Presumir de lo que sea, en cualquier caso, no es muy inteligente, pero sobre todo, para mí, es un indicio de que aquello de lo que presumes se ha empezado a desmoronar. Ya lo dije hace poco más de un año a propósito de la superhortera pareja del cantante y la "influencer" cuando vi la pose que hicieron pública por un aniversario cualquiera: estos no duran. Y así ha sido. Por ahí andan dando el cante cada uno por su sitio.
Pensaba en esto estos días con toda esa brasa que nos están dando con la familia real. Que a mí no es que me caigan mal ni mucho menos. Más bien todo lo contrario, pero es que desde que el rey hizo su aparición televisiva para poner coto a la matraca catalina, parece como si todo lo que funciona fuese gracias a él. La matraca ahora es la que nos están dando los medios de comunicación con la finalidad de elevarle a los altares en vida. Y luego, ayer, con motivo de haberle impuesto a su hija, que seguro que no se entera de nada, el vellocino de oro, ya es que casi de vomitar. Fíjense, el vellocino, qué sabrán ellos. A Medea se lo tendrían que preguntar. Y a Jasón también.
Eso es lo que me parece, que cuando cualquier tipo de poder pierde la discreción lo que en realidad está perdiendo es el propio poder. Y el exhibicionismo no es más que la búsqueda exterior de la aquiescencia que uno no se puede proporcionar a sí mismo. En definitiva, es siempre la falta de seguridad que genera la baja autoestima la que nos lanza al ridículo.
Sí, es bien conocido que la aristocracia tiene como principal misión en esta vida la pedagogía de costumbres. Pero ya, no sé si entrará en ese apartado mostrarse ante el respetable comiendo sopa de acelgas. Me encantan las acelgas, por cierto, pero ese es otro asunto. Porque es que esa sopa, en ellos, tiene unos aires de falsa modestia que apesta. Nosotros como los pobres, o mucho peor incluso, dando lecciones de vida saludable, como si en vez de reyes hubiesen pasado a formar parte del staff de la multinacional de la hipocondria. No, mira, en vez del toisón, que es la rapiña que llevaron a cabo los argonautas, yo hubiese empezado por la jarretera, que esa si que se ajusta al propósito aristocrático de la pedagogía de costumbres. "Honi soit quy mal y pense": aquella pobre chica que se le vinieron abajo las ligas mientras bailaba y el rey salió al quite para que nadie se riese de ella.
En fin, ya verán, a la que pasen cuatro días, o cinco quizá, esta gente empezará a dar espectáculo del bueno. Porque todo parece estar anunciándolo.
miércoles, 31 de enero de 2018
martes, 30 de enero de 2018
Las Meninas
Ayer, cuando pasaba por delante del Museo de la Ciencia de Becerril, vi la bola reluciente aquella y me dije: aquí puedo emular al Velázquez de las Meninas. La cosa, la verdad, no es que quedase muy para tirar cohetes, pero la idea, como pueden ver si se fijan con atención, quedó plasmada. En el centro de la bola, yo con mi ortler meran y, detrás de mí, la iglesia convertida en museo. Qué tiempos estos que nos ha tocado vivir. En un pueblo en mitad de lo que la chusma urbana llama despectivamente La Estepa, con menos de ochocientos habitantes, han acondicionado una de sus cinco megaiglesias para museo de la ciencia, fundamentalmente en lo que toca a la astrofísica. Viene gente de todos los confines a visitarlo previa petición de hora porque las visitas tienen que ser guiadas so pena de quedarte a uvas en lo que hace a lo científico porque en lo referente a lo, digamos, artístico, sus cúpulas son infinitamente más bellas que las que hizo pintar Luis II en sus palacios de Baviera.
Aquí en Castilla la Vieja te tienes que andar con mucho cuidado porque a nada que te descuides te pilla el síndrome de Stendal. Vayas por donde vayas, por todas las partes te persigue la belleza, ya sea de sus desmesurados paisajes, de sus monumentos, de sus ruinas, por no hablar de sus plazas. Y, luego, los museos, que a la que hablas dos palabras con cualquiera ya te está queriendo llevar a uno, que no es de esos étnicos, ni mucho menos, no, son museos con cuadros como los del Prado o esculturas como las de San Gregorio. Al fin y al cabo, el que tuvo, retuvo, y esto alguna vez fue el centro del mundo.
Y, luego, lo mejor de todo, ni un puto turista a la vista. Sólo los niños de las escuelas, los jubilados de los pueblos, todos encuadrados en un orden para que no den la lata. Imagínense, casi cien mil kilómetros cuadrados para menos de dos millones y medio de habitantes. La última Jauja del mundo. Y, en cualquier caso, lo confirma mi experiencia, el paraíso del fóbico social. Aquí das cuatro pedaladas y ya estás en medio de ninguna parte. Eres Jeremiah Johnson perdido en las Rocosas. O si tiras más a socildemócrata, Dersu Uzala en medio de la taiga siberiana.
En fin, sólo es cuestión de echarle un poco de imaginación.
lunes, 29 de enero de 2018
Fa pudor
Lo realmente curioso es que cuando alguien dice que algo huele a podrido en Cataluña en absoluto está empleando una metáfora. Y eso por más que su expresidente en el exilio haya ido a Dinamarca a someterse a un vapuleo. No, esto no tiene nada de shakesperiano, esto es simple y llanamente que la mierda ha empapado la manta que le habían echado encima para despistar y el olor ya lo impregna todo. Yo ya lo dije cuando, recién inaugurado, fui a visitar el Forum, una maravilla más de la nostra identitat. Allí, no sólo te tumbaba la pestilencia, es que además se trasmitía a la superficie la vibración de las máquinas de la depuradora que habían instalado debajo. Y es que, cuando se va de listo, se corren excesivos riesgos de pasarse. Y, ahora, veinte años después de aquella visita mía, resulta que los vecinos de aquel barrio han empezado a quejarse. Signo esperanzador, por otra parte, de que la anestesia del proçes empieza a despejarse.
El tiempo es despiadado. Todo lo pone en su sitio. No hay engaño que se le resista. Siempre pensé que lo de la fama de Barcelona como destino turístico era una operación de trileros. Porque aparte del clima, todo lo demás es francamente mediocre. No digamos ya la Sagrada familia que es lo más parecido a un casino de Macao. Por no hablar de la gente que es mediocre y medio. Todos del Barça so pena de exclusión. Así, ahora, le empiezan a crecer los enanos por doquier. El mal olor, los obstáculos que la hacen intransitable al peatón, la imposibilidad de descansar en sus barrios centrales por el bullicio de la masa turística... bueno, parece ser que esto último puede estar entrando en vías de solución ya que la cadena televisiva CNN ha recomendado a su multibillonaria audiencia que eviten Barcelona como destino turístico.
Por Dios bendito, qué malo es andar por la vida tirando el pedo más alto que el culo. Porque, desde luego, si la falsa modestia es tartufiana, la vanagloria injustificada es ridícula. Y en esas estamos, poniendo las cosas en su sitio. O llamándolas por su nombre. Como ha hecho esa profesora de Copenhague que, finamente, estuvo una hora sin parar de llamarle nazi al trilero Puigdemont. Porque de eso va el asunto como ya advertí hace muchos años, de nazismo... o de ricos acomplejados por usar una de las explicaciones que dio Thomas Mann cuando pasó lo que pasó. Esos ricos sin pasado que no perdonan a los que no lo son tanto, pero le tienen. Castilla, por ejemplo, con su riqueza actual y su pasado, va servida de sobra. Te tiras aquí diez años y no escuchas una puñetera efusión patriotica-regional.
En resumidas cuentas, que despertados de una vez del sueño erótico, van a constatar los catalinos que dormían con la mano metida en el orinal. Y van a estar muy entretenidos ahora quitándose el asco de sí mismos que se van a reconocer. Porque con tanto espejo como les están poniendo delante les va a ser imposible seguir autoengañándose. Qué ya era hora, por Dios.
El tiempo es despiadado. Todo lo pone en su sitio. No hay engaño que se le resista. Siempre pensé que lo de la fama de Barcelona como destino turístico era una operación de trileros. Porque aparte del clima, todo lo demás es francamente mediocre. No digamos ya la Sagrada familia que es lo más parecido a un casino de Macao. Por no hablar de la gente que es mediocre y medio. Todos del Barça so pena de exclusión. Así, ahora, le empiezan a crecer los enanos por doquier. El mal olor, los obstáculos que la hacen intransitable al peatón, la imposibilidad de descansar en sus barrios centrales por el bullicio de la masa turística... bueno, parece ser que esto último puede estar entrando en vías de solución ya que la cadena televisiva CNN ha recomendado a su multibillonaria audiencia que eviten Barcelona como destino turístico.
Por Dios bendito, qué malo es andar por la vida tirando el pedo más alto que el culo. Porque, desde luego, si la falsa modestia es tartufiana, la vanagloria injustificada es ridícula. Y en esas estamos, poniendo las cosas en su sitio. O llamándolas por su nombre. Como ha hecho esa profesora de Copenhague que, finamente, estuvo una hora sin parar de llamarle nazi al trilero Puigdemont. Porque de eso va el asunto como ya advertí hace muchos años, de nazismo... o de ricos acomplejados por usar una de las explicaciones que dio Thomas Mann cuando pasó lo que pasó. Esos ricos sin pasado que no perdonan a los que no lo son tanto, pero le tienen. Castilla, por ejemplo, con su riqueza actual y su pasado, va servida de sobra. Te tiras aquí diez años y no escuchas una puñetera efusión patriotica-regional.
En resumidas cuentas, que despertados de una vez del sueño erótico, van a constatar los catalinos que dormían con la mano metida en el orinal. Y van a estar muy entretenidos ahora quitándose el asco de sí mismos que se van a reconocer. Porque con tanto espejo como les están poniendo delante les va a ser imposible seguir autoengañándose. Qué ya era hora, por Dios.
domingo, 28 de enero de 2018
Gramática.
Ayer por la tarde estuve viendo un programa de la televisión japonesa sobre la evolución. Teniendo como escenario el zoo de Los Ángeles, frente al foso de los gorilas y a la sombra de un árbol multicentenario, un profesor bastante anciano, pero suficientemente ágil, explicaba a un grupo de jóvenes por donde hemos ido pasando hasta llegar hasta aquí. Por donde hemos ido pasando en lo que hace al lenguaje que es el factor determinante de dominación y por tanto de supervivencia. Desde el Australopithecus africanus hasta el homo siliconvalley lo que fundamentalmente ha ido cambiando ha sido el innato perfecionamiento de la gramática. Porque ese es el gran misterio de la creación, el porqué de que seamos la única especie que tiene inscrito en sus genes la facultad de la gramática.
La gramática es lo que permite interrelacionar las palabras cambiándolas su significado en función de la posición que ocupen en la frase. Algo que está a años luz de lo que pueden hacer otras especies con su lenguaje. Porque lenguaje se puede decir que tienen todas. Esos monos por ejemplo que emiten un gruñido diferente según venga un águila, una serpiente o un leopardo. Y si dos grupos de esos monos se están peleando entre sí y uno de ellos se siente derrotado, entonces, uno de entre sus miembros lanza el gruñido que hace referencia al leopardo y se disuelve la pelea porque todos corren a ponerse a salvo en las ramas de los árboles. Así, cuatro gruñidos ya les basta para crear una estrategia. Se podría decir que es un paso más allá de lo instintivo, es decir, la reflexión. Imagínense nosotros que en vez de cuatro podemos emitir cuatro millones de gruñidos y cambiarlos de significado al cambiarlos de orden.
Pero lo que tiene perendengues es lo innato de la gramática. Contaba el viejo profesor el caso del idioma de trescientas palabras que habían inventado entre rusos y noruegos para negociar entre si. Lo sorprendente es que los hijos de esos comerciantes que se criaban escuchando ese miniidioma, de manera natural, sin necesidad de escuela ni nada, lo llegaban a desarrollar de tal forma que, como en cualquier otro de los idiomas existentes, no había razonamiento que no se pudiese expresar con él. Porque esa es otra de las cuestiones que respondió el profesor a pregunta de uno de los alumnos: hasta el presente no hay evidencia de que exista idioma alguno que predomine sobre otros a la hora de poder expresar cualquier cosa que se quiera decir.
En fin, tampoco hay que ir muy lejos para llegar a tales conclusiones. Basta mirar alrededor y ver quienes dominan el mundo. Desde luego que no son los más musculados. Mas bien aquellos que por nacimiento y educación tienen más perfeccionado el sistema genómico gramatical... por decirlo de alguna manera.
Bueno, me da un poco de vergüenza escribir de estas cosas sabiendo que me puede leer gente que domina el tema. Pero, en fin, la idea es esa, que todo lo que hagamos para mejorar nuestras capacidades lingüísticas no va a caer en saco roto.
La gramática es lo que permite interrelacionar las palabras cambiándolas su significado en función de la posición que ocupen en la frase. Algo que está a años luz de lo que pueden hacer otras especies con su lenguaje. Porque lenguaje se puede decir que tienen todas. Esos monos por ejemplo que emiten un gruñido diferente según venga un águila, una serpiente o un leopardo. Y si dos grupos de esos monos se están peleando entre sí y uno de ellos se siente derrotado, entonces, uno de entre sus miembros lanza el gruñido que hace referencia al leopardo y se disuelve la pelea porque todos corren a ponerse a salvo en las ramas de los árboles. Así, cuatro gruñidos ya les basta para crear una estrategia. Se podría decir que es un paso más allá de lo instintivo, es decir, la reflexión. Imagínense nosotros que en vez de cuatro podemos emitir cuatro millones de gruñidos y cambiarlos de significado al cambiarlos de orden.
Pero lo que tiene perendengues es lo innato de la gramática. Contaba el viejo profesor el caso del idioma de trescientas palabras que habían inventado entre rusos y noruegos para negociar entre si. Lo sorprendente es que los hijos de esos comerciantes que se criaban escuchando ese miniidioma, de manera natural, sin necesidad de escuela ni nada, lo llegaban a desarrollar de tal forma que, como en cualquier otro de los idiomas existentes, no había razonamiento que no se pudiese expresar con él. Porque esa es otra de las cuestiones que respondió el profesor a pregunta de uno de los alumnos: hasta el presente no hay evidencia de que exista idioma alguno que predomine sobre otros a la hora de poder expresar cualquier cosa que se quiera decir.
En fin, tampoco hay que ir muy lejos para llegar a tales conclusiones. Basta mirar alrededor y ver quienes dominan el mundo. Desde luego que no son los más musculados. Mas bien aquellos que por nacimiento y educación tienen más perfeccionado el sistema genómico gramatical... por decirlo de alguna manera.
Bueno, me da un poco de vergüenza escribir de estas cosas sabiendo que me puede leer gente que domina el tema. Pero, en fin, la idea es esa, que todo lo que hagamos para mejorar nuestras capacidades lingüísticas no va a caer en saco roto.
sábado, 27 de enero de 2018
Divertir
Divertir es una palabra curiosa. En principio tendemos a asociarla con el entretenimiento digamos que gozoso o recreativo. Pero, a mayor profundidad nos encontramos con su más real, seguramente por etimológico, significado que no es otro que apartar, desviar, alejar. Pero no siempre que nos apartamos, desviamos, alejamos de algo nos divertimos en el sentido primero que aplicamos al término, sino que muchas veces nos supone sufrimiento. Así que cuando usamos la palabra divertirse le añadimos de forma tácita de las preocupaciones o sufrimientos o, si quieren una forma más difusa de decirlo, del puto aburrimiento.
Así, en habiendo llegado a este estadio del desarrollo en el que casi todo lo tenemos resuelto por nuestra cara bonita se me antoja que el hasta hace poco sencillo asunto de la diversión se ha convertido en una hazaña de titanes. Y por tal, de nuevo, tenemos a Prometeo ante los ojos. Queramos o no nos reflejamos en él y tenemos que aceptar que de poco sirve robar fuego a los dioses si luego no te matas a estudiar para encontrar la manera de que ese fuego no te queme.
Al final esa es la gran trampa del mundo, creerse que es posible divertirse saliendo a la calle a husmear ojetes o a tomar un avión para Pernambuco o a olisquear los secretos de la cocina fusión. Inútil del todo. Regresas del recorrido y allí sigues encadenado a la roca soportando al águila que te roe los hígados. Y en eso consiste la decadencia, en las gigantescas proporciones que ha adquirido la multinacional de la diversión equivocada.
Y en esas está el mundo, en, por un lado, las masas ingentes de desgraciados que corren de la mano de Dionisos hacia el abismo de la desesperación y, por otro, esas minorías esclarecidas que de la mano de Atenea tratan de convertir la roca en diamante para ahuyentar al águila.
Y yo, ¿de que lado me decanto? Porque en eso consiste todo: en atreverse a escoger lo difícil para tenerlo fácil.
Así, en habiendo llegado a este estadio del desarrollo en el que casi todo lo tenemos resuelto por nuestra cara bonita se me antoja que el hasta hace poco sencillo asunto de la diversión se ha convertido en una hazaña de titanes. Y por tal, de nuevo, tenemos a Prometeo ante los ojos. Queramos o no nos reflejamos en él y tenemos que aceptar que de poco sirve robar fuego a los dioses si luego no te matas a estudiar para encontrar la manera de que ese fuego no te queme.
Al final esa es la gran trampa del mundo, creerse que es posible divertirse saliendo a la calle a husmear ojetes o a tomar un avión para Pernambuco o a olisquear los secretos de la cocina fusión. Inútil del todo. Regresas del recorrido y allí sigues encadenado a la roca soportando al águila que te roe los hígados. Y en eso consiste la decadencia, en las gigantescas proporciones que ha adquirido la multinacional de la diversión equivocada.
Y en esas está el mundo, en, por un lado, las masas ingentes de desgraciados que corren de la mano de Dionisos hacia el abismo de la desesperación y, por otro, esas minorías esclarecidas que de la mano de Atenea tratan de convertir la roca en diamante para ahuyentar al águila.
Y yo, ¿de que lado me decanto? Porque en eso consiste todo: en atreverse a escoger lo difícil para tenerlo fácil.
viernes, 26 de enero de 2018
Arcadi y Salvador
Viendo ayer el telediario de una televisión francesa me enteré de cosas realmente interesantes. ¿Sabían ustedes que el sólo funcionamiento del bitcoin gasta tanta energía eléctrica como Nueva Zelanda? ¿O que el 7% de toda la energía se va por los ordenadores? Así es que ahora entiendo que el Gobierno se oponga a que cierren las centrales de carbón. Y es que la obligación de los gobiernos es estar enterados y tocar todas las teclas. Unas cuantas más, en cualquier caso, que los tertulianos.
Y de tertulianos va el asunto. Porque todos lo somos en mayor o menor medida y nos vendría al pelo ver con atención el skech que sobre tal condición tiene colgado José Mota en youtube. Saber de todo sin haber estudiado para nada. Esa es la gracia, y el peligro, de dar cancha a cualquiera. Gracia por que las tonterías suelen tenerla y peligro porque con ellas se va formando una opinión pública con pies de barro.
Personalmente, no me interesan un bledo las tertulias, pero a veces sin querer paso unos segundos por una que hay en una televisión pública por la noche y me entran ganas de llorar. ¡Qué zafiedad, Dios mío! ¿Pero tanto costaría que opinasen de las cosas sólo los expertos en ellas? ¿Acaso es que no hay médicos, ingenieros, físicos, abogados, científicos, militares, etc., que pueden hablar de lo suyo con conocimiento de causa? ¿Porque es que acaso esa famosa salud democrática de la que tanto se habla no empieza por el conocimiento generalizado de la endemoniada complejidad de lo que nos traemos entre manos?
En cualquier caso, como saben, no se puede meter a todo el mundo en el mismo saco. Porque hay opinadores y opinadores. Como hay las certezas de la fe y la incertidumbre de la razón. El caso es haber tenido buena escuela para saber distinguir, porque no es fácil a primera vista. Y así, por parar con la teorización e ir a lo concreto me quiero referir a dos opinadores por los que siento un gran respeto: Arcadi Espada y Salvador Sostres. Cada uno de su padre y su madre, mezclados pero no revueltos.
Crítico severo D. Arcadi de determinadas acciones del gobierno del Sr. Rajoy en lo que se refiere sobre todo al affaire catalán, no me queda más remedio que tomarlo muy en consideración porque, en gran medida, él fue el artífice de la creación de Ciudadanos, la organización que puso coto a los delirios nacionalsocialistas de las clases medias catalanas.
Por su parte, D. Salvador es ferviente defensor de las políticas que D. Arcadi critica. Para él, lo que hace el Sr. Rajoy es el producto de un profundo conocimiento de la condición humana. Esperar sentado a que pase por delante de tu casa el cadáver de tu enemigo. Y los hechos cantan. Sin mover un dedo los cadáveres no cesan de pasar.
¿A quién de los dos hago más caso, al hombre de acción o al poeta? A los dos por igual sin duda. Al uno por su desmenuzamiento del hecho en sí, al otro por la lírica con que describe el mar de fondo. El currante infatigable y su perfecto complemento, el señorito de toda la vida. Lo que uno consigue con un pormenorizado análisis de la socialdemocracia el otro lo resuelve llamando "intensa peluquera" a Rosa Diez.
En fin, el genio es lo que cuenta sea cual sea el estilo con el que se afrontan los hechos. Luego, claro, el saber captarlo, que también es genio.
Y de tertulianos va el asunto. Porque todos lo somos en mayor o menor medida y nos vendría al pelo ver con atención el skech que sobre tal condición tiene colgado José Mota en youtube. Saber de todo sin haber estudiado para nada. Esa es la gracia, y el peligro, de dar cancha a cualquiera. Gracia por que las tonterías suelen tenerla y peligro porque con ellas se va formando una opinión pública con pies de barro.
Personalmente, no me interesan un bledo las tertulias, pero a veces sin querer paso unos segundos por una que hay en una televisión pública por la noche y me entran ganas de llorar. ¡Qué zafiedad, Dios mío! ¿Pero tanto costaría que opinasen de las cosas sólo los expertos en ellas? ¿Acaso es que no hay médicos, ingenieros, físicos, abogados, científicos, militares, etc., que pueden hablar de lo suyo con conocimiento de causa? ¿Porque es que acaso esa famosa salud democrática de la que tanto se habla no empieza por el conocimiento generalizado de la endemoniada complejidad de lo que nos traemos entre manos?
En cualquier caso, como saben, no se puede meter a todo el mundo en el mismo saco. Porque hay opinadores y opinadores. Como hay las certezas de la fe y la incertidumbre de la razón. El caso es haber tenido buena escuela para saber distinguir, porque no es fácil a primera vista. Y así, por parar con la teorización e ir a lo concreto me quiero referir a dos opinadores por los que siento un gran respeto: Arcadi Espada y Salvador Sostres. Cada uno de su padre y su madre, mezclados pero no revueltos.
Crítico severo D. Arcadi de determinadas acciones del gobierno del Sr. Rajoy en lo que se refiere sobre todo al affaire catalán, no me queda más remedio que tomarlo muy en consideración porque, en gran medida, él fue el artífice de la creación de Ciudadanos, la organización que puso coto a los delirios nacionalsocialistas de las clases medias catalanas.
Por su parte, D. Salvador es ferviente defensor de las políticas que D. Arcadi critica. Para él, lo que hace el Sr. Rajoy es el producto de un profundo conocimiento de la condición humana. Esperar sentado a que pase por delante de tu casa el cadáver de tu enemigo. Y los hechos cantan. Sin mover un dedo los cadáveres no cesan de pasar.
¿A quién de los dos hago más caso, al hombre de acción o al poeta? A los dos por igual sin duda. Al uno por su desmenuzamiento del hecho en sí, al otro por la lírica con que describe el mar de fondo. El currante infatigable y su perfecto complemento, el señorito de toda la vida. Lo que uno consigue con un pormenorizado análisis de la socialdemocracia el otro lo resuelve llamando "intensa peluquera" a Rosa Diez.
En fin, el genio es lo que cuenta sea cual sea el estilo con el que se afrontan los hechos. Luego, claro, el saber captarlo, que también es genio.
jueves, 25 de enero de 2018
Virginia
Hoy nos recuerda Google con su doodle que tal día como hoy hace 136 años nació Virginia Wolf. Está bien para comenzar el día la referencia a un santo actualizado, porque si no fuese por Google hoy nos tocarían Argileo, Artemas, Bretanión, Palemón y Popón que lo más seguro es que fuesen mártires de la causa cristiana, es decir, gente que lo mismo que fue capaz de morir por algo es más que probable que también hubiesen sido capaces de matar por ello. O dicho de otro modo, gente que siendo polillas de sus casas, tratan de autoengañarse simulando ser honra de las ajenas. Por eso tan apropiada aquella pintada en una pared de Salamanca: Cristianos a los leones.
Virginia, por contra, es una de entre las más esclarecidas precusoras de la modernidad. Aunque quizá sería mejor decir restauradora de aquella mítica Edad de Oro que se sustancia en los textos de la antigüedad clásica. Es la búsqueda del individuo constituido como tal como única posibilidad de salvación del mundo. Primero, deja de ser polilla de tu casa que, después, todo se te dará por añadidura.
Virginia y sus amiguetes de Bloomsbury. Un cenáculo realmente inspirador para todos los que vinimos detrás tratando de sacudirnos la costra de maniqueísmo que nos había dejado la educación al uso de por entonces. Queríamos, como ellos, follar todos con todos como método terapéutico idóneo para liberar el espíritu y abrir la puerta a la creatividad.
Bueno, uno en la vida siempre se queda a medio camino, pero si fuiste consecuente, allá él el que te reproche los desvaríos. Y más si, como Virginia, al final, tuviste la grandeza de elegir por ti mismo la puerta de salida.
Virginia, por contra, es una de entre las más esclarecidas precusoras de la modernidad. Aunque quizá sería mejor decir restauradora de aquella mítica Edad de Oro que se sustancia en los textos de la antigüedad clásica. Es la búsqueda del individuo constituido como tal como única posibilidad de salvación del mundo. Primero, deja de ser polilla de tu casa que, después, todo se te dará por añadidura.
Virginia y sus amiguetes de Bloomsbury. Un cenáculo realmente inspirador para todos los que vinimos detrás tratando de sacudirnos la costra de maniqueísmo que nos había dejado la educación al uso de por entonces. Queríamos, como ellos, follar todos con todos como método terapéutico idóneo para liberar el espíritu y abrir la puerta a la creatividad.
Bueno, uno en la vida siempre se queda a medio camino, pero si fuiste consecuente, allá él el que te reproche los desvaríos. Y más si, como Virginia, al final, tuviste la grandeza de elegir por ti mismo la puerta de salida.
miércoles, 24 de enero de 2018
Relámpagos y truenos
Según leí ayer mientras me zampaba el preceptivo pincho de tortilla en el bar La Behetría de Becerril, la fábrica de Renault de Valladolid va a multiplicar por tres su producción de motores. Con cárter de aluminio, por cierto, que no sé si es algo innovador o más o menos lo que hacen todos. Pero eso es lo de menos, porque lo demás es que yo me pregunto a quién demonios piensan vender esa superproducción de coches porque mire uno para donde mire, la primera impresión que se tiene es que ya no cabe uno más. Las más de las familias tienen, cuando menos, uno por miembro adulto. A veces dos porque les da pena vender el viejo por las dos perras que les van a dar. Ya saben lo sentimental que es la gente con todo lo que no sean personas, o sea, los otros, el infierno que dijo Noséquién.
También leí que España está al ochenta por ciento de su capacidad de producción industrial lo que supongo que quiere decir que vamos a toda mecha. Y yo pienso que también eso se nota en el ambiente a pesar de que vivo en un lugar que seguramente es de los más tranquilos del planeta. Nada nuevo, en todo caso, que de estas ya he visto unas cuantas en la vida que luego se vinieron abajo con más o menos estrépito.
Mientras tanto, por la tele, retransmitían en directo el derrumbe de uno de nuestros grandes mitos nacionales. Yo le veía la cara al pobre chaval y me decía, ¿pero qué necesidad tendrá de someterse a tales torturas? Se me hace a mí que su masa muscular sobrepasa con mucho el aguante de sus articulaciones. Es, por así decirlo, una disfuncionalidad que provoca el envejecimiento prematuro del sistema. No pudo más y se retiró con todos los honores, pero vencido. El chico Nadal.
Luego, de vuelta, mientras pedaleaba por la campiña desierta, pensaba en la inevitabilidad del comportamiento bipolar de todos los organismos, sean biológicos, sean sociales o sean del tipo que sean. Todo lo que sube baja se dice con picardía. A una fase expansiva, ya sea de las personas o de la economía mundial, siempre le sigue, a D. G. una retractiva. Porque imagínense de no ser así lo que sería de nosotros viviendo en la estratosfera.
Y ese es el caso que me digo que si eso de multiplicar por tres la producción de motores con cárter de aluminio en Valladolid no será más que un signo premonitorio del batacazo que se aproxima. Son las leyes de la economía que solo engañan al que le ciega la euforia. Producir es facilísimo desde que se descubrieron las cadenas -en sentido literal y metafórico-. Otra cosa es qué hacer luego con lo producido ahora que ya no se pueden expandir los mercados con políticas imperiales.
En definitiva, que tanta es la euforia, tan grande es el pepinazo que le sigue como el trueno al relámpago. La única incertidumbre, diría yo, es si va a ser para mañana o para el año que viene. Y ya van...
También leí que España está al ochenta por ciento de su capacidad de producción industrial lo que supongo que quiere decir que vamos a toda mecha. Y yo pienso que también eso se nota en el ambiente a pesar de que vivo en un lugar que seguramente es de los más tranquilos del planeta. Nada nuevo, en todo caso, que de estas ya he visto unas cuantas en la vida que luego se vinieron abajo con más o menos estrépito.
Mientras tanto, por la tele, retransmitían en directo el derrumbe de uno de nuestros grandes mitos nacionales. Yo le veía la cara al pobre chaval y me decía, ¿pero qué necesidad tendrá de someterse a tales torturas? Se me hace a mí que su masa muscular sobrepasa con mucho el aguante de sus articulaciones. Es, por así decirlo, una disfuncionalidad que provoca el envejecimiento prematuro del sistema. No pudo más y se retiró con todos los honores, pero vencido. El chico Nadal.
Luego, de vuelta, mientras pedaleaba por la campiña desierta, pensaba en la inevitabilidad del comportamiento bipolar de todos los organismos, sean biológicos, sean sociales o sean del tipo que sean. Todo lo que sube baja se dice con picardía. A una fase expansiva, ya sea de las personas o de la economía mundial, siempre le sigue, a D. G. una retractiva. Porque imagínense de no ser así lo que sería de nosotros viviendo en la estratosfera.
Y ese es el caso que me digo que si eso de multiplicar por tres la producción de motores con cárter de aluminio en Valladolid no será más que un signo premonitorio del batacazo que se aproxima. Son las leyes de la economía que solo engañan al que le ciega la euforia. Producir es facilísimo desde que se descubrieron las cadenas -en sentido literal y metafórico-. Otra cosa es qué hacer luego con lo producido ahora que ya no se pueden expandir los mercados con políticas imperiales.
En definitiva, que tanta es la euforia, tan grande es el pepinazo que le sigue como el trueno al relámpago. La única incertidumbre, diría yo, es si va a ser para mañana o para el año que viene. Y ya van...
martes, 23 de enero de 2018
La revolución socrática
De un artículo de Gabriel Albiac sobre aquellos años que fueron maravillosos más que nada porque entonces éramos jóvenes, pero, también, sin duda, por otras cuantas cosas a la cabeza de las cuales yo situaría la invención de la pilula: "Hubo otras cosas que vinieron. El desprecio hacia un mundo de vulgaridad extrema: o sea, como el de ahora. El 68 fue una estética. Pero algunos sabemos que estética es el único nombre digno de la ética. Una estética: no creer en nada. Ni ser nadie."
Me gusta lo de la estética como única ética posible. Y aquí habría tela para cortar hasta que nos diesen las dos y las tres como canta Noséquién. Pero en ocasiones me desazona la lengua en la que pienso y me expreso porque me parece que no es eficaz para aclarar las ideas. No creer en nada. Ni ser nadie. No y nada. Ni y nadie. Dos negaciones seguidas, en lógica matemática, darían un afirmación. Por lo tanto podría ser que alguien entendiese con razón justamente lo contrario de lo que a mi docto entender el autor ha querido decir: creer en todo y ser alguien. Que me lo aclaren.
Anyway, no creer en nada también quiere decir que se entroniza a la razón como madre de todo pensamiento. Es vaciar las iglesias y llenar las universidades. Es pasar el testigo del Vaticano al CERN. Algo imparable por más que los palos en las ruedas surjan como los hongos desde todas las conciencias pequeñas. Hoy día, cualquiera que no sea un chusma, sabe que para gobernar el Estado de Derecho lo mejor es que lo haga un Abogado del Estado o similares. Luego, los políticos, esa gente que sobresale por su empatía con el pueblo, que queden para organizar las fiestas en honor del Santo Patrón que también tiene su importancia.
Ni ser nadie. ¡Tremenda constatación! Corre, o vuela, hacia "El Libro del Desasosiego" de Pessoa y entérate un poco de lo que eres. Fuera de tu fuero interno más bien poco. Por no decir nada. Así que mejor que te reconcilies contigo mismo, si puedes, y te dediques a vivir sin dar la vara a los demás. Bueno, quizás necesites calzarte una botella de vino con la comida, pero eso, pelillos a la mar.
En fin, Mayo del 68, aquella revolución que nos tocó hacer a los de mi generación. La entronización definitiva de la incertidumbre frente a las asechanzas de la superstición. Bien es verdad que el apuntalamiento de semejante convencimiento socrático -solo sé que ni sé nada ni soy nadie- nos vino dado desde los templos de la ciencia: si el baby no hubiese nacido en Alamo Gordo o unos tal Miramontes y Pincus no hubiesen dado con los esteroides lo más probable es que los de mi generación hubiesemos continuado peregrinando a Lourdes.
Por lo demás, la ética y la estética, sí, por aquellos sesenta ya tenía más de medio siglo de vida el "Ornamento y Delito" de Adolf Loos. Así que, al respecto, ya estaba casi todo dicho.
lunes, 22 de enero de 2018
Torre Marte
El caso es que durante el trayecto la bruma se levantó y dejó al descubierto un territorio esplendoroso que justo ahora empieza a verdear. Si las cosas no se tuercen me dijo el otro día un agricultor tendremos una buena cosecha, aunque aquí, ya se sabe, hasta que no ves a la cosechadora en acción no puedes cantar victoria. Hay que nacer para esto, pensé, porque de lo contrario se te llevarían los demonios cada vez que el cielo te niega su imprescindible colaboración. Y eso que alucinas hasta que lugares se han extendido los sistemas de riego.
En Astudillo, la Plaza Mayor, como cada domingo soleado a mediodía, era una celebración de la vida. Difícilmente se podrá encontrar lugar en el mundo en el que la armonía entre generaciones suene tan pura. En el Café Central abarrotado, los bebés jugaban entre las piernas de los adultos que consumían verdejos y encurtidos. Y no había exceso sonoro a pesar de lo bajo de los techos. La gente de estos pueblos no es dionisíaca ni cuando bebe; a la hora del vermut mantienen la circunspección de la misa en la que acaban de participar justo allí al lado. Tiempo habrá después, cuando Perséfone esté a punto de despedirse para volver al Hades, para unos ritos eleusinos como Ceres manda. Entonces sí, se sacará a Priapo en procesión y que sea lo que los dioses quieran.
Como los encurtidos nos supieron a poco, pasamos al bar Ideal que está cabe la Plaza. En la Gran Vía madrileña quisieran un local con esas dimensiones y categoría. Con tortilla de patatas y rabas cogimos fuerzas allí para caminar hasta el Cristo de Torre Marte. Evidentemente, de lejos le viene el garbanzo al pico a ese Cristo. Saliendo del pueblo entre el colosal seminario salesiano por un lado y el monasterio de Las Claras y el palacio de Don Pedro por el otro, tomas una carretera a poniente que te lleva al pie del promontorio en cuya cima se alza el complejo de Torre Marte. Una vez arriba no hay que pensar mucho para saber por qué tiene ese nombre. Desde allí se dominan los valles al norte y al sur y, sobre todo, la gran plana a levante en cuyo confín, justo al pie del próximo cerro, se alza el caserío. Fue el dios Marte sin duda el que escogió ese promontorio como lugar idóneo para ejercer sus funciones de mariscal de campo. Y ya, pacificado el territorio, de Marte a Cristo, un paso. Porque todo sirve para el convento. Y para las romerías, desde luego, que tienen acondicionado aquello que es una gloria. Bueno, anduvimos por allí un rato y aprovechamos para hablar con dos jóvenes que estaban volando drones. Total que, de Marte a los drones pasando por el Cristo. Parece que todo cambia, pero el afán humano de subir al promontorio para abarcar horizontes sigue incólume.
Y con las mismas, vuelta para casa, no sin antes haber descabezado un sueñecillo en una adecuación de la carretera que sirve de reparo a los romeros del Cristo.
domingo, 21 de enero de 2018
Balcanes
Hacer examen de conciencia es algo que a los viejos como yo les puede sonar a padre Astete, pero desengañemonos, sin ese previo ejercicio toda toma de posición acaba pareciéndose a una mamarrachada. Lo pensaba ayer, un día de lo más tonto, cuando navegando por el ordenador fui a caer en Sky News, ya saben, esa cadena de televisión que lo mismo le da pel devant que toma pel darrera con tal de ganar audiencia. El caso es que estaban retransmitiendo un documental sobre la matraca catalana que parecía un anuncio pagado por los independentistas. No me extrañó nada porque he visto unos cuantos así en todo tipo de cadenas extranjeras. Y entiendo que así sea, porque el proçes, visto por el lado de la espuma, exhibe los ingredientes épicos que exige la chusma para tragarse una historia. Maniqueísmo en definitiva. O la enfermedad infantil de la opulencia.
Pues sí, ya les he dicho muchas veces que vivo lo más retirado posible porque, repensada mi vida, me muero de vergüenza por lo que de ella hice. Así que no quiero encontrarme con gente que, aunque no me las pida, sentiría la necesidad de darles explicaciones e incluso pedirles excusas. La vejez, Dios mío, qué edad maldita cuando uno va por ahí con la cabeza alta del que nunca ha roto un plato.
Así, viendo el docupubli sobre la matraca no se me iban de la cabeza ni Suarez, ni González, ni Aznar y no digamos ya ni Zapatero porque ese como si no hubiese existido de anodino que era. ¿Cómo puede ser que esa gente siga por ahí dando lecciones a diestro y siniestro y no sean capaces del menor mea culpa? Porque todo lo que está pasando, y va a pasar, no lo olviden, es en gran parte culpa de su salir del paso y el que venga detrás que arree. Yo, no es por dármelas pero ya lo advertí en los primeros ochenta cuando pasaba una consulta de pulmón y corazón en un ambulatorio de San Adrián de Besos. Me convocaron a una reunión del staff y allí lo vi claro todo. Los que partían el bacalao solo tenían en la cabeza la matraca. Sin duda aquel hubiera sido el momento ideal para atacar el cáncer, pero a los malos médicos siempre se les cuelan los síntomas premonitorios y sólo se aperciben cuando ya hay poco qué hacer.
Esa es mi idea, que cualquier solución a lo de Cataluña, que no será probablemente pacífica, pasa por pedir cuentas a los malos médicos, o políticos, que no supieron detectar lo que era evidente. Y ahora, vete y mete a quirófano al paciente y ponte a cortar por lo sano si es que queda. El destrozo puede ser fenomenal. Sólo que viniese una crisis económica de las de verdad y tendríamos Balcanes para rato, porque todas las demás condiciones objetivas para que así sea ya campan por sus respetos.
En fin, no entiendo por qué ando todavía con estas cosas.
Pues sí, ya les he dicho muchas veces que vivo lo más retirado posible porque, repensada mi vida, me muero de vergüenza por lo que de ella hice. Así que no quiero encontrarme con gente que, aunque no me las pida, sentiría la necesidad de darles explicaciones e incluso pedirles excusas. La vejez, Dios mío, qué edad maldita cuando uno va por ahí con la cabeza alta del que nunca ha roto un plato.
Así, viendo el docupubli sobre la matraca no se me iban de la cabeza ni Suarez, ni González, ni Aznar y no digamos ya ni Zapatero porque ese como si no hubiese existido de anodino que era. ¿Cómo puede ser que esa gente siga por ahí dando lecciones a diestro y siniestro y no sean capaces del menor mea culpa? Porque todo lo que está pasando, y va a pasar, no lo olviden, es en gran parte culpa de su salir del paso y el que venga detrás que arree. Yo, no es por dármelas pero ya lo advertí en los primeros ochenta cuando pasaba una consulta de pulmón y corazón en un ambulatorio de San Adrián de Besos. Me convocaron a una reunión del staff y allí lo vi claro todo. Los que partían el bacalao solo tenían en la cabeza la matraca. Sin duda aquel hubiera sido el momento ideal para atacar el cáncer, pero a los malos médicos siempre se les cuelan los síntomas premonitorios y sólo se aperciben cuando ya hay poco qué hacer.
Esa es mi idea, que cualquier solución a lo de Cataluña, que no será probablemente pacífica, pasa por pedir cuentas a los malos médicos, o políticos, que no supieron detectar lo que era evidente. Y ahora, vete y mete a quirófano al paciente y ponte a cortar por lo sano si es que queda. El destrozo puede ser fenomenal. Sólo que viniese una crisis económica de las de verdad y tendríamos Balcanes para rato, porque todas las demás condiciones objetivas para que así sea ya campan por sus respetos.
En fin, no entiendo por qué ando todavía con estas cosas.
sábado, 20 de enero de 2018
Seres
Salgas de Palencia por la carretera que salgas hay una constante: los refugios para perros. Por lo menos tengo identificados unos treinta. Tan pronto te acercas empiezas a oír los ladridos que te persiguen hasta que te has alejado un buen trecho. Es el signo de los tiempos y nada tengo que objetar. A la gente le ha dado por ahí como en otro tiempo le dio por chupar cirios. Son formas baratas de sentirse moralmente respetable, e incluso superior, si las neuronas te dan para poco.
Así las cosas se ve que un asesor de imagen le ha recomendado a Rajoy que se haga una foto acariciando un perro. La he visto un par de veces y la he escrutado con atención. Creo que no da el pego. Está sentado en el borde del banco, como los tímidos que se quieren ir, con una mano en el bolsillo y la otra en la cabeza del perro. Y la mirada ausente del que está pensando, pero yo qué coño estoy haciendo aquí... o qué duro es esto de la política. Desde luego que a su colega Merkel no la embarcan en una de éstas. Claro que los alemanes, en lo que a perros se refiere ya tuvieron bastante con Hitler que los adoraba.
Pero es que hace dos o tres días me han llegado los ecos de una noticia que me ha dejado turulato. Al parecer una diputada de Ciudadanos, o sea, la modernidad hecha carne, ha propuesto en el parlamento una ley para que no se vuelva a hablar de hombres, mujeres, perros, gatos y leches en vinagre, no, simplemente, ha dicho ella, hablemos de seres. Legislar para seres. Todos con los mismos derechos. O sea, que ya saben, si la cosa sale adelante, podremos cagar, mear y hacer lo que queramos en la calle, incluido fornicar. Porque no vamos a ser nosotros los humanos seres de segunda, digo yo.
Había pensado que, quizá, a lo mejor, en las próximas elecciones hacía un esfuerzo y me acercaba a votar a Ciudadanos. Pero, francamente, después de lo de los "seres" se me han quitado todas las ganas. Seguiré votando a bríos que nunca me ha fallado. En realidad, lo único que me preocupa respeto al futuro es que sigan ganando las oposiciones a funcionarios públicos los mejores, que también son seres. El sistema mandarín en definitiva. El día que eso se vaya al garete, apaga y vámonos, porque las ocurrencias de los políticos se sobrepondrán al rigor de los ilustrados.
Por cierto que Macrón, un ilustrado sin duda, ha propuesto restaurar la obligatoriedad del servicio militar. Lo que no ha quedado claro es si va a afectar a todos los seres o sólo a las personas. Incluso, a personas de sexo masculino. Esperar para ver.
Así las cosas se ve que un asesor de imagen le ha recomendado a Rajoy que se haga una foto acariciando un perro. La he visto un par de veces y la he escrutado con atención. Creo que no da el pego. Está sentado en el borde del banco, como los tímidos que se quieren ir, con una mano en el bolsillo y la otra en la cabeza del perro. Y la mirada ausente del que está pensando, pero yo qué coño estoy haciendo aquí... o qué duro es esto de la política. Desde luego que a su colega Merkel no la embarcan en una de éstas. Claro que los alemanes, en lo que a perros se refiere ya tuvieron bastante con Hitler que los adoraba.
Pero es que hace dos o tres días me han llegado los ecos de una noticia que me ha dejado turulato. Al parecer una diputada de Ciudadanos, o sea, la modernidad hecha carne, ha propuesto en el parlamento una ley para que no se vuelva a hablar de hombres, mujeres, perros, gatos y leches en vinagre, no, simplemente, ha dicho ella, hablemos de seres. Legislar para seres. Todos con los mismos derechos. O sea, que ya saben, si la cosa sale adelante, podremos cagar, mear y hacer lo que queramos en la calle, incluido fornicar. Porque no vamos a ser nosotros los humanos seres de segunda, digo yo.
Había pensado que, quizá, a lo mejor, en las próximas elecciones hacía un esfuerzo y me acercaba a votar a Ciudadanos. Pero, francamente, después de lo de los "seres" se me han quitado todas las ganas. Seguiré votando a bríos que nunca me ha fallado. En realidad, lo único que me preocupa respeto al futuro es que sigan ganando las oposiciones a funcionarios públicos los mejores, que también son seres. El sistema mandarín en definitiva. El día que eso se vaya al garete, apaga y vámonos, porque las ocurrencias de los políticos se sobrepondrán al rigor de los ilustrados.
Por cierto que Macrón, un ilustrado sin duda, ha propuesto restaurar la obligatoriedad del servicio militar. Lo que no ha quedado claro es si va a afectar a todos los seres o sólo a las personas. Incluso, a personas de sexo masculino. Esperar para ver.
viernes, 19 de enero de 2018
Románico palentino
Si uno va por ahí en plan románico palentino y se fija un poco verá que por todos los lados hay canecillos con figuras eróticas. Pollas, vaginas, mujeres en plan ponte bien y estate quieta... todo lo que el tiempo no ha sido capaz de borrar. Porque lo que debió haber por aquel entonces no es ni para contado. Oía el otro día a un historiador que anda investigando por la zona de Aguilar que allá por la Alta Edad Media los curas ejecutaban verdaderas performances pornograficas en los púlpitos con la finalidad de atraer clientela. Así que, que nadie se escandalice porque estamos en donde estábamos y me apuesto el cuello a que donde estaremos si D. no cambia de idea, que no creo.
El otro día, sin ir más lejos, en Hawái, a un funcionario tipo Homer Simpson se le cayó la mayonesa de la hamburguesa encima del botón inadecuado y saltaron las alarmas por ataque nuclear. ¿Y saben lo que pasó entonces? Pues lo más lógico y natural, que la gente se puso como loca a ver porno. Si hay que morir, debió de pensar la gente, hagámoslo con las botas puestas.
Y luego, este gran Presidente que nos ha tocado en suerte, que ya era hora de tener a alguien que merezca la pena, que van los puritanos y le quieren hundir porque un día se acostó con una estrella porno. ¡Fantástica chica!, ha dicho el Presidente. Y ha añadido: "Nos tenemos que volver a ver". Y como por ensalmo, en vez de hundirle lo que ha pasado es que se ha disparado su popularidad. Porque a lo que se ve, el porno, más que nada, suscita una sana envidia tendente a la admiración. ¡Quién pudiera!
Y, por cierto, que no se hagan ustedes los estrechos, porque estoy seguro que saben tan bien como yo que el español más conocido en el mundo en estos momentos es un chavalin de Ciudad Real de sobrenombre El Niño Polla. Por azares de la vida entró en la industria del porno y hoy, a sus veintipocos, no es que esté forrado como Bezos, pero se le aproxima. Tiene algo que le proporciona una gracia especial con la que todo el mundo se identifica.
Así es que, el otro día se lamentaban dulcemente -como Salicio y Nemoroso- dos esposas de futbolistas, ¡imagínense sus hechuras!, de que sus esposos preferían darle al manubrio en solitario, eso sí, mientras contemplaban porno. Nada de complicaciones, en definitiva. Porque como decía un médico de Mieres que conocí cuando trabajaba en el Instituto de Silicosis, satisfacer a la mujer es más penoso que bajar a la mina a picar carbón.
Y luego las señoras, que tampoco son mancas. ¿A quoi bon soportar halitosis y demás exhalaciones masculinas teniendo a mano unos kits a pilas que saben el punto exacto en el que hay que insistir? No, tío, para cuando esté borracha, vale, pero para lo cotidiano me las arreglo yo solita divinamente.
Y esto, no se hagan ilusiones porque no tiene vuelta atrás. Porque es la realidad más candente apenas oculta tras un tenue velo de discreción... que para nada hay que confundir con hipocresía, porque para que así fuese, el porno tendría que ser un vicio rindiéndole homenaje a la castidad. Y nada más lejos.
El otro día, sin ir más lejos, en Hawái, a un funcionario tipo Homer Simpson se le cayó la mayonesa de la hamburguesa encima del botón inadecuado y saltaron las alarmas por ataque nuclear. ¿Y saben lo que pasó entonces? Pues lo más lógico y natural, que la gente se puso como loca a ver porno. Si hay que morir, debió de pensar la gente, hagámoslo con las botas puestas.
Y luego, este gran Presidente que nos ha tocado en suerte, que ya era hora de tener a alguien que merezca la pena, que van los puritanos y le quieren hundir porque un día se acostó con una estrella porno. ¡Fantástica chica!, ha dicho el Presidente. Y ha añadido: "Nos tenemos que volver a ver". Y como por ensalmo, en vez de hundirle lo que ha pasado es que se ha disparado su popularidad. Porque a lo que se ve, el porno, más que nada, suscita una sana envidia tendente a la admiración. ¡Quién pudiera!
Y, por cierto, que no se hagan ustedes los estrechos, porque estoy seguro que saben tan bien como yo que el español más conocido en el mundo en estos momentos es un chavalin de Ciudad Real de sobrenombre El Niño Polla. Por azares de la vida entró en la industria del porno y hoy, a sus veintipocos, no es que esté forrado como Bezos, pero se le aproxima. Tiene algo que le proporciona una gracia especial con la que todo el mundo se identifica.
Así es que, el otro día se lamentaban dulcemente -como Salicio y Nemoroso- dos esposas de futbolistas, ¡imagínense sus hechuras!, de que sus esposos preferían darle al manubrio en solitario, eso sí, mientras contemplaban porno. Nada de complicaciones, en definitiva. Porque como decía un médico de Mieres que conocí cuando trabajaba en el Instituto de Silicosis, satisfacer a la mujer es más penoso que bajar a la mina a picar carbón.
Y luego las señoras, que tampoco son mancas. ¿A quoi bon soportar halitosis y demás exhalaciones masculinas teniendo a mano unos kits a pilas que saben el punto exacto en el que hay que insistir? No, tío, para cuando esté borracha, vale, pero para lo cotidiano me las arreglo yo solita divinamente.
Y esto, no se hagan ilusiones porque no tiene vuelta atrás. Porque es la realidad más candente apenas oculta tras un tenue velo de discreción... que para nada hay que confundir con hipocresía, porque para que así fuese, el porno tendría que ser un vicio rindiéndole homenaje a la castidad. Y nada más lejos.
jueves, 18 de enero de 2018
Morder
Tengo oído que la Premier británica ha creado un nuevo ministerio para apechugar con los sinsabores de la soledad. Como dijo una vez un presidente argentino: estamos mal, pero vamos bien. Espero que, ya puestos, y por lo que me toca, el próximo alifafe a combatir institucionalmente sea la fobia social. Estoy muy esperanzado, la verdad, porque la política haya pegado este salto cualitativo de lo objetivo a lo subjetivo que es, en definitiva, con lo que más se sufre.
Lo que sí me ha sorprendido es que hayan sido los ingleses los primeros en dar este paso porque yo les tenía por el paradigma de la dureza. Uno lee el Leviatan o a Shakespeare y no ve por ningún lado al Sagrado Corazón de Jesús echando una mano. Allí, quejarse y no actuar engendraba hasta ahora pestilencia. Pero se ve que han cambiado. Quizá sea debido a tanto venir al sur a dormitar al sol.
Personalmente, y me van a perdonar ustedes, lo que creo que pasa es que en esta sociedad a la que hemos venido a dar por el querer de los dioses todo el mundo está en mayor o menor medida mordido por Drácula. La luz nos adormece y la oscuridad nos levanta apetitos canibalescos. Y nada nos va a curar de esto hasta que la cosa se ponga lo suficientemente difícil como para tener que matar para sobrevivir. Como las fieras del Serengueti.
Así que vamos a ver en qué consiste el invento porque el que está mordido nunca se sacia de morder. Que es lo que tienen los sentimientos, que por mucha poesía que le eches siempre acaban en lo mismo, en buscar víctimas que se dejen morder y morder y morder hasta que ya no se puede sacar más. Quizá, digo yo, en vez de ministerio de la soledad hubiese sido más acertado llamarle del vampirismo. Pero vete a saber.
Lo que sí me ha sorprendido es que hayan sido los ingleses los primeros en dar este paso porque yo les tenía por el paradigma de la dureza. Uno lee el Leviatan o a Shakespeare y no ve por ningún lado al Sagrado Corazón de Jesús echando una mano. Allí, quejarse y no actuar engendraba hasta ahora pestilencia. Pero se ve que han cambiado. Quizá sea debido a tanto venir al sur a dormitar al sol.
Personalmente, y me van a perdonar ustedes, lo que creo que pasa es que en esta sociedad a la que hemos venido a dar por el querer de los dioses todo el mundo está en mayor o menor medida mordido por Drácula. La luz nos adormece y la oscuridad nos levanta apetitos canibalescos. Y nada nos va a curar de esto hasta que la cosa se ponga lo suficientemente difícil como para tener que matar para sobrevivir. Como las fieras del Serengueti.
Así que vamos a ver en qué consiste el invento porque el que está mordido nunca se sacia de morder. Que es lo que tienen los sentimientos, que por mucha poesía que le eches siempre acaban en lo mismo, en buscar víctimas que se dejen morder y morder y morder hasta que ya no se puede sacar más. Quizá, digo yo, en vez de ministerio de la soledad hubiese sido más acertado llamarle del vampirismo. Pero vete a saber.
miércoles, 17 de enero de 2018
Mecidos por el viento
En mi somero repaso cotidiano de las cabeceras digitales me he detenido hoy en dos noticias que ciertamente están bastante relacionadas por más que a primera vista cueste encontrarlas la ligazón. La primera se trata de la entrevista a una señora de profesión psicóloga o cosa por el estilo que reflexiona sobre lo difícil que es eso de conocerse a uno mismo. La segunda es un reportaje sobre una tendencia al parecer bastante en boga que preconiza no tener hijos. El antinatalismo le dicen.
El nexo que une ambas informaciones viene dado por la diferencia de edad de una y otros entrevistados. La señora que ve difícil lo de conocerse a uno mismo es entrada en años, mientras que los convencidos antinatalistas son todos jóvenes. Para simplificar, la incertidumbre de la vejez frente a las ideas claras de la juventud.
En cualquier caso son cosas que le ponen a uno ante el espejo sin por ello sentirse violentado. Uno se sabe a estas alturas completamente desorientado en prácticamente todo lo de enjundia y, también, acepta haber sido un perfecto cabeza de chorlito a lo largo de toda la vida. Quiero decir con ello que los grandes asunto de la vida, y tener descendencia sobre todo lo demás, no fue algo que hiciese como producto de una programación elaborada, ni mucho menos, no, fue algo que vino como caído del cielo. Por así decirlo, la inconsciencia fue, y supongo que sigue siendo, mi dueña y señora para todo lo que le haya gustado mandar. Y nunca hice sino elaborar teorías que me sirviesen de coartada para ocultarme a mi mismo la sumisión que le guardaba.
Porque vamos a ver, yo, como dice Louis CK, quiero tanto a mis hijas que daría la vida por ellas, pero ¿de verdad tuve el deseo de tenerlas? Creo recordar que no. Y también que no me hizo la menor gracia enterarme de que iba a ser padre. Yo en aquella época de descerebramiento total lo único que quería era disfrutar de la vida y fornicar a troche y moche era parte esencial de esa pretensión. Para mi, la impresión del momento era que aquel dulçe farniente se podría extender ad infinitum sin que por ello yo fuese a echar para nada en falta el reproducirme.
Lo que no puedo saber ahora es hasta qué punto juega un papel la inconsciencia en esos jóvenes antinatalistas que corren a esterilizarse para apuntalar sus convicciones. Sería interesante saber cómo habrán de interpretar tal decisión radical cuando la acumulación de experiencia les brinde la oportunidad de ser más reflexivos. En fin, el ser humano, una incógnita con tantas variables que, seguramente, tan iluso es lo de la vieja que pretende conocerse a sí misma que lo de las ideas claras de los antinatalistas. Somos como hojas mecidas por el viento.
El nexo que une ambas informaciones viene dado por la diferencia de edad de una y otros entrevistados. La señora que ve difícil lo de conocerse a uno mismo es entrada en años, mientras que los convencidos antinatalistas son todos jóvenes. Para simplificar, la incertidumbre de la vejez frente a las ideas claras de la juventud.
En cualquier caso son cosas que le ponen a uno ante el espejo sin por ello sentirse violentado. Uno se sabe a estas alturas completamente desorientado en prácticamente todo lo de enjundia y, también, acepta haber sido un perfecto cabeza de chorlito a lo largo de toda la vida. Quiero decir con ello que los grandes asunto de la vida, y tener descendencia sobre todo lo demás, no fue algo que hiciese como producto de una programación elaborada, ni mucho menos, no, fue algo que vino como caído del cielo. Por así decirlo, la inconsciencia fue, y supongo que sigue siendo, mi dueña y señora para todo lo que le haya gustado mandar. Y nunca hice sino elaborar teorías que me sirviesen de coartada para ocultarme a mi mismo la sumisión que le guardaba.
Porque vamos a ver, yo, como dice Louis CK, quiero tanto a mis hijas que daría la vida por ellas, pero ¿de verdad tuve el deseo de tenerlas? Creo recordar que no. Y también que no me hizo la menor gracia enterarme de que iba a ser padre. Yo en aquella época de descerebramiento total lo único que quería era disfrutar de la vida y fornicar a troche y moche era parte esencial de esa pretensión. Para mi, la impresión del momento era que aquel dulçe farniente se podría extender ad infinitum sin que por ello yo fuese a echar para nada en falta el reproducirme.
Lo que no puedo saber ahora es hasta qué punto juega un papel la inconsciencia en esos jóvenes antinatalistas que corren a esterilizarse para apuntalar sus convicciones. Sería interesante saber cómo habrán de interpretar tal decisión radical cuando la acumulación de experiencia les brinde la oportunidad de ser más reflexivos. En fin, el ser humano, una incógnita con tantas variables que, seguramente, tan iluso es lo de la vieja que pretende conocerse a sí misma que lo de las ideas claras de los antinatalistas. Somos como hojas mecidas por el viento.
martes, 16 de enero de 2018
¿Qué ye, oh?
¡Vaya por Dios, los socialistas ahora quieren que el bable sea lengua cooficial en Asturias! No salimos de una y ya estamos en otra. ¿Y saben de dónde viene toda esta mierda? Pues les parecerá que desvarío, pero nadie me va a quitar de la cabeza que todo se empezó a joder el día que Constantino decidió cargarse el paganismo e instaurar el cristianismo como la religión del Estado. Para que nos entendamos, aquello fue pasar de un sistema de incertidumbre que exigía pensar en cada caso a uno de certezas en el que sólo había que acatar y rezar. Fue un proceso de infantilización en toda regla que aún colea, ¡y de qué modo!, en lo que pudieramos considerar las franquicias de aquella desgraciada decisión.
Desde aquel entonces, la historia de la humanidad, por lo menos de la occidental, no ha sido sino intentar sacudirse la losa de pereza mental que el cristianismo les echó encima. Ya por el renacimiento italiano se vieron al respecto los primeros logros significativos. Poco a poco las élites cultivadas fueron retomando los viejos mitos paganos para reinterpretarlos a la luz de la actualidad del momento. Las artes dieron buena cuenta de ello. Luego, por poner otro ejemplo de ese desperezamiento, vino Descartes con su procedimiento de la duda metódica: cogito, ergo sum. Y si quiero seguir adelante tengo que apoyarme en el sistema de coordenadas: x siempre es una función de y y viceversa. La cosa se complica a medida que se van cortando cabezas a la hidra porque le cortas una y le salen siete en forma de franquicias que te llevan al cielo por un camino trillado.
En fin, la naturaleza es como es y por cada curioso fabrica mil perezosos. Y no por otra cosa es que haya tantos socialistas y, por tal, que antes de no mucho, ya verán, los asturianos tendrán que estudiar bable si quieren optar a una plaza de barrendero en Teverga. Y al final todos políglotas.
Desde aquel entonces, la historia de la humanidad, por lo menos de la occidental, no ha sido sino intentar sacudirse la losa de pereza mental que el cristianismo les echó encima. Ya por el renacimiento italiano se vieron al respecto los primeros logros significativos. Poco a poco las élites cultivadas fueron retomando los viejos mitos paganos para reinterpretarlos a la luz de la actualidad del momento. Las artes dieron buena cuenta de ello. Luego, por poner otro ejemplo de ese desperezamiento, vino Descartes con su procedimiento de la duda metódica: cogito, ergo sum. Y si quiero seguir adelante tengo que apoyarme en el sistema de coordenadas: x siempre es una función de y y viceversa. La cosa se complica a medida que se van cortando cabezas a la hidra porque le cortas una y le salen siete en forma de franquicias que te llevan al cielo por un camino trillado.
En fin, la naturaleza es como es y por cada curioso fabrica mil perezosos. Y no por otra cosa es que haya tantos socialistas y, por tal, que antes de no mucho, ya verán, los asturianos tendrán que estudiar bable si quieren optar a una plaza de barrendero en Teverga. Y al final todos políglotas.
lunes, 15 de enero de 2018
Palmeta
De todos los asaltos a la razón que se han cometido en España en los últimos años, el más sangrante sin duda fue el que se hizo en la figura del Sr. Wert. Afortunadamente ya se van levantando por ahí voces que lo reconocen y piden que el sistema educativo adopte las medidas que él propuso en beneficio, principalmente, de los más desfavorecidos. Sí, exactamente, y que se enteren los socialistas, los más desfavorecidos, porque los que no lo son no necesitan para nada que el Estado les apriete porque ya lo hacen sus padres. Pero ya, cuando la chusma más inmunda puso el grito en el cielo, fue cuando el Sr. Wert dijo que había que españolizar a los niños catalanes, algo que de tan obvio resulta casi hasta cómico tener que proponerlo. Recuerdo al respecto, haber visto hace ya muchos años un reportaje sobre Cataluña en la cadena francoalemana Arte en el que se veía a un maestro de pueblo haciendo mofa del Presidente Aznar y comparándole con Hitler. Porque cosas así es lo que se ha venido enseñando en las escuelas catalanas durante décadas con el gravísimo pecado de omisión por parte del gobierno español: a la vista están los resultados.
El caso es que mi confianza es total en que, por mucho necio que haya en el mundo levantando la voz, la razón siempre acaba por abrirse camino. Al respecto, leía ayer un artículo de Berta Gonzalez de la Vega titulado "La disciplina escolar como arma de justicia social" en el que de una manera informada y razonada se preconizaba la vuelta a la palmeta, si bien metafóricamente, como único procedimiento válido de liberación de los desfavorecidos.
Recuerdo que mi primer maestro, un tal Don Siro, paseaba entre los pupitres llevando la palmeta bajo el sobaco al más puro estilo Alec Guinness en "El puente sobre el río Kwai". Y la sacaba a pasear a la más mínima. Hay que tener en cuenta que los muchachones con los que bregaba habían conocido los horrores de la guerra y no se arredraban ante nada. Así, palmeta mediante, todos aprendieron las cuatro reglas que era de lo que se trataba. Seguramente era un buen maestro que hasta hacía leer pasajes de El Quijote a aquellos asilvestrados. Después, cuando fui a un colegio de curas, no vi ya palmetas, pero sí sacar la mano a pasear de vez en cuando. Luego, ya, cuando empezamos a comer con soltura, las cosas se empezaron a relajar y en cuatro años la mitad de aquellos curas habían volado hacia otros destinos más llevaderos. Porque este país evolucionó a tal velocidad que nos hizo perder la perspectiva de muchas cosas esenciales, principalmente del respeto debido a los mayores en conocimiento.
Hora es de que las aguas vuelvan a sus cauces y la disciplina a ocupar el lugar que le corresponde en el concierto de la civilización. Porque hay que desengañarse: los hábitos perniciosos como que caen del cielo, pero los saludables exigen transitar la cuesta arriba de la disciplina para alcanzarlos. Y esa y no otra es la piedra angular de toda la sabiduría que hay que tener para ascender por la escala social. Convendría que los socialistas se enterasen y que los que no lo son aparcasen sus complejos al respecto.
El caso es que mi confianza es total en que, por mucho necio que haya en el mundo levantando la voz, la razón siempre acaba por abrirse camino. Al respecto, leía ayer un artículo de Berta Gonzalez de la Vega titulado "La disciplina escolar como arma de justicia social" en el que de una manera informada y razonada se preconizaba la vuelta a la palmeta, si bien metafóricamente, como único procedimiento válido de liberación de los desfavorecidos.
Recuerdo que mi primer maestro, un tal Don Siro, paseaba entre los pupitres llevando la palmeta bajo el sobaco al más puro estilo Alec Guinness en "El puente sobre el río Kwai". Y la sacaba a pasear a la más mínima. Hay que tener en cuenta que los muchachones con los que bregaba habían conocido los horrores de la guerra y no se arredraban ante nada. Así, palmeta mediante, todos aprendieron las cuatro reglas que era de lo que se trataba. Seguramente era un buen maestro que hasta hacía leer pasajes de El Quijote a aquellos asilvestrados. Después, cuando fui a un colegio de curas, no vi ya palmetas, pero sí sacar la mano a pasear de vez en cuando. Luego, ya, cuando empezamos a comer con soltura, las cosas se empezaron a relajar y en cuatro años la mitad de aquellos curas habían volado hacia otros destinos más llevaderos. Porque este país evolucionó a tal velocidad que nos hizo perder la perspectiva de muchas cosas esenciales, principalmente del respeto debido a los mayores en conocimiento.
Hora es de que las aguas vuelvan a sus cauces y la disciplina a ocupar el lugar que le corresponde en el concierto de la civilización. Porque hay que desengañarse: los hábitos perniciosos como que caen del cielo, pero los saludables exigen transitar la cuesta arriba de la disciplina para alcanzarlos. Y esa y no otra es la piedra angular de toda la sabiduría que hay que tener para ascender por la escala social. Convendría que los socialistas se enterasen y que los que no lo son aparcasen sus complejos al respecto.
domingo, 14 de enero de 2018
Como de molde
El editor francés por antonomasia, Antoine Gallimard, ha decidido, por prudencia, no publicar unos textos inéditos de Céline en los que, al parecer, se dedica con entusiasmo a darle a la matraca antijudía. Sabido es que este autor, por lo demás absolutamente recomendable, fue colaboracionista con los nazis y antijudío hasta las cachas. Algo que, por cierto, nos alerta, o debiera alertar, sobre la inasible complejidad de la psicología humana. ¿Cómo es posible que una cabeza capaz de escribir la absoluta obra de arte que es "Viaje al fin de la noche" sea la misma que se obstina en echar la culpa de todos los males del mundo a los judíos? ¡Que venga Dios y me lo explique!
La sabiduría popular, o sea, la que más debemos mirar con lupa antes de definirnos sobre ella, asegura que lo que pasa es que el inconsciente colectivo achaca a los judíos la muerte del Cristo. Ya saben, el que vino a redimirnos de nosotros mismos utilizando como palanca de tan prodigiosa transformación, casi genética, la incitación a la pobreza de espíritu. Es decir, bienaventurados los que tal y cual. Al pueblo llano, claro está, esas incitaciones le suenan a música celestial. Todo el día de excursión por el campo, que después viene Vicente, el que da de comer a más gente, y hace una de sus paellas gigantes. Y después a bailar hasta bien entrada la madrugada.
Parece de chiste, pero no lo es en absoluto. Ya, me es imposible recordar las veces que he tenido que escuchar de boca de gente, que por lo demás parecía sensata, que lo que hace Israel con los palestinos es un genocidio. Para el mundo en general, esa es una historia de buenos y malos sin que quepan los matices. Verdugos por un lado y víctimas por el otro, y sanseacabó. ¿De qué lado me voy a poner yo, entonces, que soy asiduo a las paellas de Vicente?
Siempre he soñado con encontrar en algún sitio una explicación fundada a esa aversión casi universal hacia lo judío. En el "Juan de Mairena" de Machado hay unas cuantas alusiones al tema que parecen más que nada pecar de adhesión al tópico del momento. Alguien que escribiese esas mismas cosas hoy día sería inmediatamente fulminado por la corrección en boga. Quizá si hubiese leido los famosos "Cuadernos Negros" de Heidegger hubiera podido encontrar lo que ando buscando. Pero me temo que no, porque la madre de este cordero me parece que tiene más de irracional que de otra cosa. A veces, pensando por mi cuenta, creo dar en la clave: lo insoportable de esta gente es el marchamo de superioridad espiritual que les otorga ser "el pueblo del libro". O sea, su patria, como han demostrado hasta la saciedad es el conocimiento. Y así ha sido que han colaborado como nadie a imprimir esta velocidad desbocada a la evolución del mundo. Velocidad que, por cierto, deja descolocada a la inmensa mayoría de los mortales que, como es lógico, sólo pueden hallar consuelo en la identificación del culpable de sus desvelos. Y a tal efecto, el pueblo judío les viene como de molde.
La sabiduría popular, o sea, la que más debemos mirar con lupa antes de definirnos sobre ella, asegura que lo que pasa es que el inconsciente colectivo achaca a los judíos la muerte del Cristo. Ya saben, el que vino a redimirnos de nosotros mismos utilizando como palanca de tan prodigiosa transformación, casi genética, la incitación a la pobreza de espíritu. Es decir, bienaventurados los que tal y cual. Al pueblo llano, claro está, esas incitaciones le suenan a música celestial. Todo el día de excursión por el campo, que después viene Vicente, el que da de comer a más gente, y hace una de sus paellas gigantes. Y después a bailar hasta bien entrada la madrugada.
Parece de chiste, pero no lo es en absoluto. Ya, me es imposible recordar las veces que he tenido que escuchar de boca de gente, que por lo demás parecía sensata, que lo que hace Israel con los palestinos es un genocidio. Para el mundo en general, esa es una historia de buenos y malos sin que quepan los matices. Verdugos por un lado y víctimas por el otro, y sanseacabó. ¿De qué lado me voy a poner yo, entonces, que soy asiduo a las paellas de Vicente?
Siempre he soñado con encontrar en algún sitio una explicación fundada a esa aversión casi universal hacia lo judío. En el "Juan de Mairena" de Machado hay unas cuantas alusiones al tema que parecen más que nada pecar de adhesión al tópico del momento. Alguien que escribiese esas mismas cosas hoy día sería inmediatamente fulminado por la corrección en boga. Quizá si hubiese leido los famosos "Cuadernos Negros" de Heidegger hubiera podido encontrar lo que ando buscando. Pero me temo que no, porque la madre de este cordero me parece que tiene más de irracional que de otra cosa. A veces, pensando por mi cuenta, creo dar en la clave: lo insoportable de esta gente es el marchamo de superioridad espiritual que les otorga ser "el pueblo del libro". O sea, su patria, como han demostrado hasta la saciedad es el conocimiento. Y así ha sido que han colaborado como nadie a imprimir esta velocidad desbocada a la evolución del mundo. Velocidad que, por cierto, deja descolocada a la inmensa mayoría de los mortales que, como es lógico, sólo pueden hallar consuelo en la identificación del culpable de sus desvelos. Y a tal efecto, el pueblo judío les viene como de molde.
sábado, 13 de enero de 2018
De este lado.
No cuaja, pero nieva. Pocas sensaciones de confortabilidad como ver caer los copos al otro lado de la ventana mientras que, de éste, te dedicas a lo que sea sin las distracciones propias de unos deseos propiciados por una naturaleza en ebullición. Ni la más mínima gana de abandonar el útero materno, como Perséfone el Hades, hasta que los rayos del sol calienten la tierra y te puedas tumbar sobre ella con la vaga intención de poseerla. En fin, vamos a ver en qué acaba todo esto.
El caso es que de este lado, entre otros, tengo a los amigos de Chachi Guitar. Son dos chavales de los que cualquier padre podría estar orgulloso. Ellos son músicos por los cuatro costados, pero es que, además, tienen el don de la pedagogía. Porque esa es otra, tener arte para transmitir lo que sabes. Y, sobre todo, estar dispuesto a transmitirlo por amor a ese arte que tienes. Así, estos dos chicos tiene colgados en YouTube un montón de vídeos en los que, para un nivel como el mío, se encuentra oro puro. Después, para los más avanzados, tienen cursos de pago a los que espero acceder algún día si es que no se me hace tarde ya.
Y esa es la cuestión, que es difícil sobrevivir a las largas noches del invierno oscuro, de este lado, si no has sido capaz de hacer amigos que te acompañen en la larga travesía. Que te ayuden a cultivar tu particular jardín. Que te mantengan absorto en aquello a lo que estás: en tu sueño o tu quimera. O en tu particular camino de perfección, también.
Que ya lo dijo Nosequién, que si no hubiese en el mundo el frío de afuera y el calor de este lado, la humanidad todavía estaría subida a las ramas de los árboles.
El caso es que de este lado, entre otros, tengo a los amigos de Chachi Guitar. Son dos chavales de los que cualquier padre podría estar orgulloso. Ellos son músicos por los cuatro costados, pero es que, además, tienen el don de la pedagogía. Porque esa es otra, tener arte para transmitir lo que sabes. Y, sobre todo, estar dispuesto a transmitirlo por amor a ese arte que tienes. Así, estos dos chicos tiene colgados en YouTube un montón de vídeos en los que, para un nivel como el mío, se encuentra oro puro. Después, para los más avanzados, tienen cursos de pago a los que espero acceder algún día si es que no se me hace tarde ya.
Y esa es la cuestión, que es difícil sobrevivir a las largas noches del invierno oscuro, de este lado, si no has sido capaz de hacer amigos que te acompañen en la larga travesía. Que te ayuden a cultivar tu particular jardín. Que te mantengan absorto en aquello a lo que estás: en tu sueño o tu quimera. O en tu particular camino de perfección, también.
Que ya lo dijo Nosequién, que si no hubiese en el mundo el frío de afuera y el calor de este lado, la humanidad todavía estaría subida a las ramas de los árboles.
viernes, 12 de enero de 2018
Remena nena
Ven, lo que les decía. Todo eso de Cataluña ha quedado en la clásica patochada de paletos. Claro, que se puede esperar de gente que cría veinte millones de cerdos al año y luego se tiene que comer las ingentes cantidades de purines que tal industria genera. Es el eterno drama de los listillos que no ven más allá de lo inmediato: els diners fan la felicitat.
Y en esas estaba ayer en el super de la cooperativa agricola de Palencia que tengo aquí debajo de casa cuando, de pronto, escucho que alguien andaba protestando en catalán charnego. Me acerqué a ver de qué iba el asunto. Era una señora pequeñita, mona, atildada, que se quejaba de que la gente remenaba la fruta para escoger las piezas a su gusto. Como me miraba con insistencia a la vez que insistía en el remenar de los clientes me pareció oportuno recordarle aquello de: si remenes força estona, la barreja surt més bona i el client deixes content, remena, remena nena. Por supuesto que le hizo mucha gracia y se puso a hablarme en catalán a toda mecha de que aquí la gente no entiende de negocios. Yo la contesté en castellano, entre otras cosas porque hablar en catalán em fa fàstic, y la dije unas cuantas cosas de por aquí que ella parecía ignorar y que la dejaron al parecer bastante sorprendida. Al final resultó ser una enfermera recién jubilada que había trabajado toda su vida en Vallebron. Entre unas cosas y otras la conversación derivó, como no podía ser de otra manera, hacia lo del fornicio y lo último que la escuché antes de despedirme fue que ella era partidaria de que on tinguis l'òlla no fiquis la pólla.
Me fastidia reconocerlo, pero realmente adoro a los catalanes. O mejor a las catalanas. Salvada la cosa de la matraca es raro que encuentres a gente con la que se pueda hablar con semejante libertad sin que ello dé a entender supuestos comprometedores. Son comerciantes por naturaleza con el beneficio por única ética, lo cual, claro está, tiende a producir desagradables contratiempos, pero sólo si te pillan con las manos en la masa. En este aspecto, nadie como ellos es tan descendiente de los atenienses de cuando Pericles.
En fin, ya digo: si remenes força estona, la barreja surt més bona. Y por eso y no otra cosa es que insistan tanto con la matraca. Porque lo que es vivir sin nosotros, sus clientes naturales...
Y en esas estaba ayer en el super de la cooperativa agricola de Palencia que tengo aquí debajo de casa cuando, de pronto, escucho que alguien andaba protestando en catalán charnego. Me acerqué a ver de qué iba el asunto. Era una señora pequeñita, mona, atildada, que se quejaba de que la gente remenaba la fruta para escoger las piezas a su gusto. Como me miraba con insistencia a la vez que insistía en el remenar de los clientes me pareció oportuno recordarle aquello de: si remenes força estona, la barreja surt més bona i el client deixes content, remena, remena nena. Por supuesto que le hizo mucha gracia y se puso a hablarme en catalán a toda mecha de que aquí la gente no entiende de negocios. Yo la contesté en castellano, entre otras cosas porque hablar en catalán em fa fàstic, y la dije unas cuantas cosas de por aquí que ella parecía ignorar y que la dejaron al parecer bastante sorprendida. Al final resultó ser una enfermera recién jubilada que había trabajado toda su vida en Vallebron. Entre unas cosas y otras la conversación derivó, como no podía ser de otra manera, hacia lo del fornicio y lo último que la escuché antes de despedirme fue que ella era partidaria de que on tinguis l'òlla no fiquis la pólla.
Me fastidia reconocerlo, pero realmente adoro a los catalanes. O mejor a las catalanas. Salvada la cosa de la matraca es raro que encuentres a gente con la que se pueda hablar con semejante libertad sin que ello dé a entender supuestos comprometedores. Son comerciantes por naturaleza con el beneficio por única ética, lo cual, claro está, tiende a producir desagradables contratiempos, pero sólo si te pillan con las manos en la masa. En este aspecto, nadie como ellos es tan descendiente de los atenienses de cuando Pericles.
En fin, ya digo: si remenes força estona, la barreja surt més bona. Y por eso y no otra cosa es que insistan tanto con la matraca. Porque lo que es vivir sin nosotros, sus clientes naturales...
jueves, 11 de enero de 2018
Por el coño
En los medios en que me desenvolvía en los años de mi juventud pseudorrevolucioaria era lugar común decir que a las mujeres les entraba la ideología por el coño. Chica mona de buena familia se enamoraba de líder rojo y en cuatro días era experta en soflamas incendiarias y en cinco miembro del comité ejecutivo del partido liderado por su chorbo. No era nada denigrante; solamente que las hormonas femeninas hacían su trabajo. Lo mismo que las masculinas hacían el suyo apuntalando el liderazgo con un ligue de postín.
Tiene gracia la cosa porque ahora se ha desatado una oleada de furia en el mundo que ha escogido como lema de su lucha el ambiguo "MeToo", o sea, "a mi también me lo hicieron", pero también "yo también quiero". Personalmente no puedo estar más de acuerdo con esa lucha, porque si hay una injusticia sangrante en el mundo es la que comete la naturaleza al repartir sus gracias entre los mortales. Así, una mujer que nace fea y de baja extracción social, lo mismo que cuando una guapa se hace vieja, necesitaría un coeficiente intelectual de doscientos o más puntos para rascar pelota. Es, en definitiva una ley de vida que está urgida de revisión... si es que eso es posible.
Total que como todas las mareas ideológicas reivindicativas, en sus orígenes suelen ser tan llamativas que parece que se lo van a llevar todo por delante. En este caso concreto es fácil de entender que el invento tenga tirón porque las feas de baja extracción, o guapas en trance de envejecer, ganan por goleada a las monas, jóvenes y de buena familia. Hay ahí, en esa desproporción galopante un manantial inagotable de rencor y resentimiento. La cosa, por otra parte, más humana que se puede concebir. Pero también, estúpidamente destructiva.
Afortunadamente, también, todas esas mareas alcanzan su pleamar y regresan. Que es lo que parece que está pasando ya. Porque se están alzando voces muy poderosas que piden calma y raciocinio. La naturaleza es lo que es y aunque la civilización consista en ir doblegándola a nuestro beneficio de inventario, no por ello vamos a dejar de constatar que en algunos de sus aspectos es rebelde sin causa, lo cual que es muy difícil, por no decir imposible, hincarle el diente. Los tíos, por mucho que se eduquen, seguirán siendo tíos. Y las mujeres igual. Y ambos dos géneros seguirán aprovechándose o lamentandose de las gracias que les cayeron en el reparto. Se podrá aliviar un poco la tensión, no digo que no, pero no conviene hacerse muchas ilusiones porque todo ello, seguramente, tiene que ver con los sabios mecanismos que la naturaleza implementa con vistas a la perpetuación de la especie. Así que...
Tiene gracia la cosa porque ahora se ha desatado una oleada de furia en el mundo que ha escogido como lema de su lucha el ambiguo "MeToo", o sea, "a mi también me lo hicieron", pero también "yo también quiero". Personalmente no puedo estar más de acuerdo con esa lucha, porque si hay una injusticia sangrante en el mundo es la que comete la naturaleza al repartir sus gracias entre los mortales. Así, una mujer que nace fea y de baja extracción social, lo mismo que cuando una guapa se hace vieja, necesitaría un coeficiente intelectual de doscientos o más puntos para rascar pelota. Es, en definitiva una ley de vida que está urgida de revisión... si es que eso es posible.
Total que como todas las mareas ideológicas reivindicativas, en sus orígenes suelen ser tan llamativas que parece que se lo van a llevar todo por delante. En este caso concreto es fácil de entender que el invento tenga tirón porque las feas de baja extracción, o guapas en trance de envejecer, ganan por goleada a las monas, jóvenes y de buena familia. Hay ahí, en esa desproporción galopante un manantial inagotable de rencor y resentimiento. La cosa, por otra parte, más humana que se puede concebir. Pero también, estúpidamente destructiva.
Afortunadamente, también, todas esas mareas alcanzan su pleamar y regresan. Que es lo que parece que está pasando ya. Porque se están alzando voces muy poderosas que piden calma y raciocinio. La naturaleza es lo que es y aunque la civilización consista en ir doblegándola a nuestro beneficio de inventario, no por ello vamos a dejar de constatar que en algunos de sus aspectos es rebelde sin causa, lo cual que es muy difícil, por no decir imposible, hincarle el diente. Los tíos, por mucho que se eduquen, seguirán siendo tíos. Y las mujeres igual. Y ambos dos géneros seguirán aprovechándose o lamentandose de las gracias que les cayeron en el reparto. Se podrá aliviar un poco la tensión, no digo que no, pero no conviene hacerse muchas ilusiones porque todo ello, seguramente, tiene que ver con los sabios mecanismos que la naturaleza implementa con vistas a la perpetuación de la especie. Así que...
miércoles, 10 de enero de 2018
Criptorrealidad
Si uno se enchusmatiza, o sea, se apunta a lo que se lleva, se habrá pasado estos días horas y horas leyendo, escuchando y hablando, acerca de unos pobres desgraciados, o mejor cretinos, que se vieron atrapados en un temporal de nieve. ¡Anda que no habrá sido porque no estaba anunciado hasta la saciedad por todos los medios marítimos, terrestres y aéreos! Pero así es la cotidianidad de quién se entrega al dolche farniente de lo trillado, una especie de amasamiento de moco entre medio, índice y pulgar, que entretiene a la vez que idiotiza. En definitiva, una forma como otra cualquiera de proporcionar estabilidad emocional a las masas por medio del cultivo de la ignorancia de lo que se cuece en los pucheros de la evolución.
La evolución de la realidad presente hacia otras más sofisticadas. No creo que sea otra, en esencia, la historia de la humanidad. Y sabemos que, aunque nunca se paró del todo, la velocidad que adquirió en las diversas épocas fue muy diversa. Y concretamente en la actual se diría que va desbocada por más que quienes amasan moco entre los dedos no se enteren. Lo cual, por lo demás, es irrelevante, porque lo de vivir conscientes de la candente realidad del momento siempre fue cosa de minorías muy minoritarias a las que los dioses favorecieron con el don de la curiosidad inquisitiva, por decirlo de la forma más pleonasmática posible.
El caso es que uno, no por consciente de sus limitaciones intelectuales deja de querer formar parte de esa minoría realmente informada. Y a tal efecto indaga en lo a primera vista incomprensible. Así, si les dijese que en los últimos meses he leído veinte o treinta artículos sobre el bitcoin en particular y las criptomonedas en general no les mentiría en absoluto. Y el caso es que sigo sin aclararme por más que me vaya formando una idea de que estamos ante algo de una importancia que puede ser bastante definitiva a efectos evolutivos. Una especie de "uvas de la ira", pero a lo bestia porque toca al orden mundial por donde más le duele, es decir, la parte del poder.
Y es que, qué sería de todo este tinglado que tenemos montado si los poderes del Estado no pudiesen controlar en absoluto los flujos monetarios. Sí las transacciones entre particulares no dejan rastro, de dónde sacar para redistribuir. Y sin redistribución, ya me dirán, la selva. Claro que tampoco hay que preocuparse demasiado porque cuando Prometeo roba fuego, los dioses automáticamente le encadenan a una roca para permitir que un águila le picotee los hígados a diario. Y en el caso que nos ocupa, al parecer, el consumo de energía que ese sistema monetario encriptado necesita es astronómico. Lo cual ya ha empezado a poner coto al invento: los chinos limitan por ley las fuentes de energía a quienes poseen los sofisticados ordenadores que se necesitan para acceder a las criptomonedas. Pero no nos engañemos, porque Prometeo tiene de su parte a Atenea y tarde o temprano, con su ayuda, acaba convirtiendo la roca en un diamante que se coloca en el dedo para adornar. Cuando algo empieza, la señal más evidente de que es grande no es otra que ver cómo el poder corre a ponerle trabas.
En resumidas cuentas: hoy hay una tribuna en El Mundo titulada "La minería del bitcoin". Se lo recomiendo.
La evolución de la realidad presente hacia otras más sofisticadas. No creo que sea otra, en esencia, la historia de la humanidad. Y sabemos que, aunque nunca se paró del todo, la velocidad que adquirió en las diversas épocas fue muy diversa. Y concretamente en la actual se diría que va desbocada por más que quienes amasan moco entre los dedos no se enteren. Lo cual, por lo demás, es irrelevante, porque lo de vivir conscientes de la candente realidad del momento siempre fue cosa de minorías muy minoritarias a las que los dioses favorecieron con el don de la curiosidad inquisitiva, por decirlo de la forma más pleonasmática posible.
El caso es que uno, no por consciente de sus limitaciones intelectuales deja de querer formar parte de esa minoría realmente informada. Y a tal efecto indaga en lo a primera vista incomprensible. Así, si les dijese que en los últimos meses he leído veinte o treinta artículos sobre el bitcoin en particular y las criptomonedas en general no les mentiría en absoluto. Y el caso es que sigo sin aclararme por más que me vaya formando una idea de que estamos ante algo de una importancia que puede ser bastante definitiva a efectos evolutivos. Una especie de "uvas de la ira", pero a lo bestia porque toca al orden mundial por donde más le duele, es decir, la parte del poder.
Y es que, qué sería de todo este tinglado que tenemos montado si los poderes del Estado no pudiesen controlar en absoluto los flujos monetarios. Sí las transacciones entre particulares no dejan rastro, de dónde sacar para redistribuir. Y sin redistribución, ya me dirán, la selva. Claro que tampoco hay que preocuparse demasiado porque cuando Prometeo roba fuego, los dioses automáticamente le encadenan a una roca para permitir que un águila le picotee los hígados a diario. Y en el caso que nos ocupa, al parecer, el consumo de energía que ese sistema monetario encriptado necesita es astronómico. Lo cual ya ha empezado a poner coto al invento: los chinos limitan por ley las fuentes de energía a quienes poseen los sofisticados ordenadores que se necesitan para acceder a las criptomonedas. Pero no nos engañemos, porque Prometeo tiene de su parte a Atenea y tarde o temprano, con su ayuda, acaba convirtiendo la roca en un diamante que se coloca en el dedo para adornar. Cuando algo empieza, la señal más evidente de que es grande no es otra que ver cómo el poder corre a ponerle trabas.
En resumidas cuentas: hoy hay una tribuna en El Mundo titulada "La minería del bitcoin". Se lo recomiendo.
martes, 9 de enero de 2018
Teogonias
Lo de las religiones ya sabemos que es la manera que se han inventado los humanos desde la noche de los tiempos para dar respuesta a preguntas que no la tienen. Si lo racional no funciona se inventa lo mágico. Es una perfecta macanada, pero funciona a las mil maravillas para la inmensa mayoría. Y ahí es donde, a mi juicio, reside el gran problema: que cómo lo mágico funciona para qué vamos a esforzarnos en afinar la razón. ¡Con lo que cuesta eso!
Las preguntas sin respuesta son lo que se conoce como las grandes cuestiones. Sin duda el origen del universo es la primera entre todas ellas y pese a quien pese, los físicos del CERN incluidos, el que más sabe sobre el tema sabe exactamente lo mismo que el pastor más ignorante de la Siberia extremeña, como le gusta recordar a Savater. La segunda en importancia, teórica diría yo, porque en la práctica es la primera, es la cuestión del libre albedrío. ¿Hasta qué punto somos dueños de nuestras decisiones? Nuestro carácter viene determinado por los genes y no tenemos ni idea en qué medida la educación puede influir para modificarlo. Ayer les contaba lo de mi obstinación por perseguir quimeras que me ha tenido toda la vida de aquí para allá sin que al parecer mi confortable presente sirva para sosegarme al respecto. El día menos pensado vuelvo a empacar y que sea lo que D. quiera.
Quienes me conocen saben que el mayor hallazgo psico-socio-filosófico-armamentístico de mi vida lo hice leyendo La Crónica del desasosiego de Pessoa. Viene a ser que si por lo que sea sientes necesidad de cambiar el mundo la mejor manera de conseguirlo es empezar por cambiarte a ti mismo, lo cual será una tarea tan ardua que te llevará toda la vida. Y el caso es que estando como estoy al cien por cien de acuerdo con eso me siento totalmente impotente para ponerlo en práctica. Me miro en el espejo y veo a Chiquito de la Calzada lanzando su más lastimera proclama: ¡no puedo!, ¡no puedo!
Sí, desde luego, algo he progresado, golpes de la vida mediante, porque ahora empiezo a ser consciente de mi impotencia. Y también comprendo por qué quería cambiar el mundo cuando no sabía de mi impotencia. Lo cual, sin duda, me ha llevado a entender mejor las extrañas actitudes, a veces letales, que exhiben mis congéneres. Y, también, a la aceptación de lo que es más duro para el alma cándida, que el mundo tiene que ser injusto para sobrevivir, porque no importa que el que hizo el mal lo hiciese impulsado por una fuerza telúrica que en absoluto podía controlar: nuestra obligación es tratarle como si lo hubiese hecho con plena conciencia y dominio de sus actos. Es tremendo que tengamos que ser así, pero mucho peor sería dejar que la bestia campase por sus respetos y nos fuésemos todos al garete.
Así que hasta que la ciencia no dé con los procedimientos para reparar los genes que impulsan actitudes antisociales no nos va a quedar más remedio que seguir creyendo, como hacen las religiones a pies juntillas, en el libre albedrío. Para lo del origen del universo, sin embargo, no creo que vaya a haber nunca ciencia que valga, así que a seguir disfrutando con las diversas teogonias, o génesis, que suelen tener mucho tajo simbólico por desentrañar.
Las preguntas sin respuesta son lo que se conoce como las grandes cuestiones. Sin duda el origen del universo es la primera entre todas ellas y pese a quien pese, los físicos del CERN incluidos, el que más sabe sobre el tema sabe exactamente lo mismo que el pastor más ignorante de la Siberia extremeña, como le gusta recordar a Savater. La segunda en importancia, teórica diría yo, porque en la práctica es la primera, es la cuestión del libre albedrío. ¿Hasta qué punto somos dueños de nuestras decisiones? Nuestro carácter viene determinado por los genes y no tenemos ni idea en qué medida la educación puede influir para modificarlo. Ayer les contaba lo de mi obstinación por perseguir quimeras que me ha tenido toda la vida de aquí para allá sin que al parecer mi confortable presente sirva para sosegarme al respecto. El día menos pensado vuelvo a empacar y que sea lo que D. quiera.
Quienes me conocen saben que el mayor hallazgo psico-socio-filosófico-armamentístico de mi vida lo hice leyendo La Crónica del desasosiego de Pessoa. Viene a ser que si por lo que sea sientes necesidad de cambiar el mundo la mejor manera de conseguirlo es empezar por cambiarte a ti mismo, lo cual será una tarea tan ardua que te llevará toda la vida. Y el caso es que estando como estoy al cien por cien de acuerdo con eso me siento totalmente impotente para ponerlo en práctica. Me miro en el espejo y veo a Chiquito de la Calzada lanzando su más lastimera proclama: ¡no puedo!, ¡no puedo!
Sí, desde luego, algo he progresado, golpes de la vida mediante, porque ahora empiezo a ser consciente de mi impotencia. Y también comprendo por qué quería cambiar el mundo cuando no sabía de mi impotencia. Lo cual, sin duda, me ha llevado a entender mejor las extrañas actitudes, a veces letales, que exhiben mis congéneres. Y, también, a la aceptación de lo que es más duro para el alma cándida, que el mundo tiene que ser injusto para sobrevivir, porque no importa que el que hizo el mal lo hiciese impulsado por una fuerza telúrica que en absoluto podía controlar: nuestra obligación es tratarle como si lo hubiese hecho con plena conciencia y dominio de sus actos. Es tremendo que tengamos que ser así, pero mucho peor sería dejar que la bestia campase por sus respetos y nos fuésemos todos al garete.
Así que hasta que la ciencia no dé con los procedimientos para reparar los genes que impulsan actitudes antisociales no nos va a quedar más remedio que seguir creyendo, como hacen las religiones a pies juntillas, en el libre albedrío. Para lo del origen del universo, sin embargo, no creo que vaya a haber nunca ciencia que valga, así que a seguir disfrutando con las diversas teogonias, o génesis, que suelen tener mucho tajo simbólico por desentrañar.
lunes, 8 de enero de 2018
Obstinación
Estoy revisitando estos días los capítulos de Doctor en Alaska que tengo guardados en el disco duro. No son muchos pero me bastan para reconciliarme conmigo mismo. Con ellos me pasa igual que cuando no puedo más y decido agarrar y ponerme a leer El Quijote. Son mis dos obras de arte preferidas porque por más que insista en ellas nunca dejan de sorprenderme con nuevos matices de la realidad que en anteriores visitas habían escapado a mi ya de por sí aguda mirada... que es lo que tiene haber nacido tan inteligente para unas cosas y tan tonto para otras. Porque es que me sé la lección de memoria, pero, luego, cuando me pongo a recitarla, no doy una en el clavo.
El caso es que en donde a mí me gustaría vivir es en Cicely, un lugar donde la raquítica densidad demográfica y las condiciones climáticas extremas obligan a sus habitantes a olvidarse de las pequeñas preferencias y a tirar derecho hacia delante. Es como un retorno a la edad dorada: el precio de las cosas se ajusta a su valor y no hay más verdad que la que confirman los hechos. Una quimera que ha marcado mi destino. Siempre tras ella, nunca he conseguido sosegar. A veces me parecía haberla alcanzado y bastaban cuatro días para desilusionarme y volver a las andadas. Porque lo que no existe es imposible encontrarlo. Tan sencillo de saber y tan difícil de aceptar.
Así que sólo me queda el consuelo de agarrar mi Rocinante y salir a los caminos en busca de entuertos que desfacer. Y el único que encuentro es mi propio cansancio que desfago en la posada de turno a golpe de pincho de tortilla o en cualquier lugar ameno descabezando un sueñecillo.
Y así se fue la vida y se irá la que queda porque nada obstina tanto como perseguir quimeras.
El caso es que en donde a mí me gustaría vivir es en Cicely, un lugar donde la raquítica densidad demográfica y las condiciones climáticas extremas obligan a sus habitantes a olvidarse de las pequeñas preferencias y a tirar derecho hacia delante. Es como un retorno a la edad dorada: el precio de las cosas se ajusta a su valor y no hay más verdad que la que confirman los hechos. Una quimera que ha marcado mi destino. Siempre tras ella, nunca he conseguido sosegar. A veces me parecía haberla alcanzado y bastaban cuatro días para desilusionarme y volver a las andadas. Porque lo que no existe es imposible encontrarlo. Tan sencillo de saber y tan difícil de aceptar.
Así que sólo me queda el consuelo de agarrar mi Rocinante y salir a los caminos en busca de entuertos que desfacer. Y el único que encuentro es mi propio cansancio que desfago en la posada de turno a golpe de pincho de tortilla o en cualquier lugar ameno descabezando un sueñecillo.
Y así se fue la vida y se irá la que queda porque nada obstina tanto como perseguir quimeras.
domingo, 7 de enero de 2018
Racismo
Si hay una manera segura de acabar mal en esta vida esa es la de albergar en la conciencia un sentimiento de superioridad que para nada se corresponde con los méritos que se tienen. Seguramente, tal anomalía, es el síntoma por excelencia de unas capacidades intelectuales muy limitadas. Porque es que, además, cuando alguien es persona de mérito raramente padece esa anomalía por la sencilla razón de que sería superflua: el mundo ya le trata como ser superior lo que le da un amplio margen para acrecentar su prestigio recurriendo a la modestia.
Pensaba en estas cosas después de leer en El País un artículo de Francisco Rico sobre la cuestión catalana. Un artículo, tengo que decir, que me ha parecido definitivo. No creo que se pueda decir más sobre el tema, ni mejor. El problema de los catalanes no es en absoluto un problema que concierna a los españoles en general. Es un problema que sólo se puede solucionar por medio del reconocimiento por parte de los propios catalanes de que se han equivocado de pe a pa al creerse superiores al resto de los españoles. Una cirugía dolorosa, sin duda, pero inevitable so pena de sucumbir.
Y en esas estamos, porque de lo contrario solo queda la solución final, digamos que a la alemana de infausto recuerdo. Y es que, hay cosas que una sociedad civilizada no puede pasar por alto porque hay sobrada experiencia histórica de las nefastas consecuencias que se derivan de dejar campar por sus respetos al sentimiento racista... que es como, quitándole todas las máscaras, hay que calificar a esa conciencia acrítica de superioridad.
En fin, esperemos que éste 2018 sea el del fin definitivo de la matraca catalanufa. Un signo premonitorio de ello es que el catecismo socialdemócrata, que tanto contribuyó en el pasado a envenenar el entendimiento, esté postergando los análisis de sus catalanes de guardia para dar prioridad a los de los filólogos que al único sentimiento que son afectos es al de utilizar las palabras adecuadas a cada situación. Y por eso hoy hablamos de racismo.
Pensaba en estas cosas después de leer en El País un artículo de Francisco Rico sobre la cuestión catalana. Un artículo, tengo que decir, que me ha parecido definitivo. No creo que se pueda decir más sobre el tema, ni mejor. El problema de los catalanes no es en absoluto un problema que concierna a los españoles en general. Es un problema que sólo se puede solucionar por medio del reconocimiento por parte de los propios catalanes de que se han equivocado de pe a pa al creerse superiores al resto de los españoles. Una cirugía dolorosa, sin duda, pero inevitable so pena de sucumbir.
Y en esas estamos, porque de lo contrario solo queda la solución final, digamos que a la alemana de infausto recuerdo. Y es que, hay cosas que una sociedad civilizada no puede pasar por alto porque hay sobrada experiencia histórica de las nefastas consecuencias que se derivan de dejar campar por sus respetos al sentimiento racista... que es como, quitándole todas las máscaras, hay que calificar a esa conciencia acrítica de superioridad.
En fin, esperemos que éste 2018 sea el del fin definitivo de la matraca catalanufa. Un signo premonitorio de ello es que el catecismo socialdemócrata, que tanto contribuyó en el pasado a envenenar el entendimiento, esté postergando los análisis de sus catalanes de guardia para dar prioridad a los de los filólogos que al único sentimiento que son afectos es al de utilizar las palabras adecuadas a cada situación. Y por eso hoy hablamos de racismo.
sábado, 6 de enero de 2018
Intercourse
A lo largo del pasado año tuve en varias ocasiones la paciencia, y hasta el placer, de escuchar a Antonio Escohotado hablando de su último libro "Los enemigos del comercio". La verdad es que a estas alturas de la vida a uno ya no le pillan por sorpresa si no es cuando le explican algún raro teorema matemático o una variación armónica intrincada. Pero para convencerme de que los enemigos del comercio arrancan del viejo cristianismo derivado luego al virulento marxismo no le había hecho falta a Antonio escribir cuatro mil páginas.
Cristianismo y su derivada, o tangente en un punto, el marxismo, no son más que el infierno empedrado de buenas intenciones. O el letal amor cósmico de la adolescencia, para ser más exactos. Todo es de todos y nadie es más que nadie. Nihilismo en estado puro: el camino más directo a la extinción de la especie humana.
Y no por otra razón es que esas dos ideologías sucesivas hayan escogido el comercio como su enemigo más encarnizado. Porque el comercio es la representación más gozosa de la vida. Intercambiar las diferencias. Intercourse, como dicen los anglosajones lo mismo para el coito que para el comercio.
Y así es que, con esos mimbres, se ha fabricado un cesto en el que cabe todo. Porque todo sirve para el mercado. Hermes, su dios artero, en vez de eliminar a los vencidos, ha hecho lo que todo buen general, convertirlos en bufones a su servicio: lo mismo el Niño Jesús, que los Reyes Magos, que el Cachorro de Triana, por no hablar del mausoleo de Lenin, no son hoy día otra cosa que una excusa para intensificar el mercadeo. Y fun, fun, yo me remendaba, yo me remendé, y la vida fluye a toda mecha.
Cristianismo y su derivada, o tangente en un punto, el marxismo, no son más que el infierno empedrado de buenas intenciones. O el letal amor cósmico de la adolescencia, para ser más exactos. Todo es de todos y nadie es más que nadie. Nihilismo en estado puro: el camino más directo a la extinción de la especie humana.
Y no por otra razón es que esas dos ideologías sucesivas hayan escogido el comercio como su enemigo más encarnizado. Porque el comercio es la representación más gozosa de la vida. Intercambiar las diferencias. Intercourse, como dicen los anglosajones lo mismo para el coito que para el comercio.
Y así es que, con esos mimbres, se ha fabricado un cesto en el que cabe todo. Porque todo sirve para el mercado. Hermes, su dios artero, en vez de eliminar a los vencidos, ha hecho lo que todo buen general, convertirlos en bufones a su servicio: lo mismo el Niño Jesús, que los Reyes Magos, que el Cachorro de Triana, por no hablar del mausoleo de Lenin, no son hoy día otra cosa que una excusa para intensificar el mercadeo. Y fun, fun, yo me remendaba, yo me remendé, y la vida fluye a toda mecha.
viernes, 5 de enero de 2018
Capón de Cascajares
Lo que fue, ya pasó. Lo que tenga que ser, será. Y al final, como dice el cómico Mota, nada es para tanto. O todo es nada, como asegura el poeta Hierro. Así, si uno se deja impresionar, se pasa la vida subiendo montañas que, en realidad, son granos de arena. Y, si uno se descuida, el grano de arena se te puede meter entre párpado y esclerótica y hacerte la vida un tormento.
Leo hoy un titular que dice que no puedes separar la belleza de la naturaleza de su crueldad y violencia. Pues sí, así es, que diría Ángel el Proscrito. Qué sería, si no, de la fascinación que produce en sus miles de millones de admiradores esos documentales de animales en los no hay más argumento que el comerse el más fuerte y hábil al más débil y tonto. Una evidencia que el personal nunca se cansa de constatar con la misma delectación que cuando se tira un pedo, que también es una cosa natural donde las haya, por más que el tabú le haya robado la belleza... salvo en el caso de el catalán Josep Puyol, conocido como el Petomano, que era capaz de tocar La Traviata con semejante recurso biológico.
Una evidencia de la que no parece que queramos ser parte por aquello de lo tranquilizador que resulta creer en el Niño Jesús con su capón de Cascajares y todo eso. La inocencia se resiste a sucumbir. Basta para ello alquilar a una buena causa la conciencia de sí mismo. Autoexcluirse de entre los depredadores en definitiva. Y a vivir que son dos días con la única preocupación de esperar a que te digan lo que tienes que comprar para no sentirte bicho raro. ¿Fácil, no?
Pero, bueno, ojo al parche, porque la exclusión de lo literal no excluye lo metafórico. Y hay muchas formas de comernos entre nosotros, más sofisticadas que las del Serengueti desde luego, pero no menos letales. Por eso conviene estudiar, para endurecerse y ser menos apetecible. Cuestión de naturaleza, of course, con su belleza y violencia.
Leo hoy un titular que dice que no puedes separar la belleza de la naturaleza de su crueldad y violencia. Pues sí, así es, que diría Ángel el Proscrito. Qué sería, si no, de la fascinación que produce en sus miles de millones de admiradores esos documentales de animales en los no hay más argumento que el comerse el más fuerte y hábil al más débil y tonto. Una evidencia que el personal nunca se cansa de constatar con la misma delectación que cuando se tira un pedo, que también es una cosa natural donde las haya, por más que el tabú le haya robado la belleza... salvo en el caso de el catalán Josep Puyol, conocido como el Petomano, que era capaz de tocar La Traviata con semejante recurso biológico.
Una evidencia de la que no parece que queramos ser parte por aquello de lo tranquilizador que resulta creer en el Niño Jesús con su capón de Cascajares y todo eso. La inocencia se resiste a sucumbir. Basta para ello alquilar a una buena causa la conciencia de sí mismo. Autoexcluirse de entre los depredadores en definitiva. Y a vivir que son dos días con la única preocupación de esperar a que te digan lo que tienes que comprar para no sentirte bicho raro. ¿Fácil, no?
Pero, bueno, ojo al parche, porque la exclusión de lo literal no excluye lo metafórico. Y hay muchas formas de comernos entre nosotros, más sofisticadas que las del Serengueti desde luego, pero no menos letales. Por eso conviene estudiar, para endurecerse y ser menos apetecible. Cuestión de naturaleza, of course, con su belleza y violencia.
jueves, 4 de enero de 2018
Chévere
Hay un chico colombiano de nombre Miguel Martínez que me tiene fascinado. Se dedica a la pedagogía musical y tiene colgados numerosos vídeos sobre los intríngulis de la guitarra en youtube. Desde luego que a efectos pedagógicos me parecen tan buenos, e incluso mejores, que los de LoremaryluGT, pero lo que me resulta realmente excepcional en él es el dominio del lenguaje. Es una verdadera delicia escucharle: la precisión sintáctica, la prosodia, esos chéveres que intercala como notas de paso. Me pongo a escucharle y se me van las horas. Y supongo que algo aprendo con ello, pero, si no, por lo menos me relajo antes de ir a dormir.
Claro, en el mundo pasan cosas de lo más desagradables, e incluso existen los catalanes para más inri y, si me apuran, tambien feministas, animalistas, socialistas y demás "istas" intentando dar por el saco a todas las horas, pero no nos hagamos los estrechos porque todo eso son pelillos a la mar comparado con la magnitud de las oportunidades de cultivar nuestros espíritus que ofrece la contemporaneidad. Y ya no digo, si encima, has tenido la suerte, que no el mérito como se achacan los tontos, de compartir con unos quinientos millones de personas un idioma con el que se vienen dando al mundo desde hace quinientos años no pocas muestras de los más altos grados de excelencia a los que puede llegar el intelecto humano. O sea, un presente esplendoroso aupado sobre un pasado -un background que le dicen ahora-que no lo fue menos. No olviden que veinticinco años después del descubrimiento de América ya se habían fundado allí las primeras universidades.
Así que, ¡chévere! Y déjense de mandangas porque cualquier cosa que quieran conseguir de las que realmente merecen la pena la tienen, poquito de voluntad mediante, al alcance de la mano.
Claro, en el mundo pasan cosas de lo más desagradables, e incluso existen los catalanes para más inri y, si me apuran, tambien feministas, animalistas, socialistas y demás "istas" intentando dar por el saco a todas las horas, pero no nos hagamos los estrechos porque todo eso son pelillos a la mar comparado con la magnitud de las oportunidades de cultivar nuestros espíritus que ofrece la contemporaneidad. Y ya no digo, si encima, has tenido la suerte, que no el mérito como se achacan los tontos, de compartir con unos quinientos millones de personas un idioma con el que se vienen dando al mundo desde hace quinientos años no pocas muestras de los más altos grados de excelencia a los que puede llegar el intelecto humano. O sea, un presente esplendoroso aupado sobre un pasado -un background que le dicen ahora-que no lo fue menos. No olviden que veinticinco años después del descubrimiento de América ya se habían fundado allí las primeras universidades.
Así que, ¡chévere! Y déjense de mandangas porque cualquier cosa que quieran conseguir de las que realmente merecen la pena la tienen, poquito de voluntad mediante, al alcance de la mano.
miércoles, 3 de enero de 2018
Susceptibilidad
Sostres dice que escribir es meterse en problemas. El Doctor Johnson confiaba en el valor terapéutico de escribir unas memorias personales, pero recomendaba entregarlas a un amigo de la máxima confianza para que las quemase nada más morir su autor. Torrente Ballester, creo recordar, decía que escribir sobre uno mismo y su entorno era miserable, pero, claro, se encontró con la horma de su zapato cuando su hijo Gonzalo sacó a relucir en "Mi Padre" todos los trapos limpios y sucios de la familia. Y, así, podría estar hasta mañana haciendo gala de erudición al respecto sin que ello fuera a servir para sacarme de dudas sobre el qué hacer con las memorias que tengo escritas. Porque es que ya no es como antaño que, una de dos, o un editor pensaba que le podía sacar rendimiento al invento o te gastabas una pasta gansa en editarlas por tu cuenta. Ahora, para gracia, o desgracia, de los aficionados está la autoedición en Amazón. Es cosa al alcance de cualquiera porque no cuesta un chavo, así que ya toda la incertidumbre se coloca sobre si las posibles consecuencias desagradables que pudieran acarrear ciertos aireamientos van a merecer la pena o no.
Sí, se necesita valentía, que es lo que no sé si tengo. Ya, cuando publiqué aquella historia sobre mi pueblo tuve que soportar unas cuantas reconvenciones bastante desagradables. Y eso que sólo saqué a relucir lo más manido. ¿Qué hubiera sido, Dios mío, si hubiese contado todo lo que sabía? Porque de esas historias contadas en voz baja había unas cuantas circulando por allí cuando yo era niño y hacía muy poco que la gente había dejado de matarse entre sí. Pero es que, ya se sabe, todo pasa menos las susceptibilidades a flor de piel.
La susceptibilidad, esa característica de la personalidad que mantiene una relación de inversa proporcionalidad con la autoestima. Hazle cualquier gracia, recuerdale cualquier viejo suceso, dile cualquier verdad a un acomplejado y prepárate para cualquier intemperancia por respuesta. Así son las cosas y conviene no perderlas de vista. Y por eso dudo, porque, si bien en mis memorias a quien he pretendido desmenuzar, hasta la exasperacion a veces, ha sido a mí mismo, también saco a relucir a las personas de mi entorno de las que digo lo que en el momento de escribirlo me parecía lo más ajustado a la realidad. Otra cosa es que lo fuera. Pero ahí ha quedado y quitarlo, o modificarlo, sería hacer trampa.
En fin, y no es que ni por asomo diga nada de nadie que pudiera ir en menoscabo de su honra o dignidad, pero el personal aspira a que el pasado menos glorioso no le persiga y salga a luz cuando menos se le espera. Y así, uno nunca sabe como va a estar la autoestima del posible lector en el momento de verse retratado en lo que fue. Lo mismo que puedes hacerle un favor al ayudarle a reconocerse en lo que es, puedes, también, asestarle un golpe fatal que le deje por los suelos. Arriesgado en cualquier caso.
Anyway, a mí, juraría, me sirvió escribirlas y también, pienso, podrían ser de entretenida lectura para más de uno me conozca o no. Al fin y al cabo es la descripción de una época. Historia en definitiva. Como todas las memorias.
Sí, se necesita valentía, que es lo que no sé si tengo. Ya, cuando publiqué aquella historia sobre mi pueblo tuve que soportar unas cuantas reconvenciones bastante desagradables. Y eso que sólo saqué a relucir lo más manido. ¿Qué hubiera sido, Dios mío, si hubiese contado todo lo que sabía? Porque de esas historias contadas en voz baja había unas cuantas circulando por allí cuando yo era niño y hacía muy poco que la gente había dejado de matarse entre sí. Pero es que, ya se sabe, todo pasa menos las susceptibilidades a flor de piel.
La susceptibilidad, esa característica de la personalidad que mantiene una relación de inversa proporcionalidad con la autoestima. Hazle cualquier gracia, recuerdale cualquier viejo suceso, dile cualquier verdad a un acomplejado y prepárate para cualquier intemperancia por respuesta. Así son las cosas y conviene no perderlas de vista. Y por eso dudo, porque, si bien en mis memorias a quien he pretendido desmenuzar, hasta la exasperacion a veces, ha sido a mí mismo, también saco a relucir a las personas de mi entorno de las que digo lo que en el momento de escribirlo me parecía lo más ajustado a la realidad. Otra cosa es que lo fuera. Pero ahí ha quedado y quitarlo, o modificarlo, sería hacer trampa.
En fin, y no es que ni por asomo diga nada de nadie que pudiera ir en menoscabo de su honra o dignidad, pero el personal aspira a que el pasado menos glorioso no le persiga y salga a luz cuando menos se le espera. Y así, uno nunca sabe como va a estar la autoestima del posible lector en el momento de verse retratado en lo que fue. Lo mismo que puedes hacerle un favor al ayudarle a reconocerse en lo que es, puedes, también, asestarle un golpe fatal que le deje por los suelos. Arriesgado en cualquier caso.
Anyway, a mí, juraría, me sirvió escribirlas y también, pienso, podrían ser de entretenida lectura para más de uno me conozca o no. Al fin y al cabo es la descripción de una época. Historia en definitiva. Como todas las memorias.
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