lunes, 30 de enero de 2017

El espectáculo

Hay que reconocer que el Sr. Trump sabe dar espectáculo. Enseña las firmas que estampa como los niños sus dibujos o volteretas: ¡papá, mira lo que hago! La imitación de sus gestos amanerados ya empieza a ser recurrente en los programas de humor. Quizá, me digo, este señor ha venido a hacer verdad aquello de la repetición en forma de comedia de lo que anteriormente fue tragedia. Se ha repetido hasta la saciedad que el triunfo de los fascismos en el mundo fue una reacción al miedo que provocaba el ascenso del comunismo. Igualmente, la marea trumpista puede que no sea otra cosa que la reacción de las masas al hastío que les produce la hipócrita corrección socialdemócrata. No sé, es sólo una hipótesis que me parece plausible. 

Como soy ya muy viejo y he visto tanto no paro de desternillarme estos días con las reacciones que suscita el señorín en cuestión. Son una muestra más del infantilismo con el que siempre reacciona el ser humano cuando le rompen un juguete. O le dicen, ya no tienes edad para seguir jugando a eso y se lo quitan. Nunca nos pararemos a pensar que, efectivamente, ya no tenemos edad y la privación que nos imponen es un favor que nos hacen. No, preferimos aliviar nuestro orgullo herido demonizando al corrector. Es ley de vida que les petits nunca maduremos.  

Ayer lo leía en una entrevista a Pierre Cardin, de 94 años. Dos cosas dijo con las que me identifiqué al cien por cien. Una: el tiempo libre es la muerte. Dos: ese señor no es mi problema. Y no es su problema porque pone los cinco sentidos en no tener tiempo libre. Sigue trabajando en lo suyo, sea lo que sea. Un jodido capitalista que se empeña en seguir vivo.  

En fin, no sé si no debiéramos pensar un poco más en nosotros mismos como causa eficiente de la llegada del Anticristo. Nuestra forma de ser y de vivir, mitad vampiros, mitad muertos vivientes, socialdemócratas al fin de pura cepa. Alguien tiene que venir a zaherirnos para que despertemos a la vida. Pero eso sí, esta vez toca como comedia. 

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