiere y es mucho peor que si le matases. 

Esa es la gran verdad, que la socialdemocracia es un cadáver que los gobernantes del mundo se empeñan en llevar a la batalla al modo que Jimena llevó al Cid en las playas valencianas. ¡Bonita manera de estirar por unos días la agonía! Con artimañas de fullero. Como en aquel chiste macabro de mi época estudiantil: ¡Pepe, cambia a la muerta que ya está llena!

Todo esto, por supuesto, da para mucho cortar tela, pero, en esencia no es más que lo dicho, que el dinero "fiat" es una ficción. Y ya saben cuales son las consecuencias de empeñarse en vivir en la ficción: el inevitable cacharrazo. Y esa es la cuestión, que ya hay gente importante tratando de evitar que el cacharrazo se produzca. Y al poder en curso ya le va quedando poco aliento para quemar a esa gente en las plazas públicas. Sí, ya estamos preparados para pasar a la tercera fase, la de la verdad triunfante. Y todo esto de los confinamientos, mascarillas y demás, no se engañen, solo son los coletazos de la fiera que se resiste a morir.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Sin el menor interés

En realidad todas estas cosas me importan un rábano, pero como en algo me tengo que ocupar para que no se me caiga el cielo encima pues voy y me pongo a escuchar un vídeo donde sale razonando Cayetana Álvarez de Toledo. Cayetana, como supongo sabrán, es tan importante en el panorama político que sus enemigos han querido que su nombre se convierta en peyorativo de persona despreciable. Cayetanos, dicen, refiriéndose a los que según su calenturienta imaginación se regodean con el sufrimiento de los pobres. O sea que, con estos mimbres, por usar una expresión tertuliana, ya nos podemos hacer una idea de cómo anda el panorama al que se tendrán que enfrentar los que alberguen la menor esperanza, o ilusión, de que con un adecuado uso de las palabras se va a poder desaborregar a los borregos. 

Cayetana, desde luego, por fuerza tiene que amedrentar a sus oponentes. Posee demasiados triunfos como para que no fuese así: un linaje ilustre, un currículum académico de postín, una oratoria envidiable y, para rematar, una elegancia natural a la que, si la ocasión lo demanda, puede dar un toque arrabalero. Si el protagonista de Nobleza Baturra la hubiese echado el ojo encima, no me cabe la menor duda de que hubiese exclamado: ¡qué muhé! Porque, sí, es demasiada mujer como para que sus enemigos la puedan rebatir con argumentos. Y por eso es que lo hagan ad hominen, es decir, con insultos. 

Personalmente, pienso que no hay nadie en el panorama político español que se le pueda comparar y, sin embargo, no hay vez que la escuche que no me asalten los perinquinosos peros que decía Critilo, ya saben, el preceptor de Andrenio. Sí, me produce inquina comprobar que tanta dotación no parece servir para ir a la enjundia de nuestros problemas políticos, es decir, el exceso de política. Exceso de Estado, exceso de políticos, exceso de leyes, exceso de intromisión en la vida de las personas... el otro día escuche a no se qué político proponiendo una ley que obligase a partidos políticos y sindicatos a financiarse por sí mismos, es decir, sin subvenciones del Estado. Este sería un buen comienzo, pensé. Y ese es el caso, que no veo a Cayetana entrando a estos trapos. Ella está muy preocupada con las políticas identitarias. Sí, claro, lo comprendo, son absolutamente repugnantes. Pero, dime, Cayetana, ¿cuánto iban a durar los políticos identitarios si se les cerrase el grifo subvencionador? Aquí, querida, todo va de modus vivendi y, chupar de la piragua, que decían los proscritos, es el modus vivendi de elección para los sinvergüenzas sin recursos intelectuales, que no otra cosa es un político identitario... tipo Revilla, por señalar a alguien bien notorio.  

Así que, ya digo, esperanza, ninguna. Otra cosa sería si viese a Cayetana compartiendo mesa en el Juan de Mariana con Axel Kaiser, Juan Ramón Rallo y gente por el estilo. Esa batalla cultural que tanto dice ella que hay que dar hay que especificarla con claridad. ¿De qué lado te pones, Cayetana, respecto de lo de llevar o no llevar mascarilla? Porque mientras haya un Estado que te pueda obligar a llevarla la única claridad que yo veo es llamar a los ciudadanos a las armas. En fin, Cayetana, aclárate de una vez.    

sábado, 12 de diciembre de 2020

La Sra. Merkel

El caso es que Trump ha querido retirar parte de las tropas que los EEUU tienen acuarteladas en Alemania y, la cámara alta, o sea, los senadores, le han dicho que nanay. Supongo que los senadores, como viejos que son, habrán pensado aquello de que más vale un porsiacaso que dos pensequé. Y es que, quizá ellos, lo mismo que yo, vienen observando de un tiempo a esta parte las cosas que dice la televisión pública alemana, DW, que emite en muchos idiomas para que cuanta más gente mejor se entere de lo impresentables que son los americanos encarnados en la figura de Trump. En mi inmodesta y cualificada opinión, pienso que no se puede caer más bajo de a donde a caído la Sra. Merkel. Porque, indudablemente ella es la responsable de esa información descaradamente sesgada. 

Y esa es la cuestión, que los viejos sabemos que el que la hizo una vez es muy probable que reincida si las circunstancias empiezan a parecerse, como es el caso, a las que propiciaron el primer desaguisado. Así es que mejor tenerles atados en corto, porque ya sabemos la facilidad que tienen los alemanes para fabricar cualquier cosa a la que se pongan. 

Todas estas cosas, como que pasan desapercibidas al común de las gentes que, como saben, siguen a ciegas las modas. Y la moda de ahora es que los que ponen el culo prieto a los americanos son los chinos. Ya saben que lo suyo para que la gente permanezca atenta al televisor es que los actores no pasen de dos. Si entra un tercero en liza, se empiezan a hacer con la picha un lío y se largan al bar a hablar de futbol. 

Pero no conviene hacerse ilusiones. La salida de Inglaterra de la unión europea no es cuestión baladí ni mucho menos. Los grandes hechos históricos comienzan con los posicionamientos ideológicos. O con la guerra cultural que siempre es la misma: Esparta contra Atenas. O, más concreto, socialdemocracia contra liberalismo. O, afinando todavía más, el mundo entero contra Inglaterra y las que fueron sus colonias. No olviden que Singapur, Hong Kong, Nueva Zelanda, Australia, EEUU, hablan inglés porque todas ellas fueron colonias inglesas. Y, curiosamente, son los países más desarrollados del mundo mundial y, también, no menos curiosamente, los países a los que nadie quiere imitar. ¡Por Dios bendito, liberalizarlo todo! Mejor pobres que luchadores. 

En fin, no sé, pero supongo que las nuevas generaciones van a tener mucho de qué hablar con la guerra que ya está en ciernes. Menos libertad a cambio de seguridad o viceversa. La Sra. Merkel, digna sucesora del Kaiser, parece tenerlo claro. ¡Corderitos míos, os quiero tanto! Ayer clamaba en el parlamento que no iba a tolerar que muriesen quinientos al día por coronavirus, así que ¡a confinarse todos! Bueno, ella sabe que la chusma nunca le va a pedir que especifique a que se refiere con quinientos. Ya te digo, en Alemania, con ochenta y tantos millones... de tres mil no creo que bajen los que mueren diariamente de lo que sea. 

viernes, 11 de diciembre de 2020

No hay besugo pa tanto culo


Andábamos ayer paseando por donde les muestro en la foto cuando vimos que desde el fondo del paisaje se nos empezaba a aproximar una pareja. Ella, con un pandero cual plaza de la Maestranza, venía haciendo nordic walking, él, con aspecto reconcentrado y sin levantar la vista del suelo. Saludamos al cruzarnos y ella en respuesta nos lanzó una andanada recriminatoria porque no llevábamos puesto el preceptivo bozal. Él, por contra, le decía que se callase, pero se notaba que a ella las proporciones de su pandero la obligaban soltar presión interior. De inmediato comprendí que la reconcentración del tipo no podía ser por otra causa que por estar buscando la fórmula que le permitiese deshacerse del pandero causando los mínimos estragos. De libro, vamos. 

El caso es que a esto es a lo que hemos llegado. Y a saber de cuantos crans va a monter la colere de las culonas como el estado de sitio se prolongue. Una semana más y en vez de recriminarnos nos pega dos bastonazos, bien sure. Supongo que esto es lo que han andado buscando las autoridades al imponernos todas estas normas fuera de razón: crear una grieta insalvable entre la morralla y los que todavía conservan dos neuronas funcionantes. Siempre fue así y siempre lo será: el poder arbitrario siempre tendrá de su lado a las culonas y culones que son la inmensa mayoría. Y por las mismas razones siempre tendrá en contra a los quijotes, tan escasos. 

En resumidas cuentas, que esto ya va pasando de castaño oscuro. Y todos aquellos médicos por la verdad y demás resquicios de cordura que habían surgido por doquier han desaparecido del mapa. La mordaza mediática ha impuesto su ley. La cordura, que sin duda la hay, ha optado por retirarse a los cuarteles de invierno. Porque hay batallas en las que no compensa el desgaste que producen por comparación con los beneficios que se pudieran obtener. Es de Oráculo Manual. Así que tendremos que esperar, eso sí, procurando en los entretantos no cruzarnos con las culonas.   

"Donde va la culona con tanto culo, con tanto culo./ Va a la pescadería a comprar besugo, a comprar besugo./  El pescadero dice que no hay besugo, que no hay besugo./ El pescadero dice que no hay besugo pa tanto culo."  

jueves, 10 de diciembre de 2020

Pantomima Full revisited

Desde luego que si hay algo que asociemos a la inteligencia eso es el humor. A una persona que sabe contar chistes todo el mundo, no solo la respeta, sino que la admira. Porque un humorista es como una especie de cirujano del alma que llega hasta las vísceras podridas de lo más profundo y las extirpa arrancando una sonrisa. El humor, en definitiva, nos ayuda a reconocernos sin acritud, lo cual como que no hay en la vida regalo que se le pueda comparar. Y solo hay una barrera que le detiene: la necedad, que no es otra cosa que corazas que se pone el espíritu para que nadie ni nada le desvele. 

Así es que quizá no haya profesión, si es que así se la puede llamar, más imprescindible que la de humorista. Sin ellos es seguro que el ser humano andaría todavía viviendo en las ramas de los árboles. Y por eso es que si ha habido personas en el mundo que hayan suscitado, no solo admiración, sino incluso el amor colectivo, esas han sido los Groucho Marx, Chiquito de la Calzada, Cantinflas y otros pocos más. Ellos están en todos los altares y, a su alrededor, una cohorte de artesanos de la cosa que si eres lo suficientemente poco tonto como para saber escucharlos puedes obtener beneficios muy sustanciales en lo que a sacarte de encima pelos de la dehesa hace. 

Así, por poner un ejemplo muy de actualidad y que ya les traje a colación, Pantomima Full. No entiendo, la verdad, como te pueden hacer gracia, me han dicho más de una vez cuando les he citado. Pues lo siento por tí, tío, o tía, porque las corazas del alma te están cercenando la libertad. No verse a uno mismo en la multitud de actitudes ridículas con las que pretendemos configurarnos como individuos que destacan entre la masa es una desgracia como otra cualquiera. Pantomima es como lo de aquel bolero mejicano: sutil llegaste a mí... y es que sin sutileza, apaga y vamos. 

En fin, que qué cosa más ridícula y apestosa son las pequeñas preferencias y qué atrapados estamos en ellas. La desvergüenza con la que las exhibimos son como la prueba del nueve de nuestra mierdosa condición. A más mierdoso, más pequeñas preferencias. Y que tire la primera piedra... 

    

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Y sin embargo te quiero

Está colgando Juan Ramón Rallo estos días unos vídeos sobre Venezuela que son realmente estremecedores. Lo del chavismo, explicado por Rallo, es como lo de aquella fantástica novela de García Márquez que tenía por título "Crónica de una muerte anunciada". Cualquiera que hubiese analizado un poco la historia sabría de sobra que todo lo realizado por el chavismo no podría conducir a otro final que al de la ruina total en la que ahora está Venezuela. Y como decía aquella canción: "y sin embargo te quiero".

Nunca lo pude entender. En los años ochenta, noventa, dos mil, amigos y conocidos iban a Cuba y volvían contando maravillas. La sanidad, la enseñanza, el buen rollo... todo eran ejemplos para que aprendiésemos que había otro modelo más equitativo y responsable. Recuerdo la conversación con el padre de una amiga, un viejo militante del partido comunista catalán que había venido a casa con un paquetón para que, mi compañera de entonces, que iba a ir a Cuba a un "congreso", se lo llevase a su hijo, un arquitecto, también comunista, que había preferido vivir en la Habana antes que en Barcelona. El buen señor me estuvo contando las excelencias del castrismo y cuando termino, haciéndome el inocente le pregunté, ¿qué pasa que no puede comprar estas cosas allí? Porque el paquete contenía jabón y cosas así de elementales, más algún juguetito para los nietos. Ni que decir tiene que mi compañera, catalana resuelta donde las hubiese, agarró todo aquello y, salvo el juguetito, lo tiró todo o se lo devolvió al viejo, no recuerdo, pero desde luego que no cargó con ello. ¡Faltaba más, ir a hacer de recadera! Para terminar, le dije al viejo que, sí, muy bien, a lo mejor les enseñan más matemáticas que aquí, pero que un sistema educativo regido por una ideología totalitaria era cualquier cosa menos un sistema educativo. Eso sí, me contestó, y se levantó para irse. Y no se crean que era un don nadie, los libros de lengua que había escrito a medias con su mujer se estudiaban en los institutos de la mayor parte de España. Pero se ve que tenía su corazoncito. Y se lo había pegado a su hijo que prefería no disponer de jabón a cambio de tener la edad de la mujer que tienes entre los brazos, como sostienen los viejales cubanos. 

Pues sí, muchos amigos iban a Cuba y, claro, ni que decir tiene que con la visa que llevaban en el bolsillo allí se convertían en reyes del mambo. Quizá era eso, que Cuba les daba la oportunidad de sentirse alguien. ¡Vete tú a saber! Veleidades de juventud. Aunque fuese juventud añosa, que ya saben lo que cuesta madurar si transitas por la vida con el fardo progresista a cuestas. Recuerdo al respecto que en los años que viví en Salamanca tuve interesantes y encendidos debates con profesores cubanos que andaban por allí de año sabático y comprando bragas en Simago, almacenes fundados por cubano exilado por cierto, para enviárselas a sus mujeres en Cuba que, por lo visto, se las veían mal para proveerse de ellas en la isla. No tardé en darme cuenta de que eran unos sinvergüenzas de tomo y lomo. Eran del partido y, salvo bragas para sus mujeres, tenían de todo lo que ofrece el mundo capitalista: coche, tocadiscos, viajes... Y hablando de viajes fue muy interesante el que hizo a la isla por entonces Torrente Ballester. Por supuesto que fue recibido por Fidel y fue tratado a cuerpo de rey. Así que nada me extraño cuando un hijo suyo vino a contarme que su padre creía que se debía ayudar al régimen cubano a sobrevivir para que el mundo viese que hay vida más allá del capitalismo. Claro que por entonces Torrente ya estaba muy viejo, pero no muy maduro a lo que se ve. 

En resumidas cuentas, que, esta mañana, mientras deambulaba por entre las estanterías de Mercadona no podía dejar de pensar en los vídeos de Rallo. ¿Dios mío, pero como puede ser que todavía haya gente que esté dispuesta a prescindir de todo esto con tal de salirse con la suya? Porque si llegasen a mandar siquiera un poquito todos esos frikis que andan por el Parlamento de la nación, no le duden, lo primero que se iría al carajo sería Mercadona. No lo puedo entender, la verdad. De hecho, ni en mis años más necios pude entenderlo por más que así me condenase a la soledad. 

 

martes, 8 de diciembre de 2020

La Bounty

Una de las novelas preferidas de mi adolescencia fue  La Trilogía de la Bounty. Es una aventura tan trepidante que ya en el año 33 del siglo pasado fue llevada al cine. Es la versión que sin duda escogería entre las numerosas que se han hecho después. Con Charles Laughton haciendo de capitán psicópata  y un Clark Gable, segundo de a bordo, atrapado entre la letra y el espíritu de las leyes, la cosa no podía fallar de ningún modo. El caso es que toda la trama está pensada para poner al lector, o al espectador, sin el menor resquicio a la duda, de parte de la tripulación que se rebela. Por así decirlo, es un acto de estricta justicia ante los dioses, aunque ante el poder corrupto de los Estados sea delito de pena capital. 

La cosa en sí no tendría el menor misterio si fuese una novela de ficción, pero se da el caso de que en ella se trata de describir un hecho real acaecido en un barco inglés justo cuando en París andaban guillotinando a diestro y siniestro a todo lo que sobresalía por lo que fuera que fuese. En resumidas cuentas, una de esa épocas en las que el mito de pueblo bueno/gobernante corrupto se exalta a límites estrafalarios. Entonces, todo está justificado. Y, por si surgiesen dudas al respecto, ahí estuvo, está y estará el literato de turno para poner negro sobre blanco la verdad que mejor se acomoda a la sentimentalidad del momento, la propiciada por la exaltación del mito de marras. 

Pero, con la Bounty, como con la Revolución Francesa, como con todo suceso mitificado, unas veces antes y otras después, siempre acaba por llegar la Historia con la rebaja. Lo que pasa es que para entonces el embuste ya cumplió con su misión de mantener al pueblo llano convencido de que sus tropelías estaban mucho más que justificadas. Y de ahí, me temo, nunca nos van a sacar porque los dioses inventaron ese consuelo para aquellos a los que previamente habían desfavorecido. 

Y así ha sido que alguien se puso a investigar en los archivos la historia real de la rebelión a bordo de la Bounty y sacó conclusiones muy diversas respecto del mito. Y lo contó todo en un libro que anda circulando por ahí. Y claro, sí, la vida a bordo de un barco en aquellos tiempos era sumamente dura. Mantener a tanta gente operativa dentro de un espacio tan reducido exigía una disciplina férrea que rallaba en la injusticia. Pero eso pasaba en todos los barcos de todos los países. El capitán de la Bounty, por tanto, no era especialmente estricto respecto de los capitanes de otros barcos. Pero aquellos, como les decía, eran tiempos de revoluciones, o sea de las masas soliviantadas frente al poder. Y en un barco no iba a ser diferente. Sin duda el capitan de la Bounty se debió ver precisado a echar mano de la disciplina más de lo que le hubiese gustado. Por así decirlo, sin quererlo, tuvo que echar leña al fuego, lo cual favoreció el desenlace. La tripulación, una vez llegados a Taiti y puestos a comparar sus condiciones de vida en Inglaterra con las que les ofrecía la isla no lo dudaron un momento: mandaron de vuelta a casa al capitán en una chalupa, con la esperanza de que no llegase, supongo, y se instalaron a gozar de los encantos del clima y las nativas. El problema les vino de que el capitán era mucho capitán y logró llegar a casa. Y luego volvió a por ellos, los cogió y los llevó a Inglaterra donde fueron conveniente colgados para escarmiento de atrevidos. 

Así que ojo al parche con todos esos miles y miles de novelas y películas que tanto nos han gustado porque pudiera ser que nos la estuviesen pegando. Qué duda cabe de que hay en el mundo mucha injusticia por parte de los poderosos, pero no es la única injusticia en el mundo como nos quieren dar a entender esas novelas y películas. Y ya puestos a escoger no sé yo de que injusticia quisiera escapar antes si de la de los poderosos o de la del populacho. Pero, ya, para concluir, les diré cual es en mi opinión el problema con el que nos enfrentamos: no es otro que el que las editoriales de libros y las compañías cinematográficas no ganarían dinero si se pusiesen a relatar las injusticias del populacho y, por conta, ganan mucho contando las de los poderosos... no es más que la consecuencia de lo jodidos que andamos casi todos y de no querer que se nos recuerde la parte de responsabilidad que tenemos en ello. 

En fin, es que anoche estuvimos viendo lo de la Bounty. Supongo que ya habré escrito sobre el asunto en este blog, pero...

domingo, 6 de diciembre de 2020

Misa a bajo cero centígrados

 


El caso es que la escena palentina que les muestro en la foto se está desarrollando a bajo cero centígrados. Nacho dice que aunque fueran menos veinte. El bar, sábado y domingo a mediodía, sencillamente, es sagrado. No va quedando en la vida nada que nos ponga tanto en contacto con la divinidad como ese acto social copa, aunque sea de papel plastificado, en mano. Y es que el ser humano necesita ritos para sobrevivir. Y por eso es que el hueco que deja uno que desaparece lo llena inmediatamente otro. Así que, ¿díganme ustedes cuál es la diferencia existente entre la misa y el aperitivo? Bueno, se me ocurre que quizá la que hay entre la oligarquía y la democracia. En la misa parte el bacalao desde el púlpito el oligarca por antonomasia; en el bar peroran todos. 

No sé, la verdad, si hemos mejorado el rito con el cambio o, por contra, le hemos desnaturalizado tanto que por eso la gente insiste e insiste como en un intento de extraerle el jugo. Porque, ya no es media hora los domingos; ahora es todos los días de la semana y sería a todas horas si a todas las horas permaneciesen abiertas las iglesias. Las ovejas sin pastor se arremolinan en el aprisco y no paran de balar para ahuyentar sus miedos. Lo llaman vida social, pero, no nos engañemos, es un baile de vampiros. Cuanto más insistes más seco te quedas. Y ahora, con la mascarilla, la condición de muertos vivientes no deja ya lugar a dudas. 

Leía estos pasados días, como les he contado, lo de la constitución de Solón. Pues bien, los ritos tienen su papel en ella. Y lo mismo condena a los que abusan de ellos que a los que los desprecian. Los unos por chisgaravises, los otros por soberbios. Sea como sea, lo que nunca se puede, so pena de matarlo, es banalizar el rito. Si deja de ser extraordinario se convierte en grasa. Y si no, ¿de dónde se creen ustedes que ha salido tanta obesidad mórbida? 

Bueno, cuando recorríamos los pueblos de Castilla en bicicleta no fueron pocas las veces que nos topamos con la salida de misa mayor un domingo al mediodía. Las familias endomingadas y los notables del pueblo esperando a la puerta a que saliese el cura para acompañarle hasta su casa. Pura antropología. Porque nunca nada se va del todo por mucho que las circunstancias lo propicien o los ingenieros sociales intenten imponerlo. En fin, no sé...

El desafío

Pienso que si alguien me preguntase lo que quiero ser de mayor no dudaría ni un segundo la respuesta: músico. Y desde luego que en ello estoy sin cejar ni un solo día en el empeño. Es la ambición que me mantiene interesado. Ponerme, guitarra en mano, delante de un tutorial y permanecer completamente huido de mí hasta que la espalda me reclama. Y voy lento, muy lento, pero sé que avanzo. Y luego, cuando cansado de disciplina, me abandono a la imaginación y dejo correr los dedos por los trastes vuelvo a lo de Calisto cuando le quitó las bragas a Melibea, y perdonen que me repita, que es tanto el placer que hay dentro mi que no puedo expresar todo el gozo que poseo. No quiero ni pensar lo que sería si de aprendiz hubiese pasado al rango de oficial y no digo ya de maestro. En llegando a tanto, comprendo perfectamente que sea difícil mantener el equilibrio. Tanto tiempo sintiéndose dios se compagina mal con las miserias terrenales. 

Porque el caso es que la música influye sobre los sentimientos. Los manipula. Es, para que nos entendamos, el arte más perverso de todos. Suprimiésemos toda la música de las películas de Hitchcock y el suspense se iría de inmediato al carajo. Es tan definitiva su presencia en cualquier ámbito que su ausencia se asocia con la nada. Por eso es que el silencio se haga insoportable para quienes se acostumbraron a dejar que sean los sones los que guíen la imaginación. Es todo un misterio. Cosa de dioses. O de drogadictos, que son los que más se les parecen.  

En resumidas cuentas, que insisto y insisto y insisto porque sé que es la única manera de sacarme de encima el complejo del malogrado. Y es que, me digo, limitarse a aquello para lo que la naturaleza nos dotó, que ni siquiera llegamos a intuir en la mayoría de los casos, es como reconocer el propio fracaso vital. La sal de la vida, estoy convencido, consiste en extralimitarse. O en desafiar a lo dioses, si lo quieren dicho de forma más poética. E intentar se músico es, me parece, el más bello desafío. 

sábado, 5 de diciembre de 2020

Lobos

En una especie de ataque de masoquismo me pongo a escuchar un discurso de Toni Cantó en un parlamento regional. Me incita a ello el hecho de que el titular anuncie que va a citar a Antonio Escohotado. Y sí, Toni es seguramente el mejor y más elegante orador que hay en la política española y Escohotado el tipo más imprescindible por clarividente y, sobre todo, valiente, del panorama mediático nacional. Pues bien, tanto la brillantez del uno como la agudeza del otro no van a servir nunca para que los lobos se conviertan en vegetarianos ni para que los adolescentes dejen de adolecer y con ello dar por el saco a sus padres. 

Ayer me dio por leer uno de esos pocos libros que me van quedando. Concretamente uno que contiene unas cuantas de entre las muchas vidas paralelas que escribió Plutarco. Me entretuve con el tandem Solón/Publícula. Pues bien, Solón tuvo claro lo de los lobos. Era imprescindible pagar a la gente para que los matase. El Ática era una tierra tan miserable que toda pretensión agrícola era una pura ilusión. El campo solo servía para el pastoreo y pastoreo y lobos le parecía una especie de imposible metafísico. Bueno, no sé si sabrán ustedes quién fue Solón, así que por si las moscas les diré que es algo así como el padre espiritual de este tinglado que llamamos democracia. El escribió la constitución de la después bebieron a lo largo de la historia todas las que pretendieron hacer libres a los hombres. Casi todo muy sensato, empezando por lo de los lobos, lo cual no quitó para que no tardasen en surgir las típicas contradicciones entre las buenas intenciones y los malos deseos, consecuencia de lo cual fue que el Ática andaba convertida en una jaula de grillos. Tuvo que venir Pisístrato, muy amigo e incluso algo pariente de Solón, para explicar a los atenienses que lo de lobos no sólo había que tomarlo en el sentido literal sino, también, en el figurado o metafórico. Así que se puso a matar a unos cuantos de los figurados o metafóricos y en cuatro días el Ática era un remanso de paz. Los cuarenta años que mandó Pisístrato fueron los del espectacular crecimiento económico que puso a Atenas a la cabeza del mundo conocido por aquel entonces.

¡Democracia, tenemos un problema! Sí, heredado de Solón. Incluso agravado, porque los señoritos de la ciudades no quieren matar ni siquiera a los lobos reales. De los figurados, ¡ya te digo! Y así no hay quien viva. Mientras los lobos campen por sus respetos por nuestras calles, plazas y, sobre todo, en nuestros parlamentos, viviremos todos con el culo prieto a la espera de ser devorados. 

Por lo tanto, ¿de que nos va a servir el que Toni Cantó, apoyado en el conocimiento y clarividencia de Escohotado, les diga con toda la contundencia del mundo a los lobos que son lobos o a los adolescentes que son adolescentes? No, miren ustedes, si no queremos que vuelva Pisístrato con la rebaja, lo suyo es eliminar a los lobos de la vida pública por el procedimiento que sea, y a los adolescentes se les quita la paga y se les encierra en su cuarto a que se maten a pajas si quieren, pero nada de tolerancia a la espera de que la fiera se amanse. 

En fin, que cansino es esto de que nuestros supuestamente mejores hombres no quieran matar ni siquiera a los reales. ¡Con lo claro que lo tenían los Proscritos de Alar! Para ellos no había diferencia entre los reales y los figurados. Ni los unos se iban a volver nunca vegetarianos y ni a los otros les ibas a convencer nunca con buenas palabras. Y es que, claro, también en esto es mucho más convincente la gente del campo que la de la ciudad. Porque quizá sea que solo es la dureza de la vida la que enseña algo.  

viernes, 4 de diciembre de 2020

El Camino otra vez

Así y todo, y pese a la que está cayendo, en Frómista vimos a un peregrino. Fuimos hasta allí para dar un paseo por la orilla del canal hasta Boadilla del Camino, el pueblo en donde, por cierto, nació María. Había un sol desvaído que para nada servía y un viento pelón de los que atraviesan mil capas de ropa que te pongas. La única persona que nos topamos, y que no contestó a nuestro saludo, fue al capitán del Juan de Homar, el barco que sigue anclado junto a las exclusas. Pienso que sería muy interesante echar un vistazo a las cuentas de ese barco propiedad de la Diputación de Palencia. A lo mejor me llevaba una sorpresa, aunque no me parece probable. Para mí que para lo único que sirve es para crear el puesto de trabajo del mencionado capitán, que a saber qué titulación tendrá para haber ascendido a tan elevado rango. En fin, cosas, una vez más, de la socialdemocracia: el paraíso en la tierra a costa de las espaldas de Atlas, que diría Ayn Rand. 

Sea como sea, Castilla siempre será Castilla, y Perséfone siempre estará al acecho para sacar su cabeza del Hades a nada que el otoño se asure. O sea, que las temperaturas sean tibias. Y así es que el campo verdea por doquier salvo por donde los tractores siguen laborando. Hay un algo como de ancestral en todo ello a lo que es imposible sustraerse. No en vano a la agricultura se la denomina también sector primario. Es, en definitiva, de donde sale la comida, nuestra única real necesidad. Algo que de tan obvio se nos suele olvidar. Quizá por aquello que dijo el que más dijo, que no solo de pan vive el hombre, algo que empieza a ser una temeridad en el mismo momento en el que el pan empieza a escasear. 

Una cuestión que ya hemos olvidado plantearnos: ¿sería posible que el pan empezase a escasear de nuevo? Porque se da la circunstancia de que la historia de la humanidad si por algo está marcada es por las épocas en las que escaseó el pan. Escasea el pan y de inmediato se ponen en marcha los jinetes del apocalipsis que, en la práctica, no hacen otra cosa que adaptar la demanda a la oferta. Que hay poca oferta, pues que baje la demanda. Ya saben lo fácil que es eso para un jinete. Acuérdense de aquella película de Clint Estwood titulada "El Jinete Pálido": moría hasta el apuntador y todo solucionado. 

Pues sí, se me ocurren estas reflexiones arrastrado sin duda por lo sórdido del ambiente. Y es que, ¿se pueden imaginar algo más sórdido que el que en Frómista haya solo un peregrino? ¡Y menos mal que hay uno! Como guardando la llama. Y es que El Camino es como un termómetro de la vitalidad del mundo. Por el sólo transcurren los vivos. O los agónicos, si mejor quieren, porque, desde luego, El Camino es cualquier cosa menos un camino de rosas. En fin, no sé, puede que vuelva a transitarlo. Para saber si de verdad sigo vivo.  

jueves, 3 de diciembre de 2020

Calcular xº

 


Los radios de esos tres círculos tangentes entre sí son 1,2 y 3. Con esos datos tienes que calcular el valor del ángulo xº. Pues bien, si me hubiesen planteado este problema hace unos años hubiese sido igual que haber tenido delante un texto en chino. Pero ahora lo veo tan chupado que ni un minuto me costó resolverlo. Tengo que decir que su dificultad no es mucha. Salvatore lo califica como de bachillerato. Pero yo pienso que es mucho calificar. Seguro que un niño ruso de últimos de primaria te lo resuelve sin pestañear. Y no hay el menor misterio en ello: simplemente es que estaba en sus planes de estudio y salvo que hubiese nacido zote o fuese de naturaleza perezosa la dificultad para alcanzar ese conocimiento es prácticamente cero. Los seres humanos tenemos una capacidad para aprender realmente sorprendente, pero claro, igualmente sorprendente es la capacidad que tenemos para encontrar justificaciones a nuestra natural tendencia a tirarnos a la bartola. Internet está lleno de videos que te ayudan a desculpabilizarte por no poder embridar esa natural tendencia. Es toda esa palabrería que llaman autoayuda. Ayer me mandaron uno que como no podía ser menos era de una catalán que había ido a Japón y, ¡zas!, había encontrado a Dios. O había descubierto el Mediterráneo, como se suele decir cuando alguien es tan tonto que necesita que le ilumine un viejo para poder ver lo obvio de toda obviedad.

Y lo obvio de toda obviedad no es otra cosa que la única solución a nuestras deficiencias estructurales es ceñirse a los planes de estudios sin dejar un resquicio a las ensoñaciones. Salvatore siempre acaba sus clases instando a sus alumnos a practicar, practicar, practicar y devendréis maestros. Y no hay más que indagar, y menos en Oriente, para liberarte de pesares: alcanzar cierta maestría en lo que sea es quizá la única fuente de placer que nos puede proporcionar la vida. Saber ejecutar pasos difíciles te afianza como persona porque te coloca del lado de los que pueden dar, por contra de los que están en el de los que solo pueden recibir. ¿Y conocen ustedes satisfacción más grande que la que proporciona el poder dar? Y si no fuese así, ¿creen ustedes que existirían todos esos tutoriales maravillosos en youtube? 

Así que dejémonos de rollos e intentemos aprender sea lo que sea, pero no sin antes haber hecho un auto de fe con los libros de la biblioteca. O una expurgación como la del Quijote. Todo lo que huela a autoayuda, al fuego. ¡Autoayuda, menudo oximorón! El ganapán de los embaucadores. ¡Como si hubiese más cera de la que arde! Aunque tengan siempre en cuenta aquello que señaló un poeta italiano hace ya mucho, el que que puede contar como está ardiendo es que solo está viviendo una pequeña pasión.