lunes, 21 de diciembre de 2020

Palabrería

Ya hace mucho que antes de irme a dormir apago el sonido del móvil. Anoche se me olvidó hacerlo y a las dos y media me despertó la melodía que anuncia la llegada de un whatsapp. Como venía de parte de Isi, con el correspondiente link, nada más desayunar me he puesto a la tarea. Se trataba  de una conferencia de Etienne Klein, filósofo de la ciencia, en la Academia de París o sitio por el estilo. Por supuesto que la mar de interesante, aunque para mi gusto a los franceses se les va gran parte de su fuerza por la boca. A mi juicio les pasa un poco aquello que decía Fadila, una berebere que estudiaba en Salamanca, que lo que a Tony Blair le costaba dos minutos a Arafat le llevaba media hora. En fin, es solo una opinión. 

La conferencia trataba de las diferencias entre ciencia y creencias. Dos cosas tan claramente diferenciadas en la teoría y tan intrincadas en la práctica del pensar común. Porque es que hay una serie de conceptos que tienden a confundirse si no andas muy avisado. Citaré algunos de los ejemplos sobre los que teoriza el conferenciante: 

La verosimilitud y la verdad. Pudieran parecer lo mismo y nada más lejos de la realidad. Por así decirlo, la verosimilitud es algo que parece que es pero no está demostrado que sea. La verdad, por contra, ya está demostrado que es. El problema es que hay verdades demostradas que son difíciles de aceptar porque no gustan. Entonces se asimilan a la verosimilitud y se cuestiona su demostración lo que nos lleva a este pensamiento relativista que tanto furor hace en la actualidad. Ya saben como funciona esto: me gusta, no me gusta. Las pequeñas preferencias de cada uno se han constituido en las reinas del pensamiento. Un verdadero problema para el entendimiento entre las personas o, si quieren, para los proyectos en común.  

La casualidad y la causalidad. Es de lo más común confundirlas. A la que vemos secuencias de hechos que se repiten dos veces tendemos a achacarlo al binomio causa/efecto. Es muy tranquilizador, pero sobre todo, la mayoría de las veces, muy interesado. ¿O es que a ustedes nunca les ha pasado que un próximo rápidamente identifique como causa de un efecto pernicioso una costumbre que está deseando que dejes por lo que sea. Y en política ni te digo la cantidad de leyes que tienen su fundamento en esa confusión. En realidad nada define mejor a un político que su habilidad para convencer que la casualidad es causalidad. 

Mucha palabrería en cualquier caso. Porque todos creemos en cosas que unas veces son avaladas por la experiencia y otras por la necesidad de consuelo, esas dos grandes manipuladoras. 

En el fondo, y en la superficie, el Sr. Klein bien pudiera haber dicho desde el principio y con ello dar por terminada la conferencia, que saber diferenciar ciencia de creencia es solo y exclusivamente una cuestión de recto pensar. Son términos perfectamente diferenciados y si alguien no lo ve es simple y llanamente que le falta escuela o tiene pocas luces. Bueno, en cualquier caso, reflexionar sobre el recto pensar nunca está de más porque la experiencia demuestra que en llegando la hora de la verdad todos tendemos a dejarnos arrastrar por las emociones que como supongo sabrán siempre conducen al despeñadero... que es donde nos pasamos los tres cuartos de la vida y me quedo corto. 

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