Según Nietzsche, la gracia es el privilegio de quienes se sienten seguros. Según Depardieu, el ha conocido la gracia. De hecho, sostiene, todo el mundo tiene en algún momento la gracia. Bueno, si leen el Oráculo Manual se darán cuenta de que también Gracián sostiene esa tesis. Estar en estado de gracia, para que nos entendamos, es lo que nos impulsa a ser generosos. Claro que es difícil distinguir la generosidad del interés. Hay que andarse con mucho cuidado con estas cosas porque a la que te descuidas tienes a un "generoso" colgado de la yugular. Pero, bueno, no es de esto de lo que vamos hoy.
Hoy vamos de Depardieu, uno de mis filósofos de cabecera. Quedé colgado de él para los restos el día que le vi protagonizando un documental en el que recorría en moto Azerbayán. Iba siguiendo los pasos del viaje que hiciera por allí más de cien años atrás el autor de Los Tres Mosqueteros... no recuerdo su nombre. Un recorrido que le da pie a continuos contactos con gente del terroir, en español, terruño. Y ya saben como es esa gente en lo que se refiere a las palabras: pocas y aquilatadas. Como el Sr. Cayo, un suponer. Y en eso consiste para mí la magia de Depardieu, que todo su éxito profesional en el campo de la cinematografía no ha hecho la menor mella en su condición de hombre del terroir. O terruño. De hecho, su principal ocupación es la agricultura.
En fin. a lo que quería llegar es a que si se quieren hacer ustedes un regalo de Navidad de los que merecen la pena, cojan, agurren, váyanse a youtube y tecleen: RHAPSODY - L’ultra moderne solitude de Gérard Depardieu. Es la gracia en estado puro. O, si mejor quieren, el único sentido que puede tener la vida.
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