jueves, 17 de diciembre de 2020

El paraíso

Mi padre, que no era de muchas palabras, de vez en cuando, y como el que no quería la cosa, soltaba: como les iba diciendo, el que inventó la guitarra debía de ser tremendo. Sonaba tan eufónico que nunca me paré a pensar en su significado. Efectívame, la guitarra es un invento tremendo como pocos, pero no creo que pueda ser achacable a nadie en particular si no, más bien, a un proceso en el que los unos se auparon sobre los hombros de los que les precedieron y así sucesivamente hasta dar con lo que conocemos hoy día que no por perfecto deja de haber quien le introduce cambios que sirven para según qué cosas. Y, así, todo lo que hay sobre la faz de la tierra no es más que el producto de la evolución: siempre mejorando con el único objetivo de no sucumbir a la competencia. Bueno, hay quienes piensan que Darwin es el más grande entre los grandes por haber descubierto, o más bien confirmado, semejante perogrullada. 

Semejante perogrullada que, de una tacada, se carga todas las pretensiones de un dios infinitamente sabio, justo, poderoso, creador de todas las cosas y que, como colofón, es premiador de los buenos y castigador de los malos. ¡Ya te digo, castigador de los malos! ¡Menuda milonga! Como si no fuese la maldad perfeccionada el arma más poderosa con la que cuenta el ser humano para prevalecer. Maldad perfeccionada que no es otra que la que se conoce como la del lobo con piel de cordero. O más concretamente esa que se ha dado en llamar vocación de servicio. ¡Habrase visto mayor embuste! Señálenme ustedes uno solo de esos vocacionales que no viva como dios. Claro, con todas las yugulares de los corderitos a su disposición. ¡Así, cualquiera!

Sí, no crean que Netflix y todas esas plataformas que no paran de emitir series que tratan de lo malos que son los malos les van a enseñar algo sobre la verdadera maldad. En todo caso podrían aprender algo sobre la torpeza, porque todos esos que nos describen son malos de pacotilla, que no por otra razón es que acaben siempre sucumbiendo. O es que han visto ustedes alguna serie o película sobre malos en la que al final no les pillen. Lo contrario se consideraría inmoral. Por la misma razón que se considera el colmo de la moralidad que los servidores públicos quiten a los ricos para dar a los pobres... por supuesto, sin dar tres cuartos al pregonero sobre lo que se quedan los que quitan antes de repartir. ¿Es que hay algo más humano que el que parte y bien reparte se quede la mejor parte? Por algo será que esté grabado a fuego en el imaginario colectivo. 

En fin, comprendo que me estoy yendo por los cerros, pero es que no se hacen idea de lo que daría yo por vivir en un mundo sin servidores públicos. Ni curas ni políticos y todos sabiendo disparar: esto sería el paraíso. 


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