domingo, 6 de diciembre de 2020

Misa a bajo cero centígrados

 


El caso es que la escena palentina que les muestro en la foto se está desarrollando a bajo cero centígrados. Nacho dice que aunque fueran menos veinte. El bar, sábado y domingo a mediodía, sencillamente, es sagrado. No va quedando en la vida nada que nos ponga tanto en contacto con la divinidad como ese acto social copa, aunque sea de papel plastificado, en mano. Y es que el ser humano necesita ritos para sobrevivir. Y por eso es que el hueco que deja uno que desaparece lo llena inmediatamente otro. Así que, ¿díganme ustedes cuál es la diferencia existente entre la misa y el aperitivo? Bueno, se me ocurre que quizá la que hay entre la oligarquía y la democracia. En la misa parte el bacalao desde el púlpito el oligarca por antonomasia; en el bar peroran todos. 

No sé, la verdad, si hemos mejorado el rito con el cambio o, por contra, le hemos desnaturalizado tanto que por eso la gente insiste e insiste como en un intento de extraerle el jugo. Porque, ya no es media hora los domingos; ahora es todos los días de la semana y sería a todas horas si a todas las horas permaneciesen abiertas las iglesias. Las ovejas sin pastor se arremolinan en el aprisco y no paran de balar para ahuyentar sus miedos. Lo llaman vida social, pero, no nos engañemos, es un baile de vampiros. Cuanto más insistes más seco te quedas. Y ahora, con la mascarilla, la condición de muertos vivientes no deja ya lugar a dudas. 

Leía estos pasados días, como les he contado, lo de la constitución de Solón. Pues bien, los ritos tienen su papel en ella. Y lo mismo condena a los que abusan de ellos que a los que los desprecian. Los unos por chisgaravises, los otros por soberbios. Sea como sea, lo que nunca se puede, so pena de matarlo, es banalizar el rito. Si deja de ser extraordinario se convierte en grasa. Y si no, ¿de dónde se creen ustedes que ha salido tanta obesidad mórbida? 

Bueno, cuando recorríamos los pueblos de Castilla en bicicleta no fueron pocas las veces que nos topamos con la salida de misa mayor un domingo al mediodía. Las familias endomingadas y los notables del pueblo esperando a la puerta a que saliese el cura para acompañarle hasta su casa. Pura antropología. Porque nunca nada se va del todo por mucho que las circunstancias lo propicien o los ingenieros sociales intenten imponerlo. En fin, no sé...

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