Ya saben que a mí la erudición ya hace mucho que me viene pareciendo más una enfermedad del espíritu que otra cosa. Oye, una persona sana, si tiene una verdad que defender no usa las sabias palabras heredadas, no, va, coge, agarra la armadura, la lanza, la espada, el morrión, y se tira a los caminos subido en cualquiera que sea el vehículo que tenga a mano. Porque no lo olviden nunca, las letras frente a las armas son mucho menos que nada, como decía aquel famoso bolero.
O es que no están viendo como el poder político en curso usa solo y exclusivamente las armas para defender la mentira que le permite mantenerse en el machito contra viento y marea. Pegas una patada en donde quiera que sea y de inmediato surge un coche de policía lleno de matones. Fíjense, si no, en como son disueltas esas pacíficas manifestaciones que los ciudadanos hartos llevan a cabo por doquier. En Francia, incluso han promulgado una ley para que los medios no puedan informar libremente sobre las actuaciones policiales. Y tendrían que ver la vehemencia con la que los responsables políticos franceses defendían ante las cámaras de la televisión estatal el no uso de mascarillas. Exactamente la misma que ahora usan para defender lo contrario. La tiranía, señores, se ha quitado la máscara. O quizá haya sido que el hartazgo popular se la ha arrancado. Esto ya solo se sostiene con violencia.
Y perdonen que mi enfermizo espíritu vuelva a recurrir a la erudición. El gran Shopen decía que toda verdad pasa por tres etapas. En una primera el poder se esfuerza por ridiculizarla. Cuando comprueba que la triquiñuela no da sus frutos, pasa a la segunda, que es la violencia: empieza a quemar herejes en las plazas públicas. Y es esa, precisamente, su perdición, porque la gente se cansa en dos días de los espectáculos sin misterio. Entonces la verdad se entroniza hasta que otra nueva viene a disputarle el cetro.
Pues bien, la nueva verdad que se va imponiendo es que no hay alternativa a la vieja, es decir, a la que había antes de la Breton Woods Conferencia, cuando los gobiernos de todo el mundo se pusieron de acuerdo para dar todos a la vez a la manivela de hacer dinero. El dinero "fiat", que le dicen, o sea, el hágase de la nada. Sí, el invento de la varita mágica. Un despropósito total que ha convertido a la humanidad en un ejercito de zombis perdidos por aeropuertos, playas, bares y demás lugares donde se satisfacen los deseos más vulgares de inmediato con el solo gesto de levantar la varita mágica. Sí señores, el invento, digámosle socialdemocracia, no funciona. Es preciso volver a lo de cuando el patrón oro mandaba. Es decir, cuando el crecimiento de la masa monetaria estaba ligado al crecimiento de la cantidad de oro que había en el mundo, que por mucho que se cavase en Alaska, Siberia, el Amazonas o donde fuera, nunca se conseguía que fuese superior al uno por ciento anual. Bueno, si no han visto esos documentales titulados Gold Rush, Fiebre del Oro, se lo recomiendo para que vean lo que vale un peine. Sí, al ser humano le quitas de luchar por lo que quiere y es mucho peor que si le matases.
Esa es la gran verdad, que la socialdemocracia es un cadáver que los gobernantes del mundo se empeñan en llevar a la batalla al modo que Jimena llevó al Cid en las playas valencianas. ¡Bonita manera de estirar por unos días la agonía! Con artimañas de fullero. Como en aquel chiste macabro de mi época estudiantil: ¡Pepe, cambia a la muerta que ya está llena!
Todo esto, por supuesto, da para mucho cortar tela, pero, en esencia no es más que lo dicho, que el dinero "fiat" es una ficción. Y ya saben cuales son las consecuencias de empeñarse en vivir en la ficción: el inevitable cacharrazo. Y esa es la cuestión, que ya hay gente importante tratando de evitar que el cacharrazo se produzca. Y al poder en curso ya le va quedando poco aliento para quemar a esa gente en las plazas públicas. Sí, ya estamos preparados para pasar a la tercera fase, la de la verdad triunfante. Y todo esto de los confinamientos, mascarillas y demás, no se engañen, solo son los coletazos de la fiera que se resiste a morir.
Buenísimo Pedro.Ojalá pudiera yo desayunarme cada día con reflexiones como las tuyas .Me refiero a la Prensa diaria.Por cierto ,el chiste de la Muerta,ya lo había olvidado,buenísimo,un chiste como Dios manda.Y de Zombies que quieres que te diga.Estoy,como tú,rodeado de zombies.Están por todos los sitios,acechan,salen en la Televisión,en internet.Al final acabamos en un Walking Dead de pacotilla,descafeinado,sin entranhas ni menudillos,una mierda pinchá en un palo
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