miércoles, 11 de enero de 2017

Sobrevaloraciones

Nos pasamos la vida opinando de esto y aquello sin tener apenas información. Sabemos tres o cuatro cosas de lo que sea y, ya, con ello nos aventuramos a emitir un juicio. Algunas veces incluso un juicio rabioso, como si no tuviese vuelta de hoja. Claro, todo ello es simplemente una mezcla de ignorancia, falta de inteligencia y por supuesto de memoria. Por Dios, con lo fácil que sería tener en cuenta la cantidad de veces que hemos errado el tiro para ser más prudente a la hora de disparar. Pero no hay que hacerse ilusiones: la experiencia acumulada nos indica que la inmensa mayoría de las opiniones que se emiten están condicionadas, si no al cien por cien, casi, por el wishful thinking, es decir, por nuestras filias y fobias. Debe de ser uno de esos mecanismos que dispone la naturaleza para apuntalar nuestra inestabilidad congénita. 

Digo esto porque estos días que corren se oyen, o se leen, por ahí opiniones y artículos sobre Obama y Trump que parecen sacadas de disputas adolescentes en las que es sabido que el termino medio, por definición, no existe. Personalmente, el Sr. Obama me cae bien. Para empezar nunca le he visto en esa texitura tan presidencial que consiste en dejarse filmar mientras se acaricia a un perro. Y otro montón de gestos por el estilo. Así, por el material que dispongo sobre él, pienso que es el Presidente más elegante de todos los que he conocido. Después, sobre su acción de gobierno, bueno, las cosas no parece que vayan muy mal en su país ni tampoco en el mundo. Hay por ahí unas cuantas peleas de taberna bastante desagradables, pero en general los charts sobre la evolución del mundo parecen indicar un sesgo francamente favorable. 
Sin embargo, soy absolutamente consciente de que apenas sé cuatro cosas sobre ese señor y que con ellas no puedo ir más allá en mis opiniones que lo que brota de mi sentimiento. 

Por su parte Trump, me inspira una curiosidad casi malsana. No sé si es simplemente un pillo, un peligroso mesías, un venado cerebral (oximorón)... aunque me inclino a pensar en un tendero agresivo. Alguien, en cualquier caso, que promete mucho espectáculo, lo cual, según se mire, puede estar francamente bien porque esto se estaba poniendo ya de un aburrido casi suicida. Hemos venido tragando estas últimas décadas demasiada quina socialdemócrata, esa medicina que deja los encefalogramas planos. Que venga ahora un tipo y les diga a los actores de Hollywood, quintaesencia del buenismo, que están sobrevalorados no puede sino alegrar el espíritu de cualquiera que conserve un ápice de actividad cerebral. Y así un montón de salidas de pata de banco de cariz provocador que sólo a los tontos pueden indignar. En cualquier caso lo que de verdad cuenta es una biografía francamente epoustuflante. Tantos éxitos y fracasos y vuelta a empezar. Un tipo que no se rinde, sin duda.  

Esperar para ver, en cualquier caso sólo la espuma de los días. Porque todo eso de lo que creemos enterarnos sólo es espuma. Una valla para contener a los sudamericanos sólo es una quimera que llena millones de páginas informativas. Esa continua creación en el secretismo de los centros de investigación es la real sustancia de la que se compondrá el futuro. Y no hay más que eso, espuma sucia por encima y aguas inciertas por debajo. Lo que vemos y, sobre todo, lo que no vemos que, por supuesto, es lo verdaderamente interesante. Así que... me voy al super.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario