Si no otra cosa, hay que reconocerle a Trump su habilidad para dinamizar la industria del entretenimiento. Y no me refiero a Hollywood y sus archiprevisibles productos sino a los cotidianos telediarios y demás debates televisivos que son los que se llevan la parte del león en lo que a ocupar el ingente ocio de las masas hace. Ahora da gusto colgarse de cualquiera de las generalistas de prestigio mundial porque no cesan de retransmitir el thriller en curso. Espias, putas, lluvias doradas y todo eso. Y de momento estamos en un crescendo que no parece tener fin. Así, puestos a poner título a la serie yo sugeriría "El sobrao". Y el tío tiene como setenta años y está obeso y no le pega un infarto ni na de na. Es como la furia de la naturaleza desatada. Y más emoción todavía por el enorme contraste tras la elegante discreción de los Obama. Un punto aburridos, la verdad.
Claro que, puestos a titular, tampoco le iría mal "El Revulsivo". Por ejemplo, es que no hay algo de razonable en esa actitud fachendosa hacia los mejicanos. ¿Por qué Méjico lindo y querido, un país inmenso y con enormes recursos naturales y humanos no se puede hacer cargo de su gente? Pues no, parece ser que no puede y tiene que mandárselos al vecino del norte a hacer de puta por rastrojo cuando no de camello. ¿No será que quienes tienen que cambiar son los mejicanos? Hacer menos hijos y responsabilizarse más de ellos, por poner un ejemplo. Porque también va siendo hora de mirar las cosas de otra manera, menos amable sin duda, pero, también, puede que más liberadora a la larga.
Con lo del Obamacare, tampoco las tengo todas conmigo. Ocuparse de las pobres gentes sin recursos me parece de perlas. Pero no es esta una cuestión mecánica que se pueda despachar a lo cristiano de base. Nunca se puede minusvalorar el trasfondo de envilecimiento que toda seguridad regalada promociona. Hay que tener en cuenta que un seguro médico cuesta una ínfima parte de lo que la inmensa mayoría se gasta en ocio. Así que tampoco convendría rasgarse las vestiduras porque el Estado emplease la sanidad como un elemento de pedagogía al obligar al ciudadano a elegir prioridades en su propio beneficio y seguridad. En fin, por pensar de vez en cuando, tampoco es que vaya a llegar el fin del mundo.
Luego, todo eso de la deslocalización industrial también tiene su miga y tarde o temprano se irá resolviendo de una manera u otra que seguramente será la homogeneización de los salarios en el mundo. Porque si tanto nos estamos calentando no se puede negar que hay un fondo de irracionalidad en esa monstruosa industria del transporte. Consumir lo que se produce cerca parece lógico, pero, claro, las cosas son un poquito más complicadas y hay que leer un poco más a Adam Smith para no aventurar opiniones al respecto a la primera de cambio. Las reglas del comercio, como los designios de dios, son inexcrutables incluso para Trump que, por otro lado, supongo habrá oido hablar de Smith.
Y así, entre unas cosas y otras este hombre está generando un exceso de irritación en sectores lo suficientemente poderosos como para provocarle grandes dolores de cabeza. Ayer ya escuchaba a los tertulianos de Washington aventurarse por los escurridizos terrenos del impeachment. Tampoco descartaría yo un tiro perdido a la vuelta de una esquina. Y adivina luego quién te dio...
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