viernes, 20 de enero de 2017

Píctima y confortativo


"Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

—Con todo eso —dijo Sancho— que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte docientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como píctima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere, que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen."


Siempre tengo a la vista en el armario de la memoria este parlamento entre dos concepciones de la vida tan antitéticas como complementarias. La una sin la otra y no fuera posible entender algo del mundo. Le revisité ayer cuando, mientras sesteaba, vi por la tele a Melania Trump y creí oírla que decía desde un atril puesto al efecto que, a partir de mañana, por hoy, volveremos a ser libres. La verdad, me quedé un poco de piedra por la osadía, pero, por otra parte ya sé que esta gente viene pegando duro en lo que al lenguaje hace, que en lo demás, esperar para ver. Porque anda esta familia Trump en plan "las bodas fueron en Burgos, las tornabodas en Lara" olvidando de puro satisfechos que están de sí mismos que por el camino, en Barbadillo del Pez, por un incidente de nada empezó a armarse la tragedia. Y es que hay que ver lo susceptibles que se vuelven los colmados de ufanía. 

Melanía sin duda es una tocha, como lo era Hitler, el mierda ese de la coleta, y todo el demás montón de indeseables que buscan imponerse por el simple procedimiento de ir por los pueblos vendiendo la pócima curalotodo. Ese confortativo que rápidamente se ponen sobre el pecho todos los Sanchos para lo que se pueda ofrecer, pero sobre todo para eximirse de toda responsabilidad sobre los propios males, que ahí es en donde más duele si se toma conciencia de ello. 

Siempre, al respecto, digo yo, ha sido igual el mundo. Al que esta mal consigo mismo le importa un carajo la libertad. Lo unico que quiere es la pócima sagrada. Y que maten al señorito que se está interponiendo entre su sufrimiento y su remedio. Y nunca ha faltado, ni falta, ni faltará, el listillo de turno que dice que él sabe donde está la pócima y como matar al señorito que la tiene secuestrada. 

Porque esa es la cuestión tremendamente desmoralizante, la enorme cantidad de desgraciados que se arrastran por el mundo. Y no porque a la mayoría de ellos les falte el sustento, no, es por algo más existencial, por la puta autoestima que no quiere caer del cielo. Uno lo puede comprobar fácilmente con los instrumentos que nos aporta la contemporaneidad: cojan, agarren y váyanse a husmear por entre los foros que se suscitan por las más diversas noticias. No les costará comprobar que por cada intervención racional hay diez cargadas de odio y estupidez. Animalistas, feministas, ecologistas, churrigueristas, el sujeto de su obsesión es lo de menos, lo importante es que todos coinciden en lo mismo: su alivio pasa por quitarte a ti la libertad. 

Ya lo dijo Lenin: ¿Libertad, para qué? Pues hombre, le contestaría yo, para comer asado de perro si es que así me apetece. Y que nadie me venga a dar el coñazo después. O es que no está en la ley de Dios que unas especies vivan de comer a las otras. ¡Anda pa ya con tus pócimas y déjame que me envenene con la mía!

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