Ayer, por circunstancias de la vida, tuve que verme con un señor de oficio menestral. Señor y menestral, un oximorón, pero así corre el lenguaje que es la vida. El caso es que éste, lo que sea, sazonaba su manifiesta amabilidad con una especie de cabreo de fondo que, al final, cuando ya vio que las confianzas no le salían caras, se sustanció en un dejarme su teléfono para que viese un vídeo mientras él seguía con sus tareas. El vídeo en cuestión ya me lo había enseñado otra persona hace tiempo, pero me hice de nuevas por pensar que así el oximorón podría sentir la satisfacción del que abre los ojos al que no sabe. El asunto tiene su gracia tal y como está contado por, según el guión, un asistente social para que, así, no puedan caber dudas sobre su veracidad. Se trata del recorrido que tiene que hacer una familia marroquí de cinco miembros para sacar 10000 euros al mes a la Generalidad de Cataluña usando todas las triquiñuelas que permite un sistema imperfecto, que ahí es a donde queríamos llegar. Imperfecto y, sobre todo, tremendamente injusto con los oximorones que al final son los que pagan a tocateja.
Bueno, ya saben lo que gustaba decir mi padre en estas ocasiones, que prevención a destiempo, malicia arguye. Estos señores menestrales, fontaneros, electricistas y tal, necesitan imperiosamente justificar su dedicación más lucrativa que es sin lugar a la menor duda la evasión de impuestos. Y es inútil ponerse a dar explicaciones sobre un hecho tan incontrovertible y más viejo que la humanidad. Ellos defraudan por infinidad de razones, desde que no llegan a fin de mes a lo ladrones que son los políticos. Lo de los marroquís, un paso más allá, la injusticia del sistema. A partir de ahí el camino ya está trillado: que vuelva Franco aunque sea de cabo.
Es tremendo el ser humano, porque al tipo en cuestión no parecía que le fuesen mal las cosas con su oficio de bastante fácil aprendizaje. Pero eso, al parecer, da exactamente igual a efectos de autoestima. Esos mecanismos mentales que no dejan descansar a la rabia. Por el querer más de lo que se puede o cosa por el estilo. Por lo que sea, en fin, que, quizá, por el hombre-masa que sabe de todo sin haber estudiado de nada y que a base de pasarse vídeos de marroquís entre los iguales va afianzando su convicción de que "los de arriba" son unos hijos de perra que sólo quieren joder a la buena gente como él. Y punto.
Inmundo, desde luego, todo esto del cristianismo. Sacó al personal de un sistema de pensamiento exigente que ayudaba a conocerse y aceptarse y lo metió en otro de ideas masticadas que lo convirtió en un vago resentido... con complejo de justificación una vez más.
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