sábado, 5 de diciembre de 2020

Lobos

En una especie de ataque de masoquismo me pongo a escuchar un discurso de Toni Cantó en un parlamento regional. Me incita a ello el hecho de que el titular anuncie que va a citar a Antonio Escohotado. Y sí, Toni es seguramente el mejor y más elegante orador que hay en la política española y Escohotado el tipo más imprescindible por clarividente y, sobre todo, valiente, del panorama mediático nacional. Pues bien, tanto la brillantez del uno como la agudeza del otro no van a servir nunca para que los lobos se conviertan en vegetarianos ni para que los adolescentes dejen de adolecer y con ello dar por el saco a sus padres. 

Ayer me dio por leer uno de esos pocos libros que me van quedando. Concretamente uno que contiene unas cuantas de entre las muchas vidas paralelas que escribió Plutarco. Me entretuve con el tandem Solón/Publícula. Pues bien, Solón tuvo claro lo de los lobos. Era imprescindible pagar a la gente para que los matase. El Ática era una tierra tan miserable que toda pretensión agrícola era una pura ilusión. El campo solo servía para el pastoreo y pastoreo y lobos le parecía una especie de imposible metafísico. Bueno, no sé si sabrán ustedes quién fue Solón, así que por si las moscas les diré que es algo así como el padre espiritual de este tinglado que llamamos democracia. El escribió la constitución de la después bebieron a lo largo de la historia todas las que pretendieron hacer libres a los hombres. Casi todo muy sensato, empezando por lo de los lobos, lo cual no quitó para que no tardasen en surgir las típicas contradicciones entre las buenas intenciones y los malos deseos, consecuencia de lo cual fue que el Ática andaba convertida en una jaula de grillos. Tuvo que venir Pisístrato, muy amigo e incluso algo pariente de Solón, para explicar a los atenienses que lo de lobos no sólo había que tomarlo en el sentido literal sino, también, en el figurado o metafórico. Así que se puso a matar a unos cuantos de los figurados o metafóricos y en cuatro días el Ática era un remanso de paz. Los cuarenta años que mandó Pisístrato fueron los del espectacular crecimiento económico que puso a Atenas a la cabeza del mundo conocido por aquel entonces.

¡Democracia, tenemos un problema! Sí, heredado de Solón. Incluso agravado, porque los señoritos de la ciudades no quieren matar ni siquiera a los lobos reales. De los figurados, ¡ya te digo! Y así no hay quien viva. Mientras los lobos campen por sus respetos por nuestras calles, plazas y, sobre todo, en nuestros parlamentos, viviremos todos con el culo prieto a la espera de ser devorados. 

Por lo tanto, ¿de que nos va a servir el que Toni Cantó, apoyado en el conocimiento y clarividencia de Escohotado, les diga con toda la contundencia del mundo a los lobos que son lobos o a los adolescentes que son adolescentes? No, miren ustedes, si no queremos que vuelva Pisístrato con la rebaja, lo suyo es eliminar a los lobos de la vida pública por el procedimiento que sea, y a los adolescentes se les quita la paga y se les encierra en su cuarto a que se maten a pajas si quieren, pero nada de tolerancia a la espera de que la fiera se amanse. 

En fin, que cansino es esto de que nuestros supuestamente mejores hombres no quieran matar ni siquiera a los reales. ¡Con lo claro que lo tenían los Proscritos de Alar! Para ellos no había diferencia entre los reales y los figurados. Ni los unos se iban a volver nunca vegetarianos y ni a los otros les ibas a convencer nunca con buenas palabras. Y es que, claro, también en esto es mucho más convincente la gente del campo que la de la ciudad. Porque quizá sea que solo es la dureza de la vida la que enseña algo.  

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