viernes, 18 de diciembre de 2020

Réchauffement

Me envía Isi un documental de la cadena ARTE sobre la transición a lo eléctrico. Un documental, por supuesto, en clave "apocalipsis now". Hace años tuve una gran adicción a esa cadena, pero uno, aunque es lento, avanza, y cae en la cuenta de la triquiñuela que le tenía enganchado. No era más que la buena conciencia del hipócrita. Los malos, los buenos, los tontos, los espabilados, presentado con Ia necesaria sutilidad para que el espectador siempre se sienta del lado conveniente. No hay truco  mas viejo: el mismo que hizo sentirse mejores que los demás a los que se fueron a merendar por la cara a la orilla del lago después de haber escuchado el sermón de la montaña. 

Podríamos decir que la dichosa cadena de marras es la portavocía de los ecolós, feministas, animalistas y demás sectas integristas que le han salido a la socialdemocracia como para salvarla de la tibieza de sus gestores. Supongo que se acordarán de aquello que se decía del comunismo, que había fracasado porque los encargados de implementarlo no habían sido lo suficientemente valientes como para llevarlo a sus últimas consecuencias. Porque la idea en sí, qué duda cabe, es cojonuda. Pues lo de estas sectas es lo mismo respecto de la socialdemocracia: están ahí para advertirnos de que la solución es más Estado para acabar con las inconsecuencias de la condición humana. Luego rematan con la milonga esa de que el Estado somos todos. O sea, que más Estado nunca es más poder y, por ende, mejor vida para los políticos, no, ¡qué barbaridad es esa!, más Estado es más protección para los de abajo. Los de abajo, ya saben, la excusa perfecta para vivir del cuento. 

Pero, vayamos al  documental sobre la transición a lo eléctrico. Ya les traje en su día a este blog una reflexión sobre lo de las tierras raras. Son una pieza clave de la anhelada transición. De ellas se extraen los metales imprescindibles para que sea posible sustituir el petróleo por el viento y el sol como fuentes de energía. Y claro, la cosa no tendría mayor importancia si para fabricar un molino eólico no se necesitase una tonelada de esos metales raros. Tonelada que, todo hay que decirlo, solo se puede conseguir removiendo millones de toneladas de tierra que al ser procesada para extraer el mineral deja residuos de lo más molestos. Y, entonces, ahí es donde intervienen los ecolós: mas control del Estado y sanseacabaron los residuos tóxicos. Claro, para un socialdemócrata el dinero público no es de nadie. No les cabe en la cabeza que los residuos tóxicos son parte clave de la ecuación que hace posible la dichosa transición. Un mundo sostenible y toda esa mandanga. Si encareces la extracción de los metales nos quedamos con el petróleo que ya sabemos como nos roe los hígados y santas pascuas. ¡Por dios bendito, con lo viejo que es el mito prometeico! No quieres que el mundo se rechufe, como dicen los franceses, pues en vez de coger un avión para ir a tirarte tailandesas tírate a la vecina y échate un sueño después. No hay otra alternativa. Porque es la satisfacción inmediata de deseos complicados lo que rechufa el planeta. 

¡Joder, mira que tenemos que aguantar a idiotas! Podríamos decir sinvergüenzas, pero no, pienso que sobre todo son idiotas. 

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