domingo, 22 de enero de 2017

La Rebelión revisited

Creo recordar que uno de los tres curas que echaron su parlamento cuando lo de la entronización de Trump vino a decir algo así como que cada generación tiene que luchar para reconquistar la libertad. Porque la libertad es algo que inexorablemente tiende a perder calidad con el tiempo. No puedo estar más de acuerdo con esa apreciación. Debe de tener que ver con esa cosa freudiana de matar al padre. A la mía, mi generación digo, se lo pusieron en bandeja, con los estertores de un régimen que ya había cumplido su ciclo. Así fue que nos pegamos por la cara un atracón de épica que, a la postre, es el mejor alimento para consolidar autoestimas y poder instalarse después en un conservadurismo castrador que no tiene otra finalidad que dar motivos de rebeldía a la generación siguiente. La verdad es que no sé como habrán ido las cosas. Unos dicen que la épica de nuestros hijos ha sido el botellón y de ahí estos lodos. No estoy convencido en absoluto de que haya sido así. Estos lodos seguramente proceden de la revolución del conocimiento que han protagonizado los mejores de entre estos chicos. Quizá la revolución más discriminatoria de la historia de la humanidad. Porque es un carro que pasa tan veloz que sólo los muy ágiles se pueden subir a él. Efectivamente, han dejado el mundo partido en dos. Miren el mapa de las últimas elecciones en EEUU y se darán cuenta de qué no estoy hablando por hablar. 

Si se fijan, allí donde están los grandes centros mundiales del conocimiento, California, New York, Massachusetts, Illinois, la candidata Clinton se lo llevó de calle. Claro, es muy fácil ser cosmopolita cuando sabes. Con conocimiento el mundo es un pañuelo. Pero explícaselo eso a un proscrito. A él que no le saquen de su querido pueblo. Perros de paja. Sí, me parece que nunca ha estado tan decisivamente decantado a un lado y otro el mundo como después de esta revolución. Alfas y épsilons como previó Huxley. Y no sé si al final la cosa no va a tener otra solución que revisar de arriba abajo el actual concepto de democracia. Porque no nos hagamos ilusiones: por mucho que se invierta en educación los épsilons siempre serán la inmensa mayoría. Una mayoría infeliz porque todavía no se ha inventado un soma eficaz para aliviarles las envidias, rencores y frustraciones varias. 

No sé, pero no las tengo todas conmigo respecto a que al final de mi vida no vayamos a volver a las andadas. Oí a Trump decir no sé qué de Movimiento. Creo que lo mejor que voy a poder hacer es volver a leer La Rebelión de las Masas. A ver qué saco en limpio esta vez.      

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