sábado, 19 de diciembre de 2020

El ciclo de la vida

Es difícil imaginar cómo vamos a salir de ésta. Es posible que las aguas vuelvan a su cauce primitivo y aquí no ha pasado nada. Aunque pienso que es más probable que ya nada vuelva ser como era. Lo digo por lo que veo, aquí, en La Biricia. Con el Marcial y el Establo cerrados, el barrio no sabe a nada. Sus dueños, supongo que se habrán acogido a las subvenciones y que aquí me las den todas. Me recuerda a lo que me dijo un medico mejicano un día que estábamos hablando de la tuberculosis. Nosotros, dijo, curamos enfermos y fabricamos vagos. Claro, la tuberculosis requería de largos tratamientos sin que el paciente, salvo en la fase más aguda, se encontrase mal. Y por eso no era raro que el verdadero sanatorio fuese un bar en el que salvo su propietario nadie sabía lo que llevaba adentro aquel habitual. Y tampoco, pienso, es que estuviese contagiando al resto de los parroquianos porque, de lo contrario, nos hubiésemos enterado de inmediato. Y es que, lo siento por los hipocondriacos, contagiarse no está al alcance de cualquiera.

El caso es que en el bloque de aquí al lado unos inmigrantes peruanos han cogido el traspaso de un restaurante que ha tenido varios dueños en poco tiempo. Pues bien, se han resistido a cerrar. Servían a clientes dispuestos a aguantar a pie firme en la puerta. Por lo visto tuvieron una denuncia de los vecinos y un día vimos  una dotación de policías instándoles a cerrar. Cerraron, sí, pero no se arredraron: han conseguido que les dejen poner un par de mesas en un lateral y, como ya disponen de terraza, cumplen con la legalidad y ya nada pueden alegar los vecinos. Total, que el dueño, o la dueña, ha puesto un cartel desafiante en la puerta claramente dirigido a los vecinos en el que les cuenta que ha luchado mucho en esta vida y que no le va a doblegar cualquiera. Y se despide con un Námaste. Y ahí están con su clientela en cuarto creciente mientras la competencia se dedica a mirar la televisión en casa, que lo veo justo desde donde ahora estoy sentado. 

Es la historia que se repite: la gente que permanece se apaga y los que vienen de afuera se apoderan del cotarro. Y de ahí la xenofobia. Y la Biricia no va a ser menos que cualquier otro barrio. Sobre todo si es barrio humilde que es donde mayormente se dan estos procesos de sustitución. Ya te digo, Námaste en la Biricia. la revolución en marcha. El ciclo de la vida. 

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