martes, 22 de diciembre de 2020

Chicago años 30

 Como no tengo más elementos de juicio que los vídeos que sobre el particular hay colgados en youtube prefiero ser prudente, pero de ser cierto siquiera una mínima parte de lo que cuentan esos vídeos convendría que empezásemos a mirar por donde escapar de lo que se nos está viniendo encima. El caso es que hay un tal Caccomo, doble doctor en ciencias económicas, catedrático en la Universidad de Montpellier, que hace unos años denunció el tráfico de títulos académicos en las universidades francesas. Las autoridades le mandaron callar y él no quiso. Le detuvieron, le internaron en un psiquiátrico, le atiborraron de sedantes, le arruinaron y, lo más interesante, ni un solo medio de comunicación se hizo eco del asunto. A los tres años le soltaron y por ahí anda viviendo de gente anónima y tratando de restituir su honor.

Al Profesor Fourtillan tres cuartos de lo mismo, al Profesor Perrone no le han internado, pero le han destituido de sus cargos. Y a Luc Montagnier porque es Premio Nobel y resultaría muy cantoso, pero también está en el punto de mira. Y es que todos ellos cuestionan las medidas sanitarias adoptadas por los gobiernos y también las vacunas aparecidas como por ensalmo. En definitiva, que el poder en curso se defiende por el procedimiento habitual, es decir, el mafioso: al que estorba se le aparta. 

Que el poder se asocia con las mafias es más viejo que los pedos. No hay que recurrir al cine de Hollywood para saberlo. Ya los más antiguos libros de historia nos dan buenas pistas sobre ello. Pero en los tiempos actuales y concretamente con esto de la pandemia en curso la connivencia entre industria farmacéutica y poder salta a la vista del respetable. Bueno, a la vista de la clase médica siempre lo estuvo, pero ya saben lo que puede hacer el dinero para cambiar la percepción de las cosas. Los médicos, como la policía de Chicago años 30, han estado las últimas décadas viendo el mundo color de rosa con los regalos que desinteresadamente les hacían los laboratorios. Y las autoridades, por lo que sea, que no voy a entrar ahora, haciendo la vista gorda, Consecuencia: toneladas y toneladas de medicamentos innecesarios suministrados al personal. 

Así es como ha funcionado siempre el mundo y supongo que así seguirá por siempre jamás. La gente sin recursos naturales organizándose para delinquir... y quitar de en medio a quien les estorba, como es el caso de esos profesores que les he citado, que al estar dotados por la naturaleza de recursos no necesitan corromperse para no venirse abajo. Afortunadamente no son ellos solos. Poco a poco se va levantando un clamor desde abajo pidiendo, no justicia, que eso nadie sabe lo que es, sino cordura. Cordura que es atenerse a las evidencias y no a las ilusiones interesadas... porque es que los seres humanos tenemos una tendencia irreprimible a pensar que lo que nos viene bien o, simplemente, favorece la satisfacción de nuestros deseos, es lo correcto. 

En definitiva, que está demostrado por cientos de trabajos científicos que los mucolíticos o fluidificantes bronquiales son infinitamente menos eficaces que una buena hidratación. Sin embargo la seguridad social se ha gastado y sigue gastando miles de millones en ellos. ¿Por qué? Elemental Watson: los laboratorios ganan, los médicos viajan, el dinero público no es de nadie... ¿a quién le hace mal? A los envidiosos, bien sure. Sí, si no queremos que todo este tinglado que nos sostiene se venga abajo es condición prealable acabar con los envidiosos. En eso consiste toda la lógica del poder. Y ¿saben qué?, que estoy empezando a creer en eso de apariencia tan friki que llaman Informe Royuela.  

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