Energía y conocimiento, dice Pinker, para crear pequeños nichos de convivencia. El resto siempre será desorden porque así lo determinan las leyes de la naturaleza, o de la termodinámica, la dichosa entropía que le dicen. Y es curioso que tenga que venir un nota con prestigio a decirnos con alambicadas teorías lo que todos sabemos por intuición. O por experiencia. Todo lo que hay de bueno en este mundo se lo debemos al estudio y lo demás, lo que hay alrededor, sólo pesadillas. Así es de cruel la naturaleza, una especie de festín en el que los comensales se comen unos a otros. Que no más es lo que contemplamos fascinados en nuestras sobremesas, en esos documentales de la sabana africana, el león que acecha al gamo, todo ello metáfora de lo que siempre está a punto de pasar en nuestros pequeños nichos cuando la energía decae y la decadencia asciende.
Sí, eso es lo que siempre digo, que convendría dejarse de tanta palabrería hueca, llamémosle política, y dedicar todo el esfuerzo mediático a hacer consciente al personal de todo lo que debe a la gente estudiosa. Porque ya está bien de todo ese simbolismo hueco que ensalza valores propios de las especies depredadoras. El futbolista, el cantante de rock, el actor de Holywood y demás mitos evanescentes lo único que aportan es la oscuridad que favorece los sueños destructivos.
En fin, les dejo, que se me va el AVE, ese gran nicho que te lleva a Madrid en hora y cuarto. ¡Cuánto estudio, my god!
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