jueves, 12 de enero de 2017

Bulerías personales a toda la afición

Uno con los años, por fuerza, se hace economista. La energía empieza a escasear y si te queda algo en funcionamiento por ahí arriba tienes una tendencia innata a usarlo para hacer limpieza. Así es que para cuando te quieres dar cuenta ya te has quedado con las tres o cuatro cosas que en realidad han sido las que han configurado tu personalidad. ¿Y por qué esas y no otras? Digamos que por el querer de los dioses y punto.

El caso es que un buen día salí de casa con la guitarra en una mano y unas señas en la otra. Tomé el metro en dirección a Horta y, allí, a escasos metros de la estación estaba la pequeña tienda de instrumentos musicales de Juan Trilla. Entré y le dije que quería aprender algo de flamenco. Bajamos al sótano donde había tres o cuatro sillas de enea y otras tantas guitarras. Así empezó todo. Empezó a enseñarme y no creo que nunca hubiese tenido un alumno más torpe pero también más interesado. Y nunca, de allí en adelante, dejé de insistir en tratar de aprender algo del asunto. Y así, ahora, que ya casi todo me importa un bledo, sin embargo, mi afición por el flamenco está mas viva que nunca. Y ni te cuento lo que el youtube contribuye a ello. Encuentro ahí cientos de vídeos de gente por lo general más voluntariosa que dotada que quieren enseñarte lo que saben. Y así, insistiendo, es como he ido a dar con un personaje digamos que de leyenda: Payohumberto. 

A mi inmodesto parecer, Payohumberto es la versión anglosajona de Diego del Gastor. Y por eso tiene esa capacidad innata para el histrionismo y la pedagogía de primaria que le faltaba al maestro de maestros. Es posible que se trate de uno de aquellos chavales americanos que enrolados en el ejercito fueron a parar a la base de Morón de la Frontera y allí, en sus horas de ocio, frecuentase las ventas en que solía tocar Diego. Bueno, es sólo una historia que yo me monto para que me cuadren las piezas, porque la realidad es que el toque de Payohumberto tiene unas reminiscencias de Diego inconfundibles. 

En fin, ya digo, sea como sea, lo que quisiera resaltar es la importancia que tiene que de pronto venga alguien de allende los mares a recordarte la grandeza de lo que tienes en casa. Todavía recuerdo yo el desprecio que había en los medios llamados progresistas, por decir algo, hacia el mundo flamenco. Se consideraba la quinta esencia de lo cutre y, por demás, profundamente enraizado en el antiguo régimen. Era la clásica tontería sustentada en los tópicos de casta. Lo guay para aquella gente era el jazz y que a nadie se le ocurriese cuestionar semejante dogma porque automáticamente era expulsado a las tinieblas. Historias para no dormir, en definitiva, salidas del vientre de la ignorancia, el pegamento de las castas. 

Bueno, luego llegó Paco de Lucia y mandó parar. Y más desde que los progres se enteraron de que unos fachas le habían pegado una paliza en plena Gran Vía de Madrid, por unas declaraciones con bastante sentido simbólico que había hecho unos días antes. A partir de entonces se empezaron a notar algunos brotes de reconocimiento, pero muy a regañadientes. Lo que no sabían los progres, por aquello de que pertenecer a algo es andar por el mundo con anteojeras, es que el flamenco no sólo se trata de una música altamente sofisticada sino también una manera de entender la vida directamente relacionada con las más sabias filosofías de la antigüedad clásica. Donde, por así decirlo, el epicureismo y el estoicismo se funden en un abrazo sincrético... bueno, un poco rebuscado, pero ya me entienden. 

Anyway, el flamenco a la postre es lo que todas las músicas cultas. Una juerga flamenca no es en absoluto algo diferente a una suite barroca, es decir el origen de la música orquestal moderna. Un conjunto de danzas con una unidad interna y que comienzan por un tempo lento y van progresivamente lanzándose hasta llegar, ya sea la giga, ya la bulería. Luego claro, a medida que han ido pasando los siglos las armonías se han ido distorsionando a base de meter disonancias. Y así es que lo mismo que te puedes encontrar una Giga Melancólica de Manuel Ponce llena de diabolus in musica, también, si escuchas atentamente, podrás darte cuenta de que hay algo de los Estudios Simples de Leo Brawuer en las falsetas de Payohumberto. Como la vida misma, avance de la propia sofisticación en la medida que interactuas con elementos extraños. 

Ay, qué doló, qué doló/ hiciste la maleta sin deçirme adió. Puro psicoanálisis.     

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