martes, 15 de diciembre de 2020

Orden espontáneo

Los liberales, según he podido saber, son gentes que muestran un gran apego hacia el orden espontáneo. Están convencidos, porque la historia les avala para ello, de que los seres humanos no necesitan la tutela de las grandes instituciones para organizarse eficientemente. Bueno, un inciso, la historia lo avala todo: en un sentido y su contrario. Dicho lo cual, volvamos a lo del orden espontáneo.  Qu'est-ce que c'est que ça? Se lo voy a decir de forma que no les puedan caber dudas al respecto: en lo que que a la especie humana hace, el orden espontáneo conduce irremisiblemente a la mafia. Porque como sostiene el Oráculo Manual, salvo los dos extremos de la especie, ya sean los semidioses, ya sean los animales, todos los demás necesitan formar parte de una estructura jerárquica para sobrevivir. 

Así, que lo sepan, salvo las dos anómalas condiciones citadas, el destino del común de las gentes es pertenecer a una mafia. Todas, absolutamente todas, las organizaciones sociales, da exactamente igual la vitola que las coloques para despistar, se regirán por el principio mafioso de que el que atenta contra la jerarquía debe sucumbir. Sí, puede que las formas sean algo diferentes, pero en esencia no se distancia un ápice de lo que vimos en El Padrino, Los Soprano y demás joyas del género. En el momento que buscas amparar cualquiera de tus carencias en la seguridad de una organización lo que en realidad has hecho es vender tu alma al diablo. Ya no eres nadie por mucho que lo parezca gracias a los beneficios financieros que suele proporcionar cualquier pertenencia. 

Y no es que yo niegue que hay mafias y mafias. Digamos que las hay que blasonan de regirse por el principio meritocrático frente al de la lealtad. Pero no seamos ingenuos, eso, de darse, dura muy poco porque la praxis pone pronto en evidencia que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. El mérito lleva en su adn el cuestionamiento de la jerarquía, lo cual anula todas sus posibilidades de supervivencia. A la postre, es la lealtad lo único que funciona. O la sumisión disfrazada de lealtad que queda como más digno. 

Así que, en llegando a semejantes conclusiones, el único consuelo que me queda es aspirar a ser dios o animal. Como Jeremías Jonhson, que no sé de cuál de las dos condiciones tenía más. O quizá, medio y medio de las dos. Bueno, también puedo recurrir a Grocho Marx que nunca podría pertenecer a un club que admitiese socios como él. O sea un club que admitiese dioses: un imposible metafísico, en definitiva. 

El caso es que andaba hoy en estas reflexiones después de haber vistos unos videos en los que Peter Hitchens se explaya a gusto sobre el poder omnímodo de las mafias políticas. Nunca el ser humano estuvo sometido a semejante control de todos sus actos. Por así decirlo, ni siquiera el hacer de vientre escapa a la planificación de esas mafias. Siempre hay una cámara observándote no vaya a ser que no tires de la cadena. Bueno, dice Peter que si tuviese treinta años se iría de Londres. Yo, desde luego, de tener esa edad me iría a las Rocosas.  

4 comentarios:

  1. yo,si en las Rocosas hay indias como esa de J.Johnson ,me apunto

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  2. Te cuento:tengo un amiguete al que le gusta ir al Gimnasio a primera hora de la manana,cuando no hay nadie.Hace poco recibió una misiva de la dirección del "Fittness Center" recriminándole que tal día a tal hora había entrado en el Gimnasio y no se había desinfectado las manos,avisándole que a la próxima lo expulsaban.Yo me imagino alguien sentado en su casa,con la vista fija en el ordenador ,controlando lo que hace el personal ,haciéndose alguna pajilla de vez en cuando mirando a las empleadas de la limpieza y pasando así el rato.A esto hemos llegado,Pedro.

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    1. Ya he tenido unas cuantas engarradas por lo de las manos. Yo, como Tito Clint, no consiento que me toquen los cojones. Han montado aquí una superchería que ya solo le falta las quemas de herejes en la plaza pública.

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